Mostrando entradas con la etiqueta odio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta odio. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de enero de 2017

Le poison

No se dejen llevar por las apariencias. Aunque sus labios parezcan realmente bonitos por el rojo de su pintalabios, una vez los cruzas con los tuyos te das cuenta de que sus labios cortan mucho. Y que aunque el beso sea intenso o dulce, es un beso mucho más doloroso de lo que cualquiera de nosotros creemos.

Ese momento fugaz en el que los labios conectan es un segundo en el que dentro de tu memoria se produce un baile eléctrico de sentimientos e imágenes que poco a poco te van envenenando, te van llenando de porquería que a dos o tres imbéciles en un día de resaca se les ocurrió llamar amor, o algo así.

El veneno empieza en tus labios pero en poco tiempo han transcurrido por todo tu cuerpo. Aunque quieras detener el beso por lo cortantes que son sus labios, no solamente no eres capaz de detenerlo, sino que te acabas sintiendo dominado por ella, que ataca tu cuello (sí, ese cuello que tantas cosquillas te producen cuando te acarician) con sus pícaros mordiscos.

La profecía es tal que ella te empuja hacia la cama, te tapa con las sábanas y mientras besa el cuerpo, hace auténticas maravillas en sitios que no se pueden decir. Los gemidos se sienten tanto que los muebles vibran y los pájaros que estaban apoyados en la ventana se van huyendo asustados hacia otro balcón en busca de paz y en busca de calor.

El primer beso corto poco a poco se van convirtiendo en muchos besos largos y duraderos. Las ventanas poco a poco se van evaporando y el sudor de los cuerpos empieza a hacerse sentir en las sábanas. El primer beso fue a las cuatro de la tarde, los dos llevabais un peinado impoluto y seguía siendo de día, el enésimo es a las seis y cuarto, de repente la luna ha bajado para visitaros y estáis despeinados llenos de arañazos.

Arañazos motivados por la pasión, por las ganas de desearos, por las ganas de amaros, por las ganas de hacerlo. Arañazos de creer que a veces, solo a veces, los deseos pueden llegar a cumplirse por más utópicos que parezcan, pero también llegar a convertirlo en el mejor guión cinematográfico posible. Porque ella es la Meryl Streep a la que tú te mueres por besar, y él quizás no canta tan bien como Sinatra, pero sí hace mejor cosas con su lengua que el propio cantante.


No es un veneno que te mate, ni mucho menos, pero es un veneno peor: es un veneno que puede que te enamore. Y como lo haga, vas a estar jodido durante mucho tiempo, porque puede perdurar dentro de ti mucho tiempo, y cuando salga, lo echarás de menos tanto tiempo que te dolerá más que el primer beso. 

lunes, 12 de diciembre de 2016

Aciertos y errores

La semana pasada un día hablando con mi padre, éste me asombró con una frase: “tú tienes algo, y es que normalmente no sueles hacer muchas cosas mal”. El enunciado, pasado varios días, sigue coleando dentro de mi cabeza.

Partiendo de la base de que como dijo un famoso filósofo del siglo XXI llamado Mariano, “somos seres humanos y tenemos sentimientos”. Como ser humano, haré cosas a veces decentes y otras veces tendré fallos. El caso es que, según mi opinión, y no hay nadie que me conozca mejor que yo mismo, mis actos positivos escasean y los negativos son actos en abundancia: por culpa de lo que todos sabemos soy muy nervioso, derramo y rompo muchos vasos, no tengo la caligrafía bonita y tengo una forma de ser cerrada. En definitiva, que mis actos malos además de ser más numerosos, en una balanza pesan más que las acciones positivas.

Más: entre mis acciones buenas, ni yo mismo sabría reconocerlas, ya que no considero que sea especialmente bueno en nada: como persona no tengo nada que sea considerado como especial, como estudiante soy más bien mediocre tirando a malo, aquello que escribo siempre lo considerado sobrevalorado por la reacción de la gente. Mis únicos puntos buenos nacen a partir de algo malo: cabezonería. Es decir, me gusta hacer las cosas bien. Ya saben, aquello de “para hacerlo mal es mejor no hacerlo”. Y sí, siempre soy muy perfeccionista. La mayor parte de las veces que tengo una buena nota considero que podría haber tenido más.

Por ello, me siento en un momento bastante agobiante y malo a nivel individual, esperando con ansía a que acabe el año bajo la esperanza de que el siguiente sea mejor. Porque sí, este ha sido bonito y especial, pero está acabando siendo una tortura. A eso hay que añadirle que el entorno en muchos casos no ayuda para nada, más bien al contrario: personas que se “desconectan” literalmente de los trabajos en grupo hasta el fin de semana antes de hacerlo, y cuando aparecen, hay más palabras que actos, personas que van y vienen de tu vida con su egoísmo particular de revolucionarlo todo…


Aunque en fin, supongo que como dicen, siempre que llueve, escampa.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

El niño que nunca se calzó las botas


(Autor: Luis Olvidar)

Adrián era un niño especial. Siempre lo fue, desde que nació prácticamente. Al mes de su madre estar embarazada de él sufrió un amago de aborto. Se conoce que él ya era diferente desde que merodeaba en la barriga de aquella mujer. Después, a la hora del parto se puso de espaldas y se posicionó de culo para venir al mundo, lo cual llegó a provocar que hasta el ginecólogo que llevaba a su madre llegara a pensar y decir en voz alta que venía una niña. De hecho, el día del nacimiento, al entrar la madre en el hospital y reconocerla dijo:

-Es una niña porque le he tocado la vulva.

¡Y a fe que lo dijo delante de la madre y la enfermera! Por eso, cuando él nació, pasadas las cuatro y media de la tarde y salió del paritorio el padre se quedó cortado al preguntarle a la enfermera que empujaba la camilla con la parturienta y el recién nacido:

-¿Como están las dos?

-Serán la madre y el niño-contestó una asombrada enfermera.

-¿Pero es un niño?-preguntó un no menos asombrado padre-¡Pero si el ginecólogo ha dicho que era una niña!

-Pues es un niño. Va a tener que cambiar el nombre que tenían previsto-respondió la sonriente mujer.
Y Adrián, como todos los bebés, fue creciendo y cumplió un añito. Pero ya daba muestras de que algo fallaba. Sus padres no eran capaces de acertar en qué, pero eran conscientes de ello. Sus hermanos también. El padre en el verano que sucedió a su segundo cumpleaños notó que aquel niño no se movía demasiado. En la piscina lo dejabas en su carrito y no se movía. Estaba despierto, pero apenas se movía de su carrito de bebé.

Fue entonces cuando comenzó el calvario de médicos de Adrián. El pediatra le mandó hacer pruebas de todo tipo, sin que ninguna de ellas diera ningún resultado extraño. Así que finalmente lo mandó al neurólogo. El neurólogo comprobó que las pruebas no aportaban apenas datos pero si descubrió que Adrián, aunque era normal, tenía una especie de cicatriz en el cerebro que le  provocaba ciertos desequilibrios de movilidad y algún problema en el habla, por lo que recomendó llevarlo a una logopeda. Y así se hizo, durante un tiempo sus padres lo llevaron a una logopeda con la cual corrigió sus problemas de habla.

Mientras aquel niño seguía creciendo y ya tenía cuatro años. Era un niño hermoso, lozano, algo regordete y, decían, un calco de su madre. En sí era la alegría de la casa, por su carácter tranquilo, por sus tremendas dotes de observación, que le hacían ver cosas que nadie era capaz de ver.

-Mira-decía con su vocecita de mocoso-El Calzado Andaluz-y nadie lo veía, mientras su padre o su madre conducían el coche.

-¿Dónde?-preguntaban todos al unísono, tras desgastarse la vista buscando algún signo que lo identificara.

-Allí, en aquel cartel-contestaba el pequeño señalando un cartel alejado de la carretera.
Y efectivamente, un pequeño círculo con un zapato en su interior lo mostraba en la parte inferior del citado cartel. Al final todos acababan riendo por su vista que le hacía ver cosas que los demás no llegaban a observar.

Como a muchos niños a Adrián le apasionaba el fútbol. Le gustaba jugar en el colegio con sus compañeros de clase y además: ¡era zurdo jugando! Por lo general en todos los deportes los zuros suelen escasear, así que el fútbol no es la excepción.

En vista de que le gustaba jugar, de que era bueno para su sicomotricidad, que también era importante realizar actividades extraescolares que le mantuvieran en contacto con la calle pero sin estar todo el día en ella, sus padres decidieron apuntarlo con ocho años a una escuela de fútbol, aprovechando que conocían a un antiguo jugador de un equipo de su ciudad.

Fue así como Adrián comenzó a jugar al fútbol y a aprender que la vida es dura y tormentosa. Su entrenador era un hombre ya entrado en años de carácter afable, pero tremendamente gruñón y en los partidos protestón al máximo con los árbitros, aunque hay que reconocerle que dentro del respeto. Los niños lo querían, aún a pesar de las broncas y los gritos que les metía durante los entrenamientos, pero al acabarlos era capaz de sonreírles y tratarlos como si fueran sus nietos a todos. Adrián, como era de esperar, no jugaba demasiado debido a su eterno problema de movilidad. No tenía rapidez, lo cual era un hándicap pues le impedía correr mucho y tener velocidad, algo fundamental en el deporte. Por otra parte lo hacía jugar a pierna cambiada, que provocaba el no poder controlar bien la pelota.

La cosa fue a peor en el segundo año, ya que todos subieron de categoría menos él, que seguía yendo con la categoría que había jugado la temporada anterior. Eso provocaba un problema, ya que tenía mucho cuerpo y más de una vez se notaba que no jugaba en la categoría que debería de estar, con lo cual tampoco jugaba.

Al tercer año su padre decidió cambiarlo de escuela, ya que en la que estaba inscrito se hallaba bastante lejos de su hogar y era complicado llevarlo a entrenar al tiempo que tenía que llevar a sus dos hermanos a las actividades que ellos también tenían que realizar al salir de la escuela. Por otra parte en la nueva escuela si le incluyeron en la categoría que le correspondía. Tampoco es que le dieran demasiadas oportunidades, pero él nunca se quejaba.

Sin embargo aquel verano tomó una decisión, Adrián, trascendental para su vida: decidió que no seguiría jugando al fútbol. Era, con su edad, consciente de que nunca podría tener el nivel suficiente, ni siquiera el de sus compañeros, para poder darles patadas al balón. Así que era mejor dejarlo allí y seguir jugando en el patio del colegio con sus compañeros. Además, allí se divertía más y nadie le iba a meter una bronca.

Pero sus problemas no habían llegado a su fin. Nuevas pruebas médicas detectaron que tenía una importante desviación de columna y que era preciso de que hiciera ejercicio para poder corregirla. El médico aconsejó que hiciera natación. Así que dicho y hecho. Comenzó a practicar natación. ¡Y consiguió nadar bien! Fueron dos o tres nuevos años de actividad febril para no tener que pasar por un quirófano que le amenazaba por su columna vertebral.

Adrián había llegado a su adolescencia. La vida se había tragado el pasado como un huracán hambriento de todo lo que se pone en su camino. Años y años de peripecias que no habían sido positivas para él. Enseñanzas que le provocaban una retahíla de complejos difícilmente resolubles para él. Por suerte tenía amigos, buenos amigos, que no le dejaban.

Su amigo Héctor también jugaba al fútbol. Un día le pidió que le acompañara a un entrenamiento. Era verano, finales de agosto. La hora ya tardía para evitar los calores que trascienden a este mes, o al menos tratar de minorarlos lo más posible. Así que fue con él a verlo entrenar.

Las luces del campo relumbraban dando perfecta visibilidad a los jugadores. Todos iban enfundados de sus uniformes de entrenamiento. Héctor, en contra de la mayoría de sus compañeros, calzaba unos deportivos en lugar de las típicas botas de tacos. Fue al final del entrenamiento, cuando iban a jugar un partidillo, que Adrián le vio acercarse a su entrenador y hablar con él. Desde su posición no escuchaba lo que estaban hablando. Cuando terminó de hablar con él, vio que salió corriendo para la caseta del vestuario y al momento volvió con las botas de jugar y se dirigió hacia él. El corazón de Adrián comenzó a latir con fuerza, Héctor se dirigía hacia él con unas botas de fútbol, ¡aquellas que él nunca había podido tener! Cuando llegó ante él se las alargó y le dijo:

-Anda, póntelas, que le he pedido el favor al entrenador que te deje jugar el partidillo de entrenamiento.-comentó-Como aún hay gente de vacaciones faltan jugadores y como sé que a ti te gusta jugar nos podrás ayudar ahora. Como tú y yo más o menos tenemos el mismo pie no creo que te vengan pequeños ni demasiado grandes.

Adrián se quedó petrificado. No sabía que decir. Así que poco a poco se fue desabrochando sus deportivos y se puso los que su amigo le estaba prestando. Pero sobre todo sonreía. En aquel momento Adrián era el adolescente más feliz del mundo entero.

Una vez se calzó las botas se incorporó a la rueda que formaban los jugadores alrededor de su entrenador. Héctor hizo rápidamente las presentaciones y todos le sonrieron con amabilidad. Sonrisas a las cuales correspondió él con su cara de máxima felicidad.  El entrenador repartió rápidamente las instrucciones a Adrián le hizo que se quedara un momento más con él para unas instrucciones adicionales. Después hizo dos equipos de igual número de jugadores y a uno de ellos, el de Adrián, les repartió unos petos para diferenciarlos de los otros.

Cuando acabó el entrenamiento todos lo felicitaron por su trabajo. El entrenador se lo llevó aparte y le dijo.

-Es una pena que tengas esos problemas de sicomotricidad, Adrián, porque si no podrías haber llegado muy lejos. Tienes cualidades muy buenas para jugar, pero es una lástima que no puedas correr más deprisa.

Y a continuación ambos se fundieron en un gran abrazo. Le pidió que siguiera yendo de vez en cuando a los entrenamientos. Que podía ser su ayudante, que necesitaba a alguien que le echara una mano y que le gustaría que fuese él. Adrián se comprometió a pensarlo, a hablarlo con sus padres y a contestarle. Lo que no podía saber el entrenador que estar ligado al mundo del deporte era el gran sueño de aquel jovenzuelo,  y que si sus padres se lo permitían podría comenzar a hacer realidad sus deseos. 

sábado, 5 de noviembre de 2016

Exnganchados

Es complicada la vida después de dejarlo con una persona si con ella se ha creado un vínculo. Las relaciones son así: llegan a tu vida, revolucionan las cosas y poco a poco se crea entre los dos una conexión que nadie es capaz de entender: esas sonrisas estúpidas que soltamos cuando hablamos por móvil y dicen algo que nos hace reír, esa infinidad de locuras que hacemos con tal de sorprender a otra persona y mantener, avivar y aumentar la magia… Pero esto es así: gracias a esa persona te tiras viendo el sol y teniendo calor y de repente las hojas de los árboles se caen, llega el frío y te resfrías.

Complicada porque nos acostumbramos a la revolución que se ha creado, y casi no sabemos vivir cuando esa magia revolucionaria se pierde. Sabemos que la vida sigue y continua, pero es algo tan costoso que al principio no hacemos más que mirar de reojo al pasado, buscando explicaciones a lo que ha pasado y pensando qué habrían pasado si las circunstancias fueran otras.

Reconozco que en mi caso yo no soy una persona fácil, más bien compleja. Soy muy introvertido y me cuesta mucho hablar de todo aquello que siento en mi interior, a veces por ese carácter mío y a veces porque no me entiendo ni yo. Por ello, es muy complicado rozando lo semi-imposible que yo llegue a tener esa conexión que decía en el anterior párrafo con alguien. Por esa forma de ser introvertida mía y porque no llego a sentir interés de verdad por el carácter de nadie. Por ello, cuando esa conexión se da, es algo que se puede llegar a convertir en algo de mayor resistencia que el diamante. 

Puede que tenga razón y que la tenga muy idealizada: pero lo digo de verdad, nunca he conocido a una persona tan buena como ella, tan generosa, tan valiente, tan preocupada por los suyos… Puede que fuera yo quien no la mereciera, o viceversa como dice ella. Y de verdad, ella es un auténtico tesoro. Ojalá hubiera en el mundo más gente con ella en vez de tanto egocéntrico con mucha falta de humildad que quiere imponer sus ideas sin escuchar al resto. 

Yo intento mirar hacia delante, y ella también: pero a la hora de la verdad, ninguno de los dos somos capaces de dar el paso de pasar página y no volver a mirar hacia detrás hasta que haya pasado un largo periodo de tiempo, aunque los dos realmente si nos quitásemos la venda de la inseguridad de los ojos, nos daríamos cuenta que estamos mucho más cerca de conseguirlo de lo que creemos.

viernes, 28 de octubre de 2016

'Pocas luces' hay en todas lados.

Reconozco andar un poco preocupado: ya no sé si es que hablo un idioma distinto respecto a mi generación y a mi país o soy yo que ya me estoy haciendo mayor.


La cosa empezó con la que se lió en la UAM y con Felipe González. ¿Es libertad de expresión manifestarse contra una persona? Sí. Eso nadie lo duda. Lo que ya me parecía no tener tanto sentido es ver a jóvenes ir a manifestarse con el rostro tapado por caretas (la mayoría de papel). Llevo días buscando una explicación para entender por qué querían taparse el rostro, pero sinceramente no la he encontrado. No la he encontrado y más de una vez he pensado en que yo solamente me pondría una careta si es para ir al banco en el que trabajaba mi padre por ejemplo o ir a agredir a una estudiante de la residencia donde trabaja mi madre.

Siguió mi poco entendimiento con el mundo el sábado con lo sucedido en Mestalla y el posterior pollo post-deportivo formado. Vayamos por partes: La violencia no tiene justificación jamás, sea cual sea la incitación, cosa que más de uno o no ha entendido, o ha vuelto a dejar de entender. El caso es que el Barça metió el 1 – 2 definitivo en el 93’ y tras hora y media aguantando insultos del público sumadas a las entradas chés, se fueron a celebrarlo y en pleno estado de euforia se encararon con el grupo radical valencianista y la respuesta de un burro, porque no tiene otro nombre, fue tirar una botella a Neymar. Dicha botella dio en Neymar, no hay más. Patética la simulación de algunos pero más patética e injustificable fue la actitud del burro, o burrito pues es incluso menor de edad y justificó su agresión a la euforia culé del momento. A todos los que justifican esto como provocación les pregunto: Cada vez que insultan a un árbitro, ¿está éste en su derecho a tirarles una botella? 




La mayor insensatez llegó desde el Comité de Apelación quien primero no sancionó el lanzamiento de una bolsa de pipas a Paco Alcácer (tratado como un enemigo por tener el deseo de ser ambicioso y querer luchar por más, no ser solamente un clase media) después sancionó al cafre de Mestalla con un “paquete” (y casi regalo) de 3.000 euros, reducido a la mitad por “haber encontrado al autor”. Permítanme la licencia de asegurarles que en vez de ser en Mestalla llega a ser en la capital de Andalucía y la gente que se va los fines de semana a hacer el amor al Estadio Olímpico necesitaría otro picadero pues volvería a acoger un evento deportivo tres milenios después. Y siendo como en el caso de Mestalla algo reincidente, (hace un par de años ocurrió con Messi, al que sacaron amarilla por perder tiempo...telita) ni les digo.


Podría hablar del derribo de la estatua de Franco en Barcelona, podría hablar de ese deseo de muerte de aquella señora antitaurina contra el chaval enfermo que no hizo más que ir a un evento cuyo fin era recaudar fondos para la recuperación del crío, pero ya tan lejos prefiero no meterme, no vaya a ser que el lunes aparezca uno con una careta de papel y tirándome una botella en la cara. 

miércoles, 19 de octubre de 2016

Pinceladas

Escribir a veces puede llegar a ser bastante complicado. En este momento me siento con muchas cosas que decir y que contar. Pero no me sale, y cuando me sale no me gusta. Volver a empezar hasta hartarte de sentirte tan impotente. Tampoco me ayudo para nada ahora mismo. Internamente sufro un cortocircuito y una disputa entre el corazón y la cabeza: el alma me dice muchas cosas de forma irracional, y la cabeza me dice cosas totalmente opuestas, que además rechazan los sentimientos y apuestan por la racionalidad.

Resultado de imagen de neutralidadSiento bastante hastío con todo. Porque siempre es igual, la misma historia, la misma basura. Con todas las cosas que surgen estamos intentando hacer una guerra civil basada en el “estás conmigo o estás contra mí”. ¿Qué pasa con los que somos neutrales en muchas cosas? Les da igual. Lo que les interesa es que les apoyes. Y si no les apoyas te conviertes en un enemigo suyo. Y yo como ser humano detesto que me digan cómo tengo que pensar o qué me tiene que gustar. Si me da igual el doce de octubre ni soy un facha, ni soy un extremista al que le está saliendo coleta, soy una persona a la que tal día le da lo mismo, es uno más como otro cualquiera.

Hartazgo noto también incluso a la hora de dar mi opinión. Siempre he pensado que a mí no me lee nadie y así seguiré pensando. Me gusta escribir y tirarme a la piscina, y me da igual si tiene agua o no. Pero cuando leo la reacción de la gente ya me empieza a ser cansino que a la gente a la que no le gusta lo que hago, digo o escribo usen cualquier cosa para demostrarme su disconformidad. Tolero la disconformidad y la crítica constructiva, lo que ya me cansa es que se llegue a la falta de respeto, y que incluso los no conformes con mi opinión la lleguen a usar de forma “justificada”. Es alucinante que en el año en el que estemos sigamos justificando cosas tan patéticas como el insulto como respuesta a algo que no va con tu modo de ser.


Reconozco también vivir ahora mismo una situación personal complicada. Vivo en un círculo vicioso del que no termino de salir, y del que cuando salgo cada dos por tres estoy volviendo a la misma página aunque sea por saber cómo le va. Y cuando sé que si le va bien por un lado estaré feliz. Pero por otro me joderá más que nunca. Lo pienso una y otra vez. ¡Qué felices habríamos sido si los kilómetros en vez de ser eso, kilómetros, fuera la cantidad de caricias que nos habríamos dado todo este tiempo. Pero no. El pasado, pasado es. Pero claro: llevo con la misma cantinela desde que acabó el verano y ya ha llegado el frío y yo sigo igual de perdido.

lunes, 10 de octubre de 2016

Un poco de todo

La semana pasada, para justificarme algo que no tenía sentido por ninguna parte, una persona usó la siguiente frase para referirse a mi queja por el sin-sentido producido: “Ya, pero esto es así, ¿qué le vamos a hacer?” cuando evidentemente, se podría, se puede y se podrá hacer mucho más.

Esa frase tan sonante a resignación me recordó a las declaraciones del corrupto Carlos Fabra hace unas semanas cuando en mitad del ciclón PSOE que acabó con la carrera de Pedro Sánchez aseguró que “él no veía ni ‘la cuatro’, ni ‘la sexta’” y que sin embargo él era muy feliz de la vida. Joder, como para no serlo cuando te has hartado de robar. Y quien no lo comprenda, está claro que “no han entendido nada”.

Como dicen los padres, hay que comer de todo, te guste o no. Y a mí lo mismo me pasa con muchas cosas en la vida. Me gusta leer opiniones distintas a las mías, me gusta leer/escuchar/ver medios de comunicación de todo tipo de ideologías porque teniendo un poco de todo es donde vamos a ser capaces de tener una opinión fuerte y mediada. Y porque para escribir de algo que no te agrada es necesario verlo/leerlo/oírlo, no vale la pena quejarte sin saber de qué te estás quejando.
Volviendo a la primera frase, supongo que esa persona no querrá que hagamos nada contra temas como la propia corrupción, los desahucios o la violencia de género, ¿no? Porque claro, para qué vamos a hacer nada si “esto es así”, si el tener todavía más de tres millones y medio de parado es por la gracia de Dios, si que existan personajes en la política como Donald Trump es por culpa de la naturaleza o que los refugiados estén viviendo un calvario ya es directamente culpa de ellos por haber nacido allí.


Reconozco que tengo la misma facilidad para creer en imposibles que para dejar de crear en ellos. Pero sí creo con mucha fuerza en que no hay nada más potente que la voz del pueblo. Y personalmente yo, mientras pueda hacer algo por cambiar las cosas y por acabar con las injusticias que día a día se producen, todos vemos y callamos porque al final más de uno acaba creyéndose que eso lo ha producido el destino, yo estoy dispuesto a hacerlo. Quien quiera hacerlo conmigo que lo haga, pero que nadie luego diga: “pero esto es así, ¿qué le vamos a hacer?” cuando el perjudicado sea él o ella. 

viernes, 30 de septiembre de 2016

La muerte del PSOE

Mirábamos a las elecciones de Euskadi y de Galicia con mucho cuidado creyendo que algo de lo que sucediera allí podía mover la situación nacional gubernamental del país. Yo soy de los que piensan que en Euskadi y Galicia, además de Cataluña, son regiones distintas, a las que hay que mimar hasta cierto punto. Son regiones que representan el mayor ansia independentista, y allí los cuatro grandes partidos nacionales no suelen tener grandes resultados.

Pero una vez conocido los resultados, hay cosas interesantes. Podríamos hablar del pésimo resultado de Ciudadanos, ese resultado tan malo que ni tienen representación en ninguna de estas dos comunidades, pero supongo que o bien no interesa, o bien que Ciudadanos no tenga tanta relevancia como Podemos, PP o PSOE ya deja de ser noticia.

La otra gran novedad es el resultado histórico del PSOE. Histórico por lo negativo, lo que ha provocado que esa tensión acumulada entre cierta sección socialista y el líder del partido se haya convertido en un asedio contra este último. Pedro Sánchez me parece un tipo que siempre tuvo las ideas claras, siempre quiso un gobierno del cambio en donde el rojo se mezclase sin disputas con el morado y con el naranja. Pero si tan clara tuvo las ideas, también me parece bastante iluso su punto de vista cuando Ciudadanos ha dicho que no le gusta el morado y Podemos ha dicho que no le gusta la naranja. El punto de vista de Sánchez es el que compartimos muchas personas que debemos estar locos o algo, y también es el disparate que rechazan muchos otros. Puestos a decir disparates, añado uno: Adolfo Suárez, una de las personas más importantes en la democracia española, tenía relación con el régimen franquista, y repito, es casi el ideólogo de lo que ocurrió una vez murió Franco. Hay mucha gente que critica Albert Rivera por haber sido en un pasado del PP. Y no les quitaré la razón. Pero yo sí voy a confiar en que las personas pueden cambiar, y a mí me parece que Ciudadanos con el PP no es ninguna marca blanca, empezando porque el propio Rivera es muchísimo más inteligente que el mayor inútil de la historia de España, ese que llamamos Mariano.


Cuando Pedro Sánchez fue elegido como secretario general, Podemos ni existía, y si existía no es ese fenómeno con tanta repercusión como ahora. Lo que les asusta a los opositores a Pedro Sánchez no es que pacten con los radicales, independentistas y ese sin fin de adjetivos que ya hemos escuchado, lo que les asusta es lo que se puede descubrir sobre ellos. Algo mucho más gordo que los ERE o los Cursos de Formación. Lo que les asusta es que les están viendo las orejas al lobo, y por eso quieren quitarse de en medio a Sánchez.

Quieren quitárselo de en medio usando un asedio absoluto desde su partido (habló Felipe González y el pollo se hizo mucho mayor. Y Felipe González encima habla desde Chile en tono cómico “ratificando” sus declaraciones, telita) y desde la prensa. Es algo inaudito toda la basura que se está echando contra él. Y encima él tampoco tiene ya demasiado apoyo. Bajo mi criterio, Pedro Sánchez se ha quedado solo, se ha quedado con apenas un círculo reducido de confianza que dentro del partido tiene poca importancia. Porque sí, es triste pero es así, en un partido político manda más lo que dicen las viejas glorias del pasado que lo que dicen los votantes socialistas del presente.

Con lo cual el PSOE está creando su propia tumba: o Pedro Sánchez obedece a las viejas glorias, traiciona su ideología (y la de su partido, en teoría) y se abstiene para que gobierne el PP otros cuatro años más, o su cabeza va a rodar en poco tiempo para que sea esa gran mujer llamada Susana la que haga feliz a Felipe. Y de esa traición ideológica, quien saldrá perdiendo será el PSOE, pues a corto plazo saldrá contento el PP por gobernar tres años más (con el panorama actual es imposible que lleguen al cuarto, demasiado generoso estoy siendo diciendo que tres), y a largo plazo el beneficiado será Podemos, que captarán la atención de todos los socialistas traicionados.


Una última cosa: es curioso que hablemos de Pedro Sánchez, Felipe González, Susana Díaz, el PSOE y todo esto justamente cuando esta semana ha empezado el juicio de Caja Madrid, ¿no?

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El Sevilla se impone en mitad de la indignación verdiblanca

Era un partido de empate (y para mí 0-0) obvio, claro. El que no lo quiera ver es que vio otro partido. La diferencia es que el partido acabó 1-0 porque el Sevilla la metió y el Betis también, pero se anuló. Si los béticos están furiosos se les entiende. Intento entender también a los sevillistas que hablan de los penaltis en los córners, pero esto es más complicado cuando contra su eterno rival se acuerdan de eso pero contra el Eibar (por ejemplo) no.

Pretendía el árbitro que el partido no se le fuese de las manos y más o menos lo consiguió. Prueba de ella es esa amarilla a Petros a los diez segundos cuando la gente todavía ni se había quitado la bufanda para espolearla. El árbitro controló la cosa más o menos pero a la calle pudieron irse varios: Bruno, Nasri, Pezzella…  Fue un partido malo en cuya primera mitad hubo más tensión que fútbol, donde ocasiones hubo pocas y faltas y mini-tanganas muchas.

En la segunda parte los de Nervión salieron a mandar gracias especialmente a Mariano, que viendo lo poco que atacaba su rival y que Rubén Castro no bajaba a defender comenzó a subir forzando un par de saques de esquina. Unos minutos más tarde el Sevilla marcó gracias a Mercado y a la defensa de Bruno, que se vio superado y fuera del partido en todo momento. Tras el gol estaba el Betis k.o, noqueado, con esa sensación de otros años. Atacaba tan poco que se veía venir otro ciclón. Pero consiguió hilar un par de jugadas y en una de ellas marcó el Betis pero el árbitro anuló la Alegría de los verdiblancos. Siempre nos quedará la duda de saber qué habría pasado con el 1-1: ¿habría reaccionado el Sevilla o habría comenzado a mandar el Betis? A partir de ahí el Betis fue para arriba y tuvo un par de ocasiones más, un par de tiros de Rubén Castro, y el Sevilla se echó hacia atrás pero sin perder de vista a Adán como en ese tiro del Mudo que se fue por poco.

Tiene razón Poyet quejándose del colegiado, pero también hay que recordarle que el Betis tardó una hora en enterarse que el fútbol consiste en meter el balón en la otra portería y no que la tuya siempre se quede a cero. Poyet logró que sus pupilos pusieran garra, intensidad y hasta ese punto de agresividad, pero no consiguió combinación (el partido de Dani Ceballos es simplemente patético, Musonda debió entrar mucho antes y Donk debutó de mediocentro emulando a Ndiaye) ni peligro. Por su parte Sampaoli debería revisar el partido pues cree que su equipo fue muy superior creando siete u ocho ocasiones claras ante la portería de Adán (?)


Lo dicho, un 0-0 que debió acabar 1-1.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Juegos Políticos

Rafa Nadal llegó a Río de Janeiro tras dos meses parado por una molestia en su muñeca sin saber si iba a jugar individual o dobles y se marchó de Río con una medalla de oro en dobles, una de chocolate en individuales y habiéndose retirado en cuartos de final de dobles mixtos pues tendría que haber jugado tres partidos en un día. ¿Dónde habría llegado si el tenis olímpico en Río hubiera estado mejor organizado?


Mireia Belmonte el día siguiente de logar su primer metal en Río fue eliminada en semis de los 200 metros mariposa. La de Badalona reconoció su decepción con su actuación. Pero hay más: A las veinticuatro horas de lograr su oro olímpico, su sueño desde pequeña, se plantó en la final de los 800 metros libres en la que logró un cuarto puesto cuando todos habríamos apostado porque la catalana pagaría la resaca del primer puesto en Río.

Quiero hacer esa mezcla tan inflamable de política y deporte. Llevamos dos elecciones y casi seguro el día de Navidad tendremos que ser nosotros los que circulemos sobres. Los políticos no se les ha ocurrido mejor cosa que marcharse de vacaciones a sabiendas de que por mucho que reflexionen en Ibiza, Pontevedra o  Venezuela, van a seguir viendo al del otro partido como un enemigo y no como un colaborador y que el tercer paso por urnas está medio asegurado.

¿Me parece mal que se vayan a la playa? No, tienen todo el derecho del mundo. Pero Mariano, Pedro, Pablo y Albert se van conscientes de estar fracasando en la política pues en un país desarrollado (¿) como España vamos a pasar por tercera vez como mínimo para formar un gobierno y los candidatos serán los mismos que han fallado las dos ocasiones anteriores. Como decía alguien del Partido Popular, los políticos actuales son demasiado inmaduros e incapaces de entender que representan a 46 millones de españoles.

Los únicos que pueden cambiar esta situación es el rey, que debe intentar mediar entre todos los partidos y hacerles ver el ridículo que están haciendo en la calle, y los propios políticos, que mientras sigan viendo como enemigos a los que tienen una ideología contraria vamos a estar pasando por el colegio y no precisamente para votar cada seis meses. Pero claro, no hay nadie en el PP que tenga el carisma de Nadal, y en el PSOE nadie tiene la ambición que tiene la Sirena Belmonte.


PD- Últimamente según el resto del personal no hago más que decir barbaridades, pero a mí me parece que son mucho más reales de lo que parecen. ¿No se parece esta situación a la que ocurrió hace casi un siglo con Alfonso XIII y Miguel Primo de Rivera? Ay…

viernes, 12 de agosto de 2016

Va de canciones.

Asomada estaba La chica de ayer mirando por la ventana a cien gaviotas y pensando a Dónde irán. La chica mientras tanto escuchaba en la radio a una locutora que parecía triste porque sabe que Aquí no hay playa y sí muchas Escuelas de calor. La radio tenía un volumen tan alto que retumbaba en  El ritmo del garaje y en el Cadilac solitario de La dulce niña Carolina que había dentro mientras de fondo se escuchaba un Rock’n roll en la plaza del pueblo.

Las cien gaviotas volaron hasta encontrar a un Feo, Fuerte, Formal que resultó ser el Amante bandido de Carolina, quien había tardado 19 días y 500 noches en olvidar a su Princesa hasta que conoció a Santa Lucía, a quien preguntó Qué hacía una chica como ella en un sitio como éste y hablaron hasta que Les dieron las diez y las once. El tipo al principio no sabía Cómo hablar pues se sentía Entre dos tierras y en el fondo cuando pensaba en Carolina seguía repitiendo No puedo vivir sin ti. Santa Lucía estaba tan Embrujada por la Noche de bohemia que Bailando consiguió hacerle sentir Libre con el Corazón Contento y que fuese Su gran noche.

Carolina seguía en el balcón mirando al Mediterráneo recordando cuando él en Venecia le dijo “Déjame” y ella no para de preguntar desde entonces ¿Por qué te vas? al Hijo de la luna. Carolina desde entonces sabe que La vida sigue igual, que Vivir así es morir de amor, diciéndole “Sufre mamón” al Maldito duende So payaso que le repite una y otra vez que son cosas de la vida y de las Maneras de vivir.


En cambio, el Hombre lobo de París vivía Sin documentos Entre dos aguas dentro de su Locura transitoria: Santa Lucía y Carolina. Cuando Santa Lucía dijo: “Quiero tener tu presencia” él le contó que Se acabó, que era Mejor seguir teniendo el Corazón Partío. Se despidió de La flaca en una Décima de segundo con Un beso y una flor antes de salir corriendo cantando: Volando voy, volando vengo…

lunes, 25 de julio de 2016

Globalización

Es la era en la que más herramientas tenemos para crecer en todos los sentidos. Tenemos móviles que usamos para todo menos para llamar, tenemos tablets, tenemos televisiones inteligentes, y por tener tenemos hasta más vidas que un gato gracias al Candy Crush. Debería ser una especie de Edad de Oro para el humano. Y a veces pienso que más que crecer, estamos caminando hacia detrás.

Es la era donde más pluralidad se supone que existe pero nada más lejos de la realidad: en la televisión siempre salen los mismos periodistas que casualmente son los mismos a los que escucharemos un par de horas más tarde en una emisora de radio y justamente las mismas caras que nos encontraremos el día siguiente en cualquier artículo de opinión. Si por lo menos fueran gente serie pues mira… pero hasta que no me demuestren lo contrario, son periodistas que saben mucho de nada. Y mientras tanto, en el paro mucha gente válida que sabe un poco de todo.

Por decirlo de una forma bruta: es la era donde más canales para demostrar nuestro talento tenemos, y en donde menos talento demostramos. Es la era en la que Internet nos sirve para informarnos, para que los jóvenes sepamos de dónde venimos y hacia donde queremos ir, para demostrar de qué pasta estamos hechos. Y sin embargo no lo aprovechamos, y cuando por fin captamos un mínimo de atención, lo rematamos con un: “da igual que no tenga estudios, el año que viene voy a Gran Hermano y ya está”.


Es la era en la que queremos borrar las cosas malas que han ocurrido en el pasado, como si eso fuera a conseguir que alguien no sepa quiénes fueron Franco o Lenin. Y sobre todo, es la era en la que nos hemos convertido en adivinos: ya sacamos defectos a una situación o acontecimiento antes de que ocurra, pedimos la dimisión de una persona que todavía no ha sido nombrada para un trabajo por su forma de pensar o de vestir. Es la era en la que llegamos incluso a matar al que tenemos enfrente por ser X antes que ser Y.

Y como dijo Cicerón, “el pueblo que olvida su historia está obligada a repetirla”.

jueves, 30 de junio de 2016

Yerro

Yerro. Porque soy humano, no soy perfecto. Yo yerro, tú también y el otro igual. Me equivoco más que nadie en muchísimas cosas, y lo reconozco. Muchas veces me equivoco por cabezota, otras veces por no saber diferenciar dos elementos y otras veces por otras tantas cosas. Qué aburrida sería la vida si no me equivocase, ¿no? 

Quien tiene boca se equivoca. Y quien se equivoca la mayoría de las veces soy yo, y yo mismo soy quien me doy cuenta. Hay otras veces en las que se dan cuenta terceras personas, y por mucho que intenten hacérmelo ver no soy capaz de verlo. Y también hay errores que nadie ve y que nadie entiende. Fallos hay tantos o más que seres humanos forman la tierra.


Pero no pensar como lo haces tú no es equivocarse. Pensar de una forma distinta a como lo hace la mayoría no es equivocarse. Simplemente es eso: otra forma de pensar. Esa es la base de nuestro mundo. O era. Y quién sabe si volverá a ser. Si vas a ser tú o vosotros los que intentéis imponerme una forma de pensar estaré dispuesto a escucharos encantados. Pero si no me vais a escuchar a mí después no pidáis que os escuche. Si estáis dispuestos a oír mi forma de pensar os la explicaré las veces que sea porque siempre lo haré con argumentos siempre elaborados desde el respeto, pero si vosotros no vais a escucharla o vais a hacerlo sin respeto luego no os quejéis. Si a mí no me queréis escuchar y sólo queréis imponer vuestra ideología puede que os escuche una vez, o dos veces, pero ya a la tercera seguramente os dé la razón  como a los tontos.


Y por favor. Aprended que vuestra forma de pensar no es la que tiene que seguir el mundo. Que por muy aceptada que sea no tiene por qué ser la correcta, que hay opiniones menores que también merecen ser leídas, oídas y vistas como las vuestras. Que no hay una forma de pensar perfecta. Nadie ve la vida igual. Y sobre todo, nadie ve la vida mejor que otras personas. Que si tú y yo trabajamos mano a mano limando nuestras diferencias vamos a crear una vida más amable y más bonita tanto para nosotros y para nuestros futuros. 


jueves, 16 de junio de 2016

Burros.

Llevábamos semanas e incluso meses preocupados por el terrorismo. Estábamos tan preocupados por el Estado Islámico que se nos olvidó un principio muy básico: burros hay en todos lados, en algunos sitios son más numerosos que en otros, pero en todos lados hay burros que no tienen muy bien asimilado que cuentan con un cerebro para pensar.

Todo empezó el domingo pasado en Orlando cuando una persona vinculada al EI mató a 49 personas e hirió a muchas otras en un local fiestero de ambiente homosexual.

Todo siguió cuando varias personas de nacionalidad inglesa, rusa, eslovaca, turca se excusaron en la Eurocopa de fútbol para liarla por su cuenta y liarse a mamporros con algunos inocentes y con otros que iban buscando lo mismo.

Y todo se remató cuando hoy miércoles,  un trastornado mental ha apuñalado y disparado a una diputada del Parlamento Inglés que ha fallecido  haciendo campaña para el plebiscito que se realizará próximamente en Reino Unido para decidir si permanecen o salen de la Unión Europea.

Desde que somos pequeños se nos enseña que los seres humanos debemos cumplir tres funciones vitales: nutrición, reproducción y relación. La relación quizás sea la más importante pues es la que nos ayuda a construir nuestra personalidad, nuestro carácter y aquella de la que depende nuestra estabilidad emocional. Personalmente, ahora mismo me cuesta creer que haya algo más repugnante que hacer daño a la persona que tienes enfrente por tener una forma de pensar distinta a la tuya. Es bastante triste ver cómo aquí mucha gente intenta imponer su filosofía de vida bajo la falsa creencia de que esa forma de ver las cosas es mejor a la del resto. Nadie es capaz de ver la vida de una forma idéntica, pero eso no nos convierte en mejores ni en peores, simplemente nos convierte en humanos. Ya venimos de un siglo donde se ha perdido mucha sangre intentando imponer absurdas ideologías, y por momentos me cuesta creer que hemos aprendido la lección. Y mientras no seamos capaces de convivir valorando las virtudes de quien no piensa como nosotros no vamos a ir a ningún lado, siempre vamos a estar siendo rencorosos por consecuencias del pasado.


¿Cuál es entonces la solución a parar todo esto? La respuesta es complicada porque cada uno vemos las cosas de forma distinta. La opinión mayoritaria (y la que comparto), es apostar por el diálogo, pero como decía al principio, hay burros más preocupados en hablar que en escuchar.  En el caso del islamismo, directamente ni escuchan, les divierte el sufrimiento, el dolor, y con gente así no vale la pena hablar. Otra solución que proponen varios es la de no financiarles las armas, pero para mí personalmente ésta es inviable por la poca capacidad de liderazgo y carisma que representa ahora mismo el político. En el caso de los hooligans, el diálogo es más factible, pero están tan fumados y bebidos que hablar con ellos se hace imposible. Como decía Rousseau, “el hombre es bueno por naturaleza, pero es la sociedad quien lo corrompe”. Sociedad y dinero para alcohol y drogas habría que añadir. Yo con los hooligans apostaría por el diálogo, pero si no funciona apostaría por permitir a los antidisturbios marcar su territorio porque así sus ganas de buscar pelea se verían reducidas, y acabarías con sus tonterías. O mejor aún: si se quieren pegar, llevémosles a un descampado, dejémosles allí sueltos y que se maten entre ellos. 

jueves, 2 de junio de 2016

Qué malos son los de Podemos

Qué malos son los de Podemos. Qué panda de ladrones. ¿Cómo se les ocurre buscar financiación ilegal a Venezuela? ¿Cómo se les ocurre ir allí cuando lo que está de moda es irse a sacar dinero de Panamá, verdad Felipe? ¿Verdad ministro Soria?

Hablar últimamente de Venezuela más que actualidad y más que preocupación es un postureo flipante. Porque si Podemos en vez de mantener amistad con Venezuela la mantuviera con Brasil, toda la clase política española se iría en tromba al país brasileño para buscar mierda que perudique a Pablo Iglesias, Errejón y compañía.


Siendo claros: Venezuela es una dictadura. Nada de democracia ni nada de país complejo. Dicho esto, Podemos se equivoca enormemente habiendo mantenido amistad con el régimen de Hugo Chávez primero y después de Maduro, más todavía sabiendo que con esta amistad lo único que están haciendo es escupir hacia arriba, como otras tantas cosas que han cometido los de Podemos. Sinceramente creo que en muchos sentidos Podemos está viviendo el efecto Boomerang: una entrada en política con tanto desparpajo, con tanto atrevimiento, ahora están pagando los efectos de esto. Y no creo que se equivoquen, simplemente se equivocaron con el orden de los factores. No se puede pegar palos al partido con el que después sabes que vas a tener que negociar. El maltrato de la prensa hacia Podemos es evidente. No hay más que ver cómo no hablan con la misma intensidad de sus buenas acciones de las malas, y personalmente creo que los fallos de Podemos son muy aparatosos, me chirrían mucho. Y sobre todo, Pablo Iglesias cada vez va perdiendo más fuerza. Todo lo que gana en las distancias cortas lo pierde en la distancia lejana. Por ello creo que otro error fue el no apostar por Alberto Garzón como líder para las elecciones generales, y soy consciente de que no es una idea que tenga yo solo ni mucho menos.


Otra cosa que me molesta bastante de esta preocupación por Venezuela es la repentina preocupación de todos por los derechos humanos. Que el político deba ser una persona cínica no implica para nada que el ciudadano tenga que sentir que se están mofando en su cara. Todos sabemos realmente que los Derechos Humanos no se cumplen en ningún lugar del mundo, y si los políticos españoles quieren empezar por preocuparse por el tema, el primer lugar donde deberían preocuparse sería en la propia España. Porque somos muchas personas las que tenemos derecho a un trabajo digno y ni siquiera tenemos trabajo, porque somos muchas personas las que en teoría tenemos derecho a una vivienda, y no la tenemos, mientras a ellos no les falta absolutamente de ná. 

lunes, 9 de mayo de 2016

Pesadilla maquillada

El reloj de la pared acaba de hacer acto de presencia. Son las cinco de la mañana, y acaba de llegar. Lo sé porque lo he oído, porque ha sonado el portazo a pesar de que ella ha intentado que no sonara. Y lo sé porque en cuanto ha intentado pasar la puerta del recibidor su cuerpo, renqueante por esa combinación que a mí me olía a ron, vodka y cerveza se ha tropezado con mi cuerpo.

-¿De dónde vienes?- Le pregunto.

+A ti qué coño te importa, ¿eh?- Contesta sin siquiera levantar la cabeza, no es ni capaz de mirarme.- Que estemos casados no implica que tenga que contártelo…

No puedo resistirme. Esa respuesta tan vacilona hace que con mi mano derecha la golpeé con toda la rabia y con todo el odio que siento. Ella intenta devolverme el golpe pero su estado de embriaguez y mi brazo no se lo permitimos. En cuanto levantó su brazo lo agarré con fuerza y la empujé al suelo. En este momento no puedo controlarme, no soy capaz de pensar con la cabeza, solamente soy capaz de pensar con el corazón. Ella llora y suplica que no le haga daño, pero dentro de mí solo hay una sensación de silencio absoluto.

Es cierto que no estábamos pasando por nuestro mejor momento, pero pensé que saldríamos adelante. Nunca me atrevería a hacerle daño, de hecho es la primera vez que le he levantado la mano. Nunca le he gritado, ni la he amenazado, pero me siento muy dolido y traicionado. Todo lo que he hecho por ella para que ahora me lo pague de esta manera.

-A saber con quién te habrás acostado, pedazo de zorra- Le reprocho y al mismo tiempo mientras ella está en el suelo tapándose la cabeza no paro de patear su cuerpo como si de una pelota de fútbol se tratase- Todo lo que he hecho por ti, ¿y me lo pagas de esta manera? Ahora te vas a enterar de lo que es bueno.

Y es verdad. Por ella lo he dejado todo: mi familia, mis amigos, mi trabajo, mi ciudad… Aquella noche de invierno madrileña el que perdió la razón de ser fui yo, que acabé volando detrás de esa falda marrón y de sus medias oscuras. Aquella noche fría en la que hicimos sudar a las sábanas fue la primera de otras muchas en las que me di cuenta que la única manera de que perdiera el miedo a todo, y que dejara de sentirme acomplejado era entregar las llaves de mi vida a ella. Y desde ese momento ella siempre ha sido espléndida, nunca me ha fallado, siempre ha estado ahí, y ella misma se ha decidido a ser la más segura entre nosotros dos. La más, pero aún así, en la cama era distinto. En la cama no sabemos ni cuándo ni cómo, llegamos a un acuerdo en el que yo era el amo y ella era mi sumisa. Pero  no sé qué me pasaba, lo que pasaba en la cama se fue extendiendo hasta nuestras vidas cotidianas. Y yo dejé de ser yo: ya no me reconocía, mientras ella dormía yo no era capaz de pegar ojo. Me fui infiel a mí mismo. Quería que estuviera siempre junto a mí, que nunca me abandonase. Quería atarla a mi vida como la ataba cuando hacíamos el amor. Cada vez estaba más encima de ella, cuando salía sin decirme nada y regresaba le preguntaba adónde iba, y cuando ella me respondía yo no confiaba a en su respuesta.

No la culpo por haber conocido a otro. Últimamente las cosas se estaban tensionando y parecíamos abocados a una situación que parecía no tener fin. Esta no es la primera vez que salía y no me decía de dónde venía, pero sí era la vez que más tarde había regresado. No eran una ni dos veces aisladas, eran muchas, y cada vez más continuas. No solamente era esto. Las facturas del teléfono habían aumentado el doble a lo que era antes en un par de meses, y ella lo achacaba todo a que se trataba de un error de la compañía y ella diría que se encargaba, pero luego dejaba pasar el asunto hasta que yo no me diera cuenta. Es normal. Yo siempre he vivido siendo un fracaso absoluto, acostumbrado a la frustración y a la decepción. Es algo realmente jodido cuando te sientes inútil, rechazado por el mundo, como si no tuvieras nada que ver con el resto de las personas. Aún así, un rayo de luz me cegó los ojos brevemente cuando la conocí. Es como si de repente todo lo que era “no” fuera “sí”. Si antes de conocerla solamente tenía ganas de pagar mi frustración con todos los objetos que encontraba a mano, con ella esos momentos quería cambiarlos por abrazarla. Abrazarla y quedarme dormido. Nunca he sabido responder a qué ha visto ella en mí y que nadie más ha sido capaz de ver. Seguramente la respuesta esté en este momento: ella se ha dado cuenta de haber vivido embrujada sin argumentos el tiempo que llevamos juntos y ha decidido buscar otro mejor. ¿Habrá sido esta noche? ¿Llevarán mucho tiempo juntos? Pero no se lo voy a permitir. La necesito a mi lado, la necesito para sobrevivir. Sin ella no soy nadie, y ni siquiera sería capaz de seguir adelante. Las ocho letras que adornan su nombre es lo único que me motiva para seguir adelante.

-¿Por qué no me respondes? ¿Quieres que te lo diga yo? Porque seguro que has estado follándote a otro.-le recrimino mientras sigo golpeando sus costillas empezando a jadear por el cansancio.

Ella no para de suplicarme que pare, pero no puedo. Por mucho que la cabeza me pide que pare, mi corazón me late y me pide que le pegue al son en que me late. A la cabeza y no sé muy bien por qué se me viene una noticia que he leído en el periódico. Un hombre ha matado a una mujer después de mantener con ella brutales relaciones sexuales y ella estaba en estado casi inconsciente después de haberse tomado varios tipos de pastillas a la vez. “La voy a reventar y después voy a acabar con su vida, se lo ha buscado por ser tan puta. Todo lo que he hecho por ella y ahora me ha demostrado ser como todas, una que solo sirve para dejar la casa limpia y para follar” pienso antes de frenar. Mientras ando hacia el salón oigo como ella se intenta levantar apoyándose en el mueble de la entrada. Siento tanto odio y asco que en ese momento me doy la vuelta, corro hacia donde está ella y la pateo con toda la furia que siento, y ella se queda en el suelo, quieta, sin aire, sin respirar. Cuando llego a mi habitación busco las llaves del garaje. Me la voy a follar, sí, y será tan memorable, que ni siquiera podrá vivir para contarlo.

El garaje es un sitio al que vamos poco. Solamente hay cajas de la mudanza y el coche. El coche lo compramos cuando nos mudamos a Bélgica. Como no teníamos mucho dinero, decidimos buscar uno de segunda mano, y conseguimos uno que estaba bastante bien. Qué tiempo tan feliz. Era la época en que yo todavía no dominaba el idioma ni había encontrado trabajo. Aún así el coche tampoco lo usábamos mucho. Cuando en verano volvíamos a Madrid y no muchas veces más. Yo voy al trabajo en autobús y ella se queda en casa con las tareas hogareñas. El maletero del coche no es muy espacioso y como lo usamos solo durante el verano, durante el resto del año podemos guardar la compra, u objetos que no podemos guardar en casa. ¿Sabéis con qué voy a anular a esa guarra? Con la cadena de hierro que hay en el fondo del maletero.

Bajo al garaje con un caminar tranquilo, como si no tuviera prisa, como si no hubiera pasado nada ni estuviera a punto de ocurrir algo. Abro la puerta, enciendo la luz y desbloqueo el coche con el mando a distancia. Subo la puerta del maletero y tengo que estirarme para alcanzar y coger la cadena. Está acompañada de un poco de polvo pero no hay tiempo. Tengo que subir, no quiero que se haya despertado y haya llamado a la Policía. Cuando vuelvo sí tengo prisa, tengo tanta prisa que subo corriendo, sin cerrar el coche, sin cerrar la puerta ni apagar la luz.

Al subir ella todavía está inmóvil en la puerta, aunque cuando busco su pulso sí que reacciona. “¿Por qué hemos tenido que llegar a tal extremo?” La pregunta no para de girar sobre mi cabeza, aunque no puedo volver atrás. Ella me ha traicionado y ahora le tengo que dar su merecido. Que lo hubiera pensado antes de jugar con mis sentimientos. Cojo de sus pies y arrastro su pequeño cuerpo hasta cerca del sofá para tumbarla bocarriba sobre él apoyando sus piernas sobre el reposabrazos izquierdo. Levanto sus brazos, desabrocho el primer botón de sus vaqueros, bajo la cremallera y con fuerza se los quito. Cuando lo hago me encuentro con la prueba de que ha estado con otro. Sus bragas rosas están húmedas. Ese fue el momento en el que sentí más ira. Y esa ira en aquel momento no podía desahogarla con golpes, solamente era capaz de desahogarla con lágrimas. “¿Cómo ha podido hacerme esto?” Me sentía tan incrédulo, solamente tenía ganas de dejar de vivir. Pero no podía, me sentía tan enrabietado que necesitaba destrozarla. La desnudé totalmente de cintura para abajo y con la otra mano descendí hasta mis rodillas el pantalón del pijama.

Ni siquiera dilaté su vagina. No me importaba. Me sentía tan herido en el corazón que me daba igual que me doliera ahí abajo. Quería que ahora ella experimentara ese dolor. A pesar de tener pulso, no era capaz de reaccionar, no era capaz siquiera de reproducir algún tipo de gemido. Paro por un momento para coger la cadena que he soltado en la mesa del comedor. Vuelvo al sofá, y aunque en un principio me cuesta hacerlo, empotro la cadena contra su cuello. Y en ese momento y en esa situación es cuando decido metérsela más fuerte. Siento tanto placer como nunca lo he sentido en mi vida. Es una pena que sea un placer tan agridulce.

Estuvimos allí haciéndolo durante diez ó quince minutos hasta que paré por no sentir reacción en ella. Ya nada tenía sentido. Había vuelto a perder el pulso y yo sabía que aquella vez era de verdad. Que en aquel momento murió. Es en ese tipo de momentos cuando uno se da cuenta de que los errores se pueden llegar a pagar muy caros. Cuando paré yo sabía que ya todo había terminado, o casi todo. ¿Qué sentido tiene todo? He acabado con aquello que me daba ganas de vivir, y además he acabado haciéndole daño, que es todo lo que ella no hubiera querido que yo le hiciera. Me senté en el suelo con las rodillas flexionadas y con las manos apoyadas en la cabeza, pensando sobre todo: sobre el pasado, sobre el presente, y sobre el futuro. Pero, ¿cuál futuro? La he matado, y el único futuro que puede esperarme es estar veinte años entre rejas por haberle hecho daño a la persona que más he querido.


Ya nada tiene sentido. La única solución es acabar con toda esta historia. Camino hacia la cocina. Al encender la luz me doy cuenta de que está amaneciendo. Saco del tercer cajón un cúter para luego volver hacia su cuerpo. Me siento sobre ella, y clavo sobre mis venas el cúter. Es el mayor castigo que me puedo merecer por todo lo que he hecho. Por haber tratado así al amor de mi vida. Es realmente una lástima. Con lo felices que éramos…

lunes, 18 de abril de 2016

Ego.

No soy simpático. Y para qué engañarnos, sabiendo que hay más gente preparada para fustigarte con el látigo que para darte un abrazo, tampoco quiero serlo. No me llevo tan bien como quisiera con mucha gente por mi culpa, pero ¿qué se le va a hacer? Yo prefiero otras cosas a ser simpático como ser sincero, o intentar ayudar en lo que pueda cada vez que alguien me lo pida. Pero no se preocupe. Si le sirve de consuelo, yo tampoco me llevo bien conmigo mismo. Me veo tan lleno de defectos y tan vacío de virtudes que es normal que la convivencia conmigo mismo sea casi imposible. Somos peores que un matrimonio a una semana de sus bodas de plata.

Para colmo, no soy ni la persona más alegre ni el más gracioso del mundo. Quizás esa sea la explicación de por qué mucha gente no me soporta. ¿Qué se le va a hacer? Me gusta hacer las cosas buenas a hacerlas bonitas. Primero el trabajo y después la diversión que diría el otro. Tendré ese enésimo defecto que pocas personas más tenemos. Y encima mi forma de ver el mundo de forma divertida es mediante la sátira, mediante la ironía y mediante el humor negro y verde, recursos controvertidos en sí donde los haya.  Por decirlo de alguna forma más vulgar: me lo paso bien tocando las narices. Alguno podrá pensar con argumentos que quizás sea un cabrón. Posiblemente. Pero jamás hago un comentario crítico que pueda molestar a alguien, lo hago siempre con la idea de que reflexione, se replantee las cosas. Soy de esas personas con mentalidad antigua que siente respeto y admiración por personas contrarias a mí en formas de pensar, de esas personas que prefiere mil cosas antes que ir a una discoteca a beber como un loco, de esas personas que prefiere La que se avecina a Aquí no hay quien viva o la Pepsi a la Coca-Cola.

La relación conmigo mismo es tan complicada que nunca soy capaz de crear una estabilidad en mi estado de ánimo. Soy una confusión permanente que vive siempre lamentándose porque “nada me sale bien”. Nunca sé ni yo mismo por donde puedo salir. Soy tan irracional que cualquier día me puedo levantar y ver las cosas de forma más racional que el más ilustrado de la filosofía del siglo XVIII. Y quizás el día que me acueste siendo racional, a la mañana siguiente me levante siendo más irracional que Romeo Montesco.


Cada vez que me siento en la sensación de “no estoy en mi mejor momento”, y cada vez que se huele la sangre y viene alguien dispuesto a darme su ración de golpe letal y acabar conmigo, dentro de mí nace como una rabia, como una ira, un orgullo que me hace renacer, que me hace volver a ser yo de una forma más fuerte que nunca. 

jueves, 7 de abril de 2016

Susanita tiene un ratón.

No me gusta hablar de política. Pero a veces no puedo evitarme porque es que si los políticos meten el cebo yo entro. No me gusta primero porque me incomoda, me parece algo bastante controvertido de lo que hablar. Y luego porque no sé de política, no soy capaz de defenderme con alguien que sepa hablar del tema.

 Susana Díaz Pacheco como todos sabemos es la presidenta de la Junta de Andalucía. Y por lo leído esta semana, parece que también se ha licenciado en Filología Hispánica. A la citada no se le ocurrió otra cosa que en el II Plan de Igualdad de Género en la Educación obligar a que usemos “población andaluza” en vez de “andaluces” y “alumnos y alumnas” en vez de “alumnos”. Primero habría que decirle a la susodicha que la lengua no es algo que tenga sexo, y segundo, que ella está haciendo algo que odiamos los andaluces: que nos obliguen a cambiar nuestra forma de hablar, que nos hagan dejar de ser nosotros mismos.

El tema del feminismo y la igualdad es algo que me llega a cansar hasta parecerme realmente aburrido. Obviamente me parece patética la violencia de género. Es algo muy rastrero. Y también que haya quien no sea capaz de ver que la mujer no es ni mejor ni peor que el hombre. Generalmente en el aspecto físico somos superiores a ellas, y en el aspecto intelectual ellas son mejores que nosotros. Pero hay cosas que ya rozan lo absurdo. Esta medida de la Junta se une a otras como las del ayuntamiento de Valencia de cambiar los símbolos de los semáforos porque es algo “machista”, criticar a Alejandro Sanz por defender a una mujer que estaba siendo agredida en un concierta que sea algo “machista”, que el género neutro del lenguaje sea algo “machista” y haya que usar la “x” y la “e” para referirnos al neutro, son cosas muy exageradas.

Como decía, la propia medida nos obliga a cambiar nuestra forma de hablar y de expresarnos. ¿Qué tiene de malo o de incorrecto hablar como me han enseñado mis padres, y mis abuelos enseñaron a mis padres, y mis bisabuelos a mis abuelos… y así toda la vida? Lo peor no es que te suspendan por hablar así. Lo peor es que da la sensación de que si no hablamos como se propone, ya somos unos machistas.


Ojalá Susana Díaz, que por cierto está más pendiente de Madrid que de la región que preside, hubiera tenido la misma contundencia con los Cursos de Formación y con los ERE que está teniendo con esta medida suya. Quizás ese sea el problema de Susana: por estar a otras cosas, no es capaz de ver que es la máxima representante de una comunidad que lidera el fracaso escolar, y que cuenta con el mayor número de denuncias por violencia machista, o lo más grave: que el himno de su comunidad menciona una de las dos expresiones que quiere prohibir: “andaluces, ¡levantaros!” Ya lo dice la canción: Susanita tiene un ratón, un ratón chiquitín… 

viernes, 1 de abril de 2016

Sol.

Siempre se ha dicho que el mejor amigo del hombre es el perro. Una opinión personal que tengo es que el mejor amigo del ser humano es el sol. Sí, esa cosa brillante que está encima de nosotros durante muchos momentos del día.

¿Por qué? Bueno. Lo primero que tengo que decir es que el sol es el mejor amigo que hay. Siempre está hay con nosotros. O casi siempre. Hasta que se va a dormir. Si estuviera más pendientes de sus amigos que de sí mismo, posiblemente sería un mal amigo de sí mismo.

Otro motivo por el que reivindico la amistad con el sol es algo sencillo: siempre está ahí, siempre está callado pero está ahí dispuesto a darte apoyo: haga frío o haga calor. Estés contento o triste, está siempre hay para con sus rayos no dejarte solo. Y todo ello a sabiendas que es nuestro amigo más lejano. No hay nadie que viva más lejos que nosotros. Tan lejos que no podemos abrazarlo, pero él si tiene capacidad de sobra para poder abrazarnos. Abrazarnos tan fuerte que puede hasta perjudicarnos, que puede hasta quemarnos por el ímpetu de sus rayos.

Por ello, nosotros no podemos ir a buscar al sol. Pero el sol viene todas las mañanas a buscarnos a nuestra cama. Hasta los días que llueve, el sol abre la puerta de nuestro cuarto, levanta las persianas y nos da los “buenos días” cual madre o padre con sus hijos ya sean de cinco o de trece años.

Y el sol, nunca, pero nunca nos deja solos. Nos acompaña cuando el frío consigue pintar de nieve la ciudad, cuando nuestro cuerpo tiene una pelea eterna con el calor extremo o cuando hacemos un viaje a cualquier lugar del mundo. Quizás ese sea el mejor motivo que explique por qué es nuestro mejor amigo. Como dice la canción, nunca caminaremos solos, y ese nunca está directamente relacionado con el Lorenzo.



Igualmente, nuestro mejor amigo destaca por su fortaleza. El sol por obligación cuando se cae, consigue levantarse, sí o sí, es capaz de volver, y con más fuerza que nunca. Incluso cuando la tormenta trae la tempestad y golpea al sol, cuando la tormenta se va, ese sol maltratado volverá a traer la paz y la calma dentro de nosotros.