jueves, 17 de marzo de 2016

El que la sigue la consigue.

Todo al final se resume siempre a tener suerte. Y la suerte, pues a veces te viene y a veces no te viene. Pero hay algo de lo que no hay dudas: la suerte hay que buscarla. Puede parecer un comentario muy estúpido, pero aplicado a la práctica pierde la estupidez. La vida es más dura que el turrón, y hay mucha gente que se rinde a las primeras de cambio porque las cosas no les sale como espera o porque directamente las cosas no les sale.

La experiencia me ha enseñado que para conseguir que la vida te dé cosas, hay que estar ahí, hay que trabajar siempre, hasta cuando las cosas no te salen, porque al final te acabará saliendo, y yo precisamente no soy el ejemplo de una persona optimista. Yo que quiero ser periodista por ejemplo, y tengo los horarios que tengo, tengo que aguantarme todos los viernes por la tarde viendo cómo cuando la gente va vestida apunto de marcharse de fiesta yo voy camino a la facultad, y en clase no llegamos a ser la mayoría de los viernes ni diez personas.

Tener suerte tampoco es fácil, ojo. Puede llegar a ser algo bastante complejo, una apuesta de todo o nada, pasar de cero a cien o tener que elegir entre pastilla azul o pastilla roja. Y para tener suerte, además de trabajar hace falta otro pequeño acto: creer. Si no crees no vamos a ningún lado, y si no crees por mucho que quieras luchar por conseguir algo no lo vas a conseguir.  Creer no es simplemente proponerte algo y conseguirlo. Es sacar fuerzas de donde no las hay, creer en algo en lo que nadie va a creer y en lo que poca gente va a apoyarte.


Y el que la sigue, la consigue, aunque parezca que por mucho que la siga ni la huela, los únicos capacitados para poder suicidar a nuestros sueños somos nosotros mismos.