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sábado, 5 de noviembre de 2016

Exnganchados

Es complicada la vida después de dejarlo con una persona si con ella se ha creado un vínculo. Las relaciones son así: llegan a tu vida, revolucionan las cosas y poco a poco se crea entre los dos una conexión que nadie es capaz de entender: esas sonrisas estúpidas que soltamos cuando hablamos por móvil y dicen algo que nos hace reír, esa infinidad de locuras que hacemos con tal de sorprender a otra persona y mantener, avivar y aumentar la magia… Pero esto es así: gracias a esa persona te tiras viendo el sol y teniendo calor y de repente las hojas de los árboles se caen, llega el frío y te resfrías.

Complicada porque nos acostumbramos a la revolución que se ha creado, y casi no sabemos vivir cuando esa magia revolucionaria se pierde. Sabemos que la vida sigue y continua, pero es algo tan costoso que al principio no hacemos más que mirar de reojo al pasado, buscando explicaciones a lo que ha pasado y pensando qué habrían pasado si las circunstancias fueran otras.

Reconozco que en mi caso yo no soy una persona fácil, más bien compleja. Soy muy introvertido y me cuesta mucho hablar de todo aquello que siento en mi interior, a veces por ese carácter mío y a veces porque no me entiendo ni yo. Por ello, es muy complicado rozando lo semi-imposible que yo llegue a tener esa conexión que decía en el anterior párrafo con alguien. Por esa forma de ser introvertida mía y porque no llego a sentir interés de verdad por el carácter de nadie. Por ello, cuando esa conexión se da, es algo que se puede llegar a convertir en algo de mayor resistencia que el diamante. 

Puede que tenga razón y que la tenga muy idealizada: pero lo digo de verdad, nunca he conocido a una persona tan buena como ella, tan generosa, tan valiente, tan preocupada por los suyos… Puede que fuera yo quien no la mereciera, o viceversa como dice ella. Y de verdad, ella es un auténtico tesoro. Ojalá hubiera en el mundo más gente con ella en vez de tanto egocéntrico con mucha falta de humildad que quiere imponer sus ideas sin escuchar al resto. 

Yo intento mirar hacia delante, y ella también: pero a la hora de la verdad, ninguno de los dos somos capaces de dar el paso de pasar página y no volver a mirar hacia detrás hasta que haya pasado un largo periodo de tiempo, aunque los dos realmente si nos quitásemos la venda de la inseguridad de los ojos, nos daríamos cuenta que estamos mucho más cerca de conseguirlo de lo que creemos.

viernes, 2 de septiembre de 2016

La musa que nunca conoció Van Gogh.

Nos conocen como los más locos de la ciudad porque somos dos cabras locas que han soltado por la calle. Porque nos ponemos tan tibios de cerveza con limón en la Gran vía que volvemos haciendo curvas en las rectas y hacemos rectas en las curvas. Porque tus risas se escuchan con tal volumen que levantas a los vecinos y se preguntan a qué se debe tal escándalo.

La gente nos mira mal, como si fuéramos desequilibrados mentales… Y con razón, pues ni yo tengo tu número para volver a llamarte ni tú sabes mi nombre. Yo sé que volveremos a encontrarnos. Pasa en las películas y tú eres más un personaje de película que alguien real. Pero me siento tan en paz conmigo mismo cuando estoy contigo. Es algo que no se puede explicar, no hay colores ni cuadros de Van Gogh que expliquen la paz que siento en mi interior cuando nos encontramos por casualidad en cualquier rincón minúsculo del mundo. Eres como un antídoto que elimina de un suspiro todas las cosas malas que vive el mundo. Con ese soplido te llevas por delante el hambre, la violencia, las discusiones estúpidas de pareja sobre qué ver en la televisión.


Y, amor platónico, antes de que te vayas y de que te esfumes en cuanto veas la primera seña de que el amanecer ya ha llegado te quiero pedir un último favor: róbame el sueño esta noche. Quítame las ganas de dormir y dame todas las ganas de bailar, de reírnos de esas comedias románticas en las que todo siempre acaba saliendo bien. Quédate, cenemos pizza y que sobren trozos para que tengamos algo para desayunar junto al café. Quédate despierta hasta que caigas rendida boca abajo en el sofá desnuda. Cuando eso ocurra, sabré que no hay ningún cuadro de Van Gogh que lo explique pero sí eres la personificación de La noche estrellada, tu espalda es París, y tus lunares son las estrellas. 

domingo, 27 de marzo de 2016

El beso.

Todos los días era lo mismo. Él la esperaba en el sótano de su casa cinco minutos antes de ser las ocho de la tarde. Él sabe que ella no va a estar ahí, ni siquiera va a estar allí cuando sean en punto. Ella, juguetona como ninguna, aparecería cuando el número fuera capicúa: Las 20:02 horas. Él mira el reloj todos los días desquiciándose porque no le gusta que le hagan esperar, pero sabe que allí aparecerá, a sus espaldas en el sótano. Es capaz de reconocer quién es porque cuando ella llegue, va a colocarse a sus espaldas, e intentará asustarle soplando su nuca cuando esté a un paso de él. Y sabrá que es ella porque ese soplido seguirá teniendo sabor a café.

Cuando ambos sin mirarse sepan de la presencia del otro, será él quien pulse el play del equipo de música, y empezará el tango: “Si un mar separa continentes, cien mares nos separan a los dos”. Y cuando él se gire, se encontrará de golpe con ella, que pondrá una sonrisa, y le mostrará sus manos para que él las agarre y comiencen a bailar, mientras el tango no para de sonar con esa melodía juvenil cual dos niños corriendo traviesos por el parque. “Que en esta canción, derrite mi voz, así es como yo traduzco el corazón”.

El baile comienza. Y ambos comienzan a moverse por toda la habitación de forma lateral, con sus manos agarradas con toda la fuerza que les permitía su pasión, sonriéndose hasta que él le susurra el estribillo del tango: “Me llaman loco por no ver lo poco que dicen que me das, me llaman loco por rogarle a la luna detrás del cristal, me llaman loco si me equivoco y te nombro sin querer, me llaman loco por dejar tu recuerdo quemarme la piel...Loco, loco, loco, loco, loco”. Ella sonreirá y su cara se pondrá colorada, tan colorada que intentará callarle con un beso, pero él llegará a tiempo para separar una de sus manos y colocarle el dedo índice en sus labios como señal de silencio.





Pero ya no estarán pendientes del baile. Ella estará ya tan perdidamente enamorada que de un empujón le tirará al suelo, ella se caerá encima de él, morderá su labio por unos instantes y luego ambos seguirán bailando y dando vueltas por el parqué. El tango, que parece menospreciado y en un segundo plano, sigue pidiendo que le hagan más caso: “Pero si yo pudiera darte el beso sabrías como duele este amor”.







Ambos estarán allí, rodando juntos por el suelo, besándose, acariciándose, desnudándose, y escuchando tangos  hasta que ella se tenga que ir cuando la luz del sol aparezca por la ventana del sótano. Ella se marchará, pero antes de irse ella promete que volverá por la noche, y quedarán a la misma hora. Y cuando ella abra la puerta para irse, pronunciará su nombre, y dirá la última frase del tango, que ha vuelto a sonar de nuevo: “Para mi locura no existe una cura que no sea tu boca que abre el mundo que yo derrumbo si te marchas sola”.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Ayer le hice el amor a la música.

Ayer le hice el amor a la música. Llevaba su siempre sensual vestido azul que adorna la triste llegada de septiembre con sus hombros desnudos y su cremallera casi cerrada. Se lo hice largo, romántico en circunstancias duro y fuerte bajo un ritmo vertiginoso, y en otros instantes bajo la dulzura de las mejores baladas. Se lo hice a capella, saboreando el placer de sus gemidos, saboreando los celos de la literatura, de las musas de las Rimas de Bécquer.

Ayer le hice el amor a la mujer más preciosa, pero al mismo tiempo a la mujer más difícil de todas. Ayer supe que su locura transitoria es la locura ideal para romper la cordura que todos llevamos en nuestro interior. Ayer sus besos me ponían la piel de gallina como la primera vez que escuché a Queen, y sus caricias tenían la misma suavidad que la voz de Michael Jackson.

Ayer le hice el amor sin parar, hasta quedarme exhausto, hasta alcanzar la mayor sensación relajante durante el orgasmo. Ayer me sentí en exclusiva el dueño de su cuerpo y alma. Ayer fue el primer día en que simplemente me limitaba a disfrutar del momento, a cerrar los ojos y relajarme. Ayer le hice el amor a la música, y de la misma manera que ella me entregó su cuerpo, yo le entregué el mío.

Ayer le hice el amor a la música, y abusé tanto de aquella droga pegadiza, se me olvidó decirle cuando se marchó que quería repetir, y volver a hacerlo todos los días. Se me olvidó decirle que todos los días quiero conquistar su cuerpo, igual que los Beatles conquistaron Europa, igual que Orfeo conquistó a Eurípide. Ayer le hice el amor a la música, tras emborracharla con cervezas y tequila, tequila que saqué de sus labios. ¿Qué más da si son venenosos si cuando los rozas rejuveneces? 
Ayer le hice el amor a la música.

sábado, 6 de septiembre de 2014

El canto del Loco.

Esta mañana me levanté en la cama de La madre de José. Recuerdo que cuando nos encontró me dijo “Eres un canalla, y Desaparece, que solo espero no volver a verte.” En cambio, su madre no podía parar de decirme: “Vuelve”. Al mirar a sus ojos pensé que era La suerte de mi vida, pero al mismo tiempo me sentí melancólico, como en Una foto en Blanco y negro. Decidí vestirme rápido, ponerme las Zapatillas y buscar Una salida para ir a por otros Besos, aunque todo fuera A contracorriente en mi vida. No pensaba en que Nada volverá a ser como antes, simplemente salí a comerme el mundo pensando en Volver a disfrutar.

Volver a disfrutar para borrar Un millón de cicatrices que tengo guardadas dentro de mí, por culpa de lo Caro que es el tiempo. Volver a disfrutar sintiendo vivo mi Corazón, sin pensar en qué pasará Y si el miedo me coge, y quiere jugar conmigo solo. Llegué a Madrid con la sensación de que Llueve en mí, pero en realidad todo Son sueños. Nada más llegar, recordé la última frase que dijo antes de marcharme: “te recuerdo”, y el Súper Héroe que llevo dentro de mí hizo Crash. Me hice muchas preguntas y me asaltó el sentimiento de No quiero nada, y me puse con un Estado Lunático hasta rozar lo Insoportable. Pronto me volví a sentir bien, y pensé: “No voy a parar, voy a estar Siempre cerca, Como un perro ladrando.”


Cuando llegué a Sol, la vi Sentada en esta vida, con sus Siete vidas. Su nombre era Acabado en A. Me recordó mucho a La chica de ayer, aunque no se llamara Soledad. Nuestro Cruce de caminos me volvió loco, tanto que me sentí como El Pescao que necesita que le dejen nacer para reinventarse. Puede ser, Como dice el aire, que Todo lo hago mal, pero le dije que “Quiero aprender de ti, hacer de ti la persona Gigante a la que amo, y que me digas “Eres tonto, yo te quiero Tal como eres, y Contigo quiero bailar toda la noche.” Entonces Peter pan me avisó: “Eh tú, las Personas no son eternas, así que Entonces dile Gracias a La vida por todos los días que Como dice el aire, quiera Vivir a ras de suelo. Piensa que la vida Será un Fin de semana, en el que jamás sentirás el deseo de decir ‘Despiértame’.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Agosto.

Cuando me tiran al suelo y me derrumbo, soy una persona muy difícil de levantar y ser capaz de recordar sus puntos fuertes. Pero llevo un tiempo en el que cada vez que me han tirado o me he tropezado, tú has sido la primera persona en darme la mano, coger, levantarme y recordarme que sea fuerte. La primera en recordarme que intente tapar mi inseguridad, que intente tener una mirada penetrante y profunda, que haga de mí una persona segura. Que recupere aquella mirada con la que logré traspasar tus ojos para llegar al corazón, aunque sean unos ojos marrones, que con el tiempo han perdido el brillo de la ilusión para contagiarse de un tono melancólico y triste.

Sin embargo, de la misma forma que eres la primera en coger y decirme que sea fuerte, también sé que vas a estar ahí todos los días. Los días en los que todo salga de maravilla y los días en los que no dé pie con bola. Sé que vas a estar ahí para recordarme que estoy sacando adelante mi vida, sin tener apenas convicción en mí mismo, y que eso es algo que no todos pueden decir. Estarás ahí para recordarme que aunque sea alguien más torpe y con muchas más dificultades que el resto para hacer muchas cosas, estoy ahí, haciéndolo quizás a la segunda o a la tercera vez pero intentándolo, sin darme nunca por vencido. Tú me has enseñado a que cuanto más hablen de ti, más motivación para cerrarles la boca hay. Tú me has enseñado a comprender que en esta vida tendré mucho más éxito si sustituyo en mi lema de vida la palabra ‘paz’ por ‘guerra’.


Sé que estarás ahí, por mucho que yo sea un ser humano que nada tiene que ver con la decencia, y que quizás en otra sociedad ahora mismo viviría en la cárcel por revolucionario u otros delitos, pero tengo algo que te hace volverte loca por mí, que te hace oler mi perfume y sentir ganas de devorarnos y hacer el amor, durante todo el invierno.

miércoles, 30 de julio de 2014

Primavera en Estocolmo.

Son las seis. La aguja pequeña acaba de clavar su punta en la segunda mitad del reloj. Como siempre llegas tarde. Eres como las demás, impuntual. Pero de la misma manera que eres impuntual, eres cabezota como la que más. Nunca quieres salir a tiempo porque quieres ponerte guapa. Quieres llegar a sentirte la reina de la ciudad exclusivamente para mí.

Aprieta el viento de levante, y siento que ya estás llegando. No te veo, pero desde la lejanía se huele tu perfume. Treinta taconeos más de tus pequeños pies y estaremos juntos. Cuando estamos en una baldosa, en vez de saludarme prefieres sorprenderme con tus manos, las cuales subes hasta mis hombros. A continuación las mueves hacia el centro, hasta tocar mi cuello, y en ese instante dejas caer el dedo índice por toda mi columna vertebral. En menos de una milésima de segundo mi piel se vuelve totalmente un caos, y no puede parar de sentir un dulce escalofrío que pone los pelos de punta a cualquiera. Mientras tanto, con tu boca besas dulcemente el lateral de mi cuello. Es tu señal de identificación, es y será siempre tuya.

Junto a ti traes a la primavera a Estocolmo, donde todavía hace un frío arrollador, e incluso de vez en cuando niebla. El remedio para hacer frente a este clima gélido eres tú. Eres ese té, café, o chocolate caliente perfecto para combatir el frío. Estocolmo es una ciudad caprichosa en la que aunque muchos días salga un enorme sol, siempre acaba imponiéndose el frío. Yo prefiero en ese sol que tienes en tu sonrisa, ese sol que nunca descansa, que sigue en pie ya sea por la mañana que a la madrugada.


Mientras los trenes van y vienen como los amigos, nosotros seguimos allí, en ese banco que se apoya en la columna. Allí te agarro del pelo con cuidado para besarte. Y besarte, y besarte, y no parar de besarte. Comernos a besos durante el día. Comernos de besos a pesar de que el sol se vaya a las seis de la tarde. Comernos de besos aunque pierda dos o tres trenes más. Comernos a besos. Hasta la próxima vez. Siempre hay una primera vez, pero nunca hay una última vez.

lunes, 14 de abril de 2014

Mi pequeño teosoro.

Dime por qué me odias y te diré por qué te quiero. Dime qué es lo que más te enrabieta de mi persona y te contestaré con aquello que me vuelve loco de ti. Y no te lo diré con la voz, te lo dibujaré en un folio cualquiera en el que, cuando le dibuje tu mirada, ya será lo mejor que haya hecho jamás.

Te dibujaré en el río, con la luz de la primavera que entra por el fondo con tantas ganas o más de las que tengo yo de darte calor cada día. Plasmaré el el papel tu cuerpo en la orilla del río, rodeado de lluvia de rosas que caen desde el cielo sevillano al alba. Tus labios serán tan juguetones con en la vida misma, mientras tus mejillas estarán maquilladas tan sútilmente como tú solo sabes hacer.

Lucirás tu jersey verde, y éste permitirá asomarse con cierta tímidez a tu irresistible clavícula. Habrán muchos dibujos a lo largo de nuestra vida: deportistas, músicos, amigos... Pero ninguno llegará a ser tan inmensamente bonita como lo eres tú. Tus ojitos verdes serán más profundos que incluso el río, y serán capaces de atravesar el mundo entero. Será un dibujo hecho a lápiz, que la vida va a ir coloreando con cada día que pasemos juntos.

Será un dijo duradero que permanezca en la eternidad, y que ningún desastre natural va a poder destruir.  Lo voy a calcar todo de ti con máxima precisión, y le voy a poner esa sonrisa tuya que le regalas a todo el mundo, ese que te juzga, y ese otro mismo que te adora. Te voy a pintar, porque a mí esto de decir sentimientos se me da mal, y aquella es la única manera que encuentro de hacerte feliz. Dime por qué respecto a nosotros mismos encontramos tanto asco y odio irrepudiable. Escúpeme con toda tu ira y te besaré con todas mis ganas.

Déjame sorprenderte, vendar tus ojos, que al final te vas a enamorar. Y cuando te enamores, la primavera reinará tus pies.

lunes, 17 de febrero de 2014

El último regalo de San Valentín.

El escritor en la oscuridad buscaba el encuentro con la mirada de su misa, a la cual imaginaba totalmente desnuda en una madrugada cuya única luz fue la de una pequeña vela encendida de repente, encendida con toda su ternura. Ambos, completamente vacíos de vestimenta, se rodeaban al rededor de ella. Él cerraba los ojos, sintiendo el dulce contacto entre ambas pieles.

La imaginaba escribiendo poemas sobre su espalda, y finalizando en sus costillas para crearle un cosquilleo. Aquella especie de Campanilla, se convirtió en la balanza que equilibraba todo: lo que separa el cielo del infierno, o el éxito del fracaso. Buscaba una y otra vez sus labios, jugando a decirle palabras con su boca. Mordía tanto su cuello como su labio inferior con mucha intensidad, pero al mismo tiempo con el temor a dañarla. Ella callaba y aceptaba la sumisión por miedo al cabreo del poeta.

Aquella imagen no se caracterizaría por su amor, pero por el contrario sí lo haría por la pasión que desprendían. Es como si cada vez que se quedaran sin respiración escribiera un nuevo verso, teniendo como puntos a sus lunares. Él empezó a gemir intensamente cuando cerraba de nuevo sus ojos y ella de manera tímida acariciaba su cuello, intentando imitar sus mordiscos. Él se notaba muy excitado, y, sus manos, repletas de placer, querían juguetear con su sujetador azul, tocar sus pequeños pechos.

También la musa obedeció sus órdenes, dichas con el silencio que los gestos cariñosos comenzaban a crear. El sol empezaba a asomarse por el este, y la musa, coqueta, de la misma manera que llegó en la plenitud de la inspiración del poeta, se marchó de su mente. Se fue con su poema, escrito en sus espaldas, con su sinceridad, con su pasión, llevándose además el arte que crea al escritor con sus poemas dorados.

La única huella que dejó fue la marca de su pintalabios en su mejilla. Con la triste y cruel realidad de que besaba al aire, al aire de la fantasía. Porque ya no respiró más. Ya no respiró más tras escribir todos esos poemas con aquella pintura roja. Con aquellla pintura roja abundante que salía tras abrir sus venas con una navaja, la misma navaja que recreó su último y más fantástico orgasmo.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Sentí.

Su cuerpo es como una casa:

Su pelo rubio e irradiante lo comparo con el impresionante atardecer de una tarda cualquiera de verano. Cuando lo lleva liso ronda la dulzura perfecta, y cuando lo lleva un poco más encrispado y alocado, es brutalmente bonito, pareciéndose mucho a una cortina, la cortina que da paso a su cara, a sus mejillas y sus ojos, a sus grandes pestañas y pequeños labios.

Cuando apartas su pelo tranquilo con tus nerviosas manos, te encuentras allí con sus mejillas rojizas y coloradas, acompañando a sus pintadas y enormes pestañas azules, que viven rodeando sus ojos, que reflejan al igual que hacen las ventanas, el estado de ánimo que nos rodea a las personas. Pero lo más importante de su rostro vive debajo de todo ello, en ese lugar donde se encuentra el timbre y el despertar de su voz y su sonrisa, respectivamente.

Es relativamente normal que cuando llegues a su rostro, a sus labios, te sientas infinitamente inferior a ella, y no la beses por miedo a que te rechace. Pero en la intimidad, pienso que daría lo que fuere por ser el primer sello de su nuevo pintalabios. Tras descender un poco más por su cuerpo y colocarme detrás suya, acaricié con el dedo índice desde su primera vértebra hasta su zona lumbar, parándome y besando con todo el cariño del mundo aquellos lunares que habitan en su cuerpo.

sábado, 19 de octubre de 2013

Orgasmos cortos.

No seré yo el que levante la voz para decir que fumar o saltarse las reglas sea algo malo desde un punto de vista ético. No. No, por el simple hecho de que entiendo perfectamente esa necesidad de adrenalina, esa sensación de pasar de 0 a 100 en pocos segundos.

Lo entiendo, porque siento ese impulso al hablar con ella, al mirar sus ojos color océano. Lo entiendo, porque con ella mis hormonas se disparan, creando una tensión sexual que despide momentánea la parte romántica y dulce que hay dentro de mí, despertando a la fiera salva,e y picaresca que reside dentro de mis boxers. Lo entiendo, porque siento la provocación en su mirada, y siento las ganas de morderle sus labios carnosos mientras ambos morimos de placer.  Lo entiendo, porque ella alimenta mi placer de forma adrede, o no, cuando se rasca su espalda, dejándola desnuda, y la sombra mezclada con mis brazos hacen que un ángel vuele sobre ella. Lo entiendo, porque cuando gemimos a nuestras anchas al aire libre después de habernos fumado varios porros, lo hacemos con una de las mejores sonrisas placenteras. Lo entiendo, porque cuando ella llega al orgasmo yo siento que tanto placer me va a dar un infarto. Lo entiendo, porque con ella aprendí a descubrir que el sexo con amor se basa en un puro sentimiento, y que el sexo sin amor, es aquel basado en un "aquí te pillo, aquí te mato, vamos a comportarnos mal hasta sobrepasar los límites."

domingo, 6 de octubre de 2013

Smoking love

Esperó a que la burbuja de humo de la cachimba desapareciera para aparecer entre aquel humo con saber a fresa. La esperaba con beso dulce y sincero, despejado de complejos e inquietudes. Un beso con tanta claridad como el azul revuelto con verde de sus ojos. Ella con su risa evaporada en humo no esperaba aquella caricia de mis labios. No quería regalar la dulzura de sus labios a cualquiera. Él había conquistado su tímida sonrisa ganando su confianza en esas gélidas tardes otoñales que recaían sobre los domingos.

Ella, siempre empeñada en la idea de no querer dejarse llevar, cuando estaba con él todo iba sobre ruedas, se soltaba el pelo y se dejaba llevar entre esas rachas de viento. Consiguió hacerla valorar todo aquello de sí misma que odió en el pasado. La amó de una manera tan valiente que acariciaba su colgante como si fuera su pecho, anestesiando su dolor con abrazos.

Harta de tantísimas noches preguntándose dónde estaba su sitio en el mundo encontró la respuesta en los brazos de él. Él era el paracaídas que evitaba una y otra vez su caída al precipicio. Como el cigarro de chocolate que contagiaba su risa, se soltaba la trenza de su coleta de color moreno natural de una forma tan sensual, como si fuera la bufanda más sensible de acariciar. 

El humo seguía expandiéndose por esa habitación de persianas bajadas, con el sol enrojeciéndose antes de llegar las estrellas acompañando a aquella bola blanca repleta de pecas llamada luna. La besó por segunda vez, y se desposó de su reloj, quitándose a continuación el jersey. La cachimba todavía tenía cuerda para rato, pero ya pasó a un segundo plano.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

"Suspira conmigo."

Mientras escribía tumbado en el sofá, me quedé dormido con el ordenador acomodado entre mis muslos, y recordé aquella tarde con ella: esa tarde de agosto con un aire frío típico de octubre, rodeado todo por un cielo encapotado.

Ella sabe que a mí no me gusta el contacto físico, que no soporto darle dos besos a alguien porque siempre lo hago mal, que cuando le doy la mano a alguien lo hago de forma endeble. Pero con ella apenas me temblablan las manos, era la primera persona que me hacía sentirme tan seguro de mí, de lo que hacía. Era la primera persona con la que fui capaz de ser un libro abierto. Recuerdo que estábamos viendo una película con las persianas bajadas y combatiendo el frío con dos mantas. En un momento determinado ella giró su cuello apoyado en mi clavícula para comenzar a regalarme besos cortos, con un mensaje corto y claro susurrado en mis dañados oídos: "quiero hacerlo." Recuerdo que tras ello nos reímos, como si no hubiera ocurrido ningún sonido, pero recuerdo que ella comenzó otra vez a besarme de manera corta y concisa, mordiéndome suavemente los labios, sabiendo que quería más. Me hizo levantarme del sillón y ahí comenzaron a mezclarse besos cortos y traviesos con largos y apasionados, empezando a desabrocharme la camisa entre medias. Tras ello, comenzaba a acariciarle el cuello con mis labios, creándole como consecuencia un cosquilleo liso. Tras ello le quité su jersey de cuello alto, quedándonos ambos en ropa interior. Estaba nervioso, jamás había estado en esa tesitura con nadie. Ella me dijo que estuviera tranquilo, que no temblara, que iba a salir todo bien. Me llevó mis manos a su espalda, para sentir la sensación de desabrochar su sujetador. Sus pechos eran grandes, y sus senos al sentir mis manos se enrojecían. 
Comenzaba a respirar más fuerte, y mis revoluciones por minuto comenzaban a acelerar. Se los besé y sentí la sensación de que quería hacerla mía. Esa tarde y siempre. me tumbó de nuevo en el sofá y metió su mano diestra en mis boxers. Su mano lo buscaba, juguetona, lo agarró. Comenzó a agitarlo de arriba a abajo, y yo le dije que no tan fuerte, que un poco más flojo. Ella recordó mis problemas a la hora de sentir contacto físico, y comprendió que quizás era algo más distinto que con el resto. Quería sentirla también con su vista, y me desnudó de forma total, hasta empujarme hacia atrás, apoyando mi espalda en los cojines del sofá. Se la metió en la boca, y comenzó a mamarla de forma dulce, placentera, morbosa. Cada vez me daba más morbo hasta que le dije que parase, que ahora era yo el que quería comérselo.  Antes de hacerlo, recuerdo que me colocó el preservativo porque me veía inseguro, repleto de miedo por hacerlo mal. Pero con otro beso me quitó las dudas. 

La tumbé en el sofá y le bajé las bragas sin pedir permiso. Al rozar la mano por ahí abajo, comencé a sentirla mojada, empapada. Metí un par de dedos y lo intentaba acariciar de una manera sensible. Estuvimos así como cinco minutos, y me pidió que lo hiciera pero con la lengua. Al hacerlo sentía como cada vez estaba más cachonda, gimiendo cada vez más fuerte. Creo que era la primera vez que hice sentirle a una mujer un orgasmo. Tras ello, nuestros cuerpos simplemente se hicieron sumisos del otro. No paramos de sudar, gemir y revolcarnos por aquel sofá verde. El frío pronto se hizo calor en nuestros cuerpos, mientras la película ya tenía poco que entretener. Arriba, o abajo, el placer que sentíamos era tremendo, un placer que nunca sentí en mis carnes.

lunes, 27 de mayo de 2013

No te pido nada, simplemente que siempre me quieras.

Muchas veces nos preguntamos si las casualidades existen, o si están retocadas por una varita mágica llamada destino. Si el ser humano es un ser imperfecto creado para comprender las letras de las canciones cuando estamos mal, reventando nuestro ansia por llorar, o si las naranjas están creadas para unir a personas.

Yo no sé si tú eres mi naranja, mi limón o mi paja de turno, pero conocerte y tenerte es de lo más maravilloso que ocurrió en mi sufridora vida, que ahora dominas tú con tus pequeñas manos, voz de princesa Disney y un pelo que baila tanto como atrae al personal.

Estoy seguro de algo y ese algo es que el caprichoso destino me va a regalar una oportunidad para verte, para que cumplamos todos nuestros deseos, para que las caricias distanciosas que me das sean una realidad. Para que las cartas que nos enviamos continuamente sean un día susurros nocturnos rodeados de sonrisas juguetonas, emociones dificiles de contar y cosquillas prohibidas que muchos desean, y soy el único que puede sentir tus pechos, tus manos mojadas dentro de mis boxer verdes.
Ya sea en Valdemoro, Sevilla, o en la Luna, quiero tratar tu piel de seda igual que la nieve endulza al invierno, o la piscina y la playa al verano. Quiero patearme la Gran Vía escuchando música contigo de tus cascos. O pasear junto a ti por el encantador centro de Sevilla, enseñándote lo genial que es la Giralda desde sus pies.

Que me des clases particulares sobre cómo besar, desabrochar tu sujetador amarillo y azul, acariciártelo con ternura y no con fuerza. Aprender a denotar que cuando gimes desesperada, es porque te rindes, eres mi esclava, igual que yo soy el tuyo. Despertarme todos los días contigo, y llevarte el desayuno a la cama. Que me esperes en la estación y en cuanto me baje, que corras a por mí, y me des un abrazo tan necesario como enterno, y en el que se describan las palabras contadas en miles y que callamos en millones de ocasiones.

Que yo no sé cocinar ni cantar. Que pese a ser andaluz ni tengo acento ni salero como ellos, que no tengo valor alguno como escritor ni persona, que soy como un oso de peluche rodeado de polvo al que tú convertiste en el peluche que todos admiran y desean tener por su personalidad, y tú eres la preciada dueña de él. Y yo quiero seguir siendo tuyo toda la vida, mi niña, mi princesa.

Porque tú eres como el viento por la noche, suave y tranquilo, aunque a veces te conviertes en un remolino. También eres como la orilla de las playas de Cádiz, sencilla, encantadora, dorada. Porque tu risa enamora, y tus labios provocan a cualquiera, pero sé que están sellados para mí, y para que cuando lleguemos a un semáforo en rojo en Cibeles, pueda besarte, sin miedo ni límite alguno. Sin temor a hacer el ridículo porque sé que contigo no habrán gatillazos ni enfados estúpidos. Que te compraré un montón de rosas, aunque ninguna llegue a ser tan bonita como tú.

Que si mi corazón hablara, te diría aunque no le creas que le encanta tu sobriedad, tus uñas dañadas, tus momentos bordes porque son los momentos en los que más le atraes, hasta aficionarnos a la lazulita y los gatos.

martes, 14 de mayo de 2013

Alajo. (Ojala.)


Ojala pudiera sentir que sus labios de hielo se derriten en los míos cada noche, y que su pecho se contrae cuando estoy a centímetros de su pelo. Que se pica cuando la hago enfadar. Ojala sintiese que soy la lo primero en su vida, su debilidad, en quién piensa al despertar. Ojala, notara su nerviosismo cuando oye mi nombre. Que se masturba cerrando los ojos e imaginando esa mano que hay dentro de su pantalón es mía. Ojala fuera de Sevilla para que jugara todo el tiempo con su admirado azahar. Ojala fuera el duende verde que la ve dormir. Ojala estuviéramos juntos, porque no saldríamos un solo instante de su cama, viendo el sol de este a oeste.

Ojala me quedara dormido en sus pies, y me levantase en Venecia, París, o alguna isla griega más perdida que el Barco de Chanquete. Ojala fuera un avión de papel, y volara lo suficiente como para llegar a su ventana, observarla todo el rato, sin poder guiñar un ojo. Ojala comprobara que cuando la acaricias sonríe, y deja de morderse el labio.

Que como dicen, “cuando ella cruza por debajo del cielo, solo el tonto mira al cielo”. Ojala notara la pasión de sus palabras en cada beso largo que me ofrece. Ojala sus manos sean pequeñas y seguras, al contrario que las mías, y que su piel sea más dulce que la lana, que un bizcocho con forma de corazón pocho. Ojala perdiéramos la cabeza y nos escapásemos del mundo.

Ojala todos los ojalas se cumplieran.

lunes, 13 de mayo de 2013

Madrid-Sevilla.


Ni paciente ni impaciente. Ven tú, voy yo, o vengamos los dos. Escapemos antes de que la luna se acueste. Cojamos el primer autobús que parta hacia cualquier sitio donde podamos perdernos, entre la preocupación del resto. Vamos a convertirnos en dos locos adictos al insomnio con tal de no dormir, de estar despierto para poder disfrutar de las veinticuatro horas que tiene un día junto al otro. Hagamos cosas malas en el cine, en callejones oscuros y arbustos escondidos por bosques.

Hazme sentir el dueño de tus palabras, que yo ya te he declarado la heredera de mis sentimientos, de las miradas que te dedican mis ojos marrones, de mis miedos y mis sueños. Convierte mi rostro serio en una eterna sonrisa, y nuestros labios en un constante recipiente donde guardar los millones de besos robados que perdimos ambos. Volver a recuperar tu costumbre de rozar el azahar hasta el final, sentir tus brazos apoyados en mis hombros pidiendo un abrazo.

Desnudarnos frente a frente nuestros cuerpos sin tapujos, sin etiquetas que la sociedad se empeña en colocarnos. Mis lunares frente a tus cicatrices, y viceversa. Fusionar nuestros dos cuerpos en uno solo con la llegada de las tardes veraniegas, repletas de calor, en el que nuestros gémidos suenan en lugares inalcanzables. 

Yo no quiero en ti celebrar San Valentín, ni los Reyes Magos, ni tu cumpleaños o el mío. Quiero besarte cuando me lo pidas, y que me beses cuando lo necesite. Acariciarte cuando tus ojos lo requieran a gritos, y desabrochar los botones de tu blusa cuando te muerdas el labio de manera altamente sexy.

Dar cientos de vueltas en una noria desde la que se vea la ciudad entera. Milones de fotos en las cuales salgamos con los ojos embrujados, embrujados de miles de recuerdos nuestros. Que todo comience a partir de un sueño, que los sueños a veces se cumplen, que los sueños a veces son realidad, por díficil que parezcan.

martes, 7 de mayo de 2013

Con p de Gato.


Somos capaces de todo.
Amarnos sin conocernos, odiarnos con nuestras armas: los abrazos, los besos mordidos, y el sexo duro hasta el amanecer.
Cambiantes en milésimas de segundo. Pasar de mandarnos a la mierda, a desearnos desnudos frente a frente.
Decir “te amo” sin sentirlo, a expresar nuestro odio con el corazón en la mano. Ser la causa del suicidio, o la consecuencia de tener ganas de vivir.
Conocer por segunda vez a ti mismo, reconvertido en otra persona, y sentir que le entregarías todo, incluso la vergüenza sexual mal perdida la primera vez.
Encima colabora la puta distancia que tantas veces me he cansado de oír hablar de ella y la he calificado como “cansina”.
Y su entorno de mimada, de asquerosa niña pija, borde, inmadura, pero al mismo tiempo encantadora, dulce, adorable, pícara, guapa, cariñosa, tan sensible como atenta.
Con tantos pros como contras. Tantos quebraderos de cabeza que me ha provocado.

martes, 30 de abril de 2013

Love is peace, peace is love, we r the world, we r the children.


Llegaba el amanecer, y tenía sueño. Ella insistía en dormir, y yo agaché la cabeza por las Sabas, hasta comenzar a acariciar sus bronceadas piernas. Eran pequeñas, pero suaves, sensibles, atractivas. Iba subiendo y notaba que su carne se agrandaba, a la misma vez que mi excitación crecía.

Mis manos se perdían locamente en su pelo mientras el sol comenzaba a asomar en las afueras de la ciudad. Sonidos de ambulancia y sirenas de policía alumbraban la primera hora de la mañana.

A sus manos les apetecía jugar y descendían por mi cuerpo hasta adentrarse en zonas prohibitivas de nombrar. Un susurro en forma de gemido suyo cuya intención era la de pedirme más, recorría mi cabeza.

La primera había llegado con su cuerpo envuelto en mi sábana, rodeado del azahar mágico que tiene Andalucía. Desde la ventana podía observarse la noria que representaba a la ciudad. Y un poco más a lo lejos, en esa isla que no tenía agua, se veía una montaña rusa que circulaba a unos 360Km/h durante un minuto.

Su sonrisa juguetona no cesaba de reproducirse. Ella es algo así como una persona tan imperfecta, que parece perfecta. La persona que realmente debería mediar en las guerras, porque les haría ver a todos esos asesinos la inutilidad de la guerra, y de la necesidad de la paz, de la convivencia en armonía.

sábado, 30 de marzo de 2013

300313


Para unos, la vida es un periodo rutinario en el que se bebe, se fuma, y se esnifa diversas drogas entre las cuales la más popular es la coca. En el otro extremo, otros piensan que la vida se trata de una serie de experiencias que nos transmitieron nuestros padres, y abuelos, y nosotros, a la misma vez, transmitiremos a nuestros hijos, y estos a su vez a sus hijos, nietos... Y luego, para mí, la vida es un rebujo de complementos circunstanciales. 

Pero aunque todos compartamos diferencias para hacer una definición de la vida, todos le tenemos miedo al peor arma de destrucción masiva que tiene, y este se llama "amor". Y es que, ¿por qué negarlo?, todos tenemos una pequeña envidia al oír en nuestro ente cercano, las risas de las parejas o el dulce sonido que se siente tras el contacto eléctrico que hacen saltar las chispas de dos labios. Esa sensación increíble e inolvidable de levantar y acostarte con ella. Ser como Adán y Eva, para disfrutar del paraíso. Conseguir hacerla picar para luego jugar con su boca. Robarle un beso, una sonrisa, y una de las pulseras multicolores de su mano.

Caminar por el campo, y recoger amapolas. Envolver con rosas su vestido blanco de palabra de honor. Tumbarla en el césped, y bajar con la mano derecha la cremallera del vestido, mientras muerdo su cuello. Acampar y dormir al aire libre, observando la primera luna llena de la primavera. Sentir el azahar de las plantas, el silencio rural, que no tiene ni punto de comparación con todo aquel mundo social rocambolesco que supone vivir en la zona céntrica de una ciudad. Sentir su risa un millón de veces, colocar el dedo indice en sus labios para pedir que no hable, que solamente cierre los ojos, se despreocupe de todo, de los problemas, de la vida rutinaria, y que se dedique a pedir un deseo, que esa noche me convertiré en alguien mágico por concedérselo.

jueves, 21 de febrero de 2013

Tensión sexual (no) resuelta.


En un lugar perdido de Sevilla, la ciudad hispalense, vi a una pequeña chica de pelo platino ondulado. Jamás le pude ver la cara pues nos separaba mi vergüenza y sus amigos. Lo único que sé de ella es que llevaba una chaqueta negra , y si seguías bajando por la carretera de su cuerpo, le continuaba una falda escolar de color negro, acompañado de unas medias transparentes. Creo que tenía novio, y en un grito de él supe que su nombre era Claudia. Lo trascendental no es todo lo anterior. Lo importante es que en hora y media no paré de mirarle las piernas. Con deseo, con descaro, con picardía. Con el deseo de que fuera mía para siempre. Aunque no la conozca. A pesar de que fumara o bebiese. La invitaría a pasar el resto de mi vida conmigo. Porque yo sé cuál es el final de la historia: ella llora cuando descubre que él es un gilipollas que no la trata como ella merece. Lo sé porque casi siempre intento ser el hombro donde los amigos y amigas que valoro lloran.
Sentí un fuerte impulso sexual de tenerla, desnudarla, hacer el amor con luna llena y durante el atardecer. Llegar al orgasmo mil veces, que me sonría cuando estemos los dos desnudos dentro de una sábana blanca y de repente aparezca de la nada un diminuto rayo de sol. Llegar a la puerta de mi casa con su cuerpo sujeto a mis brazos por las caderas. Abrir la puerta e ir directos a la habitación. Soltar la ropa por todo en medio, despreocupados de las consecuencias. Que me entre la locura que siento cada vez que te veía apoyar tu cabeza sobre su hombro. Que seas tú la que tire la puerta con la cerradura de mi timidez.
Pero sentir todo esto por alguien que no conozco es continúo. Y el final, de mis propias historias también lo conozco: el miedo a ganar te cierra la boca, y te sientes totalmente cortado en tu propio cortocircuito como para rozar su pelo con tus labios y decirle: "mira pequeña..." Y entonces el que llora soy yo, y no hay más hombros que los suyos para encontrar el alivio. Quizá todas estas historias no sean más que caprichos, pero, ¿quién no tendría amor hacia algo tan pequeño pero tan grande a la vez?