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lunes, 9 de enero de 2017

Le poison

No se dejen llevar por las apariencias. Aunque sus labios parezcan realmente bonitos por el rojo de su pintalabios, una vez los cruzas con los tuyos te das cuenta de que sus labios cortan mucho. Y que aunque el beso sea intenso o dulce, es un beso mucho más doloroso de lo que cualquiera de nosotros creemos.

Ese momento fugaz en el que los labios conectan es un segundo en el que dentro de tu memoria se produce un baile eléctrico de sentimientos e imágenes que poco a poco te van envenenando, te van llenando de porquería que a dos o tres imbéciles en un día de resaca se les ocurrió llamar amor, o algo así.

El veneno empieza en tus labios pero en poco tiempo han transcurrido por todo tu cuerpo. Aunque quieras detener el beso por lo cortantes que son sus labios, no solamente no eres capaz de detenerlo, sino que te acabas sintiendo dominado por ella, que ataca tu cuello (sí, ese cuello que tantas cosquillas te producen cuando te acarician) con sus pícaros mordiscos.

La profecía es tal que ella te empuja hacia la cama, te tapa con las sábanas y mientras besa el cuerpo, hace auténticas maravillas en sitios que no se pueden decir. Los gemidos se sienten tanto que los muebles vibran y los pájaros que estaban apoyados en la ventana se van huyendo asustados hacia otro balcón en busca de paz y en busca de calor.

El primer beso corto poco a poco se van convirtiendo en muchos besos largos y duraderos. Las ventanas poco a poco se van evaporando y el sudor de los cuerpos empieza a hacerse sentir en las sábanas. El primer beso fue a las cuatro de la tarde, los dos llevabais un peinado impoluto y seguía siendo de día, el enésimo es a las seis y cuarto, de repente la luna ha bajado para visitaros y estáis despeinados llenos de arañazos.

Arañazos motivados por la pasión, por las ganas de desearos, por las ganas de amaros, por las ganas de hacerlo. Arañazos de creer que a veces, solo a veces, los deseos pueden llegar a cumplirse por más utópicos que parezcan, pero también llegar a convertirlo en el mejor guión cinematográfico posible. Porque ella es la Meryl Streep a la que tú te mueres por besar, y él quizás no canta tan bien como Sinatra, pero sí hace mejor cosas con su lengua que el propio cantante.


No es un veneno que te mate, ni mucho menos, pero es un veneno peor: es un veneno que puede que te enamore. Y como lo haga, vas a estar jodido durante mucho tiempo, porque puede perdurar dentro de ti mucho tiempo, y cuando salga, lo echarás de menos tanto tiempo que te dolerá más que el primer beso. 

domingo, 18 de diciembre de 2016

2016

Siempre que llega la Navidad y nos preguntan por los deseos para el año siguiente. Por ello, al final todas las Navidades me parecen iguales: pedimos salud, amor, trabajo… Y al final nada se cumple: vienen unas personas y se van otras, ocurren cosas buenas y cosas malas. Sin embargo, dentro de mí existe la sensación de que este año puede ser mucho más determinante de lo que creemos.

2016 ha sido el año en el que la política nos volvió a decepcionar: en España, por primera vez votamos dos veces para elegir un presidente. En el Reino Unido, rompieron todos los esquemas decidiendo salir de la Unión Europea. Y si a eso le añadimos ese intento de golpe de estado en Turquía y que en Colombia rechazaron la paz para seguir con los enfrentamientos, y la elección de un personaje más que controvertido llamado Donald Trump… Tan controvertido como el premio Nobel de Literatura a Bob Dylan. Y el vacile que éste le pegó a los suecos al no ir a recoger el premio, pero añadiendo dos conciertos en este país.

El año que dejamos ha sido el año en el que lloramos demasiadas muertes conocidas: Barberá, Castro, Bowie, Prince, Alí, Leonard Cohen y un largo etcétera, mientras que marcamos un nuevo (y triste) récord en cuanto a inmigrantes y refugiados fallecidos. El año en el que el terror fue tan protagonista que en algunos sitios tuvieron que enterrar a gente en las calles puesto que los cementerios ya estaban repletos de inocentes fallecidos.

Deportivamente fue el año en el que el Atleti se volvió a quedar rozando la Copa de Europa, viviendo otra vez la misma pesadilla: gol de Ramos. El año en el que el Sevilla lo volvió a hacer, completó su década inolvidable. Y el año en el que decidió que cinco ya son muchas, ¿por qué no una Champions? El año en el que el “No hay palabras, solo hechos” tardó tres meses en venirse abajo, el año de la tercera o cuarta juventud de Rubén Castro y de la segunda de Joaquín. Las decisiones controvertidas también llegaron al deporte: si no, que se lo pregunten a ese equipo de baloncesto que toda la vida fue verde y rojo, y ahora es verde y blanco en su uniforme, pero sigue manteniendo su corazón de toda la vida. El año en el que España volvió a casa con la cabeza bajada en la Eurocopa, pero también los doce meses en los que los Olímpicos volvieron a hacernos sentirnos orgullosos de ellos.

También fue el año de las tragedias: el yihadismo nos metió más miedo que nunca, el Chapecoense se dejó la vida y los sueños en el aire. En verano Diana Quer desapareció causando la preocupación mayúscula de su entorno y también en verano cinco subnormales (sevillanos como yo y con un abogado más que repugnante) violaron a una pobre chica que no tuvo la culpa de nada. Cosas así hay muchas que ocurren casi diariamente, pero he citado algunas de las que más me llamaron la atención.


Personalmente, fue el año más especial. El año en el que me reencontré con el pasado, el año en el que conseguí romper barreras en forma de kilómetros, pero los kilómetros fueron demasiado para nosotros. El año en el que algunas cosas salieron a la primera intentona, otras a la segunda, y veremos si a la tercera. El año en el que no tuve miedo para elegir el tres entre éste y el cuatro. El año en que me di cuenta de lo bonita que es Galicia, pero también lo bonita que puede ser la vida en cualquier parte del mundo con esa persona que te tiene conquistado el corazón. El año en el que entrevisté a Néstor Barea, a Rafa Castaño, a la ONCE aunque no fuese algo sencillo. El año en el que me di cuenta por qué siento tanta pereza por las cenas de empresa. El año en el que abrí los ojos y vi, aprendí y sentí cosas totalmente nuevas para mí.   

viernes, 25 de noviembre de 2016

.-.

Pocas veces me he sentido especial en el buen sentido de la palabra. 
Y muchas, innumerables veces me he sentido así, especial, en el mal sentido de la palabra. Todas las pocas veces que me he sentido así, las circunstancias han estado directamente relacionadas a ti.

Me encanta reír. Reírme de todo, y reírme de mí. Que me den ataques de risa hasta casi atragantarme. Que la barriga me duela por reírme. Y desde hace meses estoy apagado: los ojos tristes, el alma y la risa están apagados.

Teníamos la virtud de reírnos. Que yo te hacía reír hasta imaginarme con una nariz de payaso. Y tú me hacías reír, viéndonos por Skype, oyéndonos por teléfono, o simplemente mirando el móvil mientras íbamos a clase.

Tantas cosas… Y tanto tiempo. Tiempo en el que ha pasado de todo, y en el que ha pasado de nada: cosas buenas y cosas malas. Risas, alguna lágrima que otra, cabreos serios, cabreos estúpidos, momentos para desahogarse y momentos para evadirse.


Nadie debe deber su estabilidad a otra persona. Nadie. Pero hay personas que se sienten románticas como el movimiento literario, y yo soy una de ellas: extremistas, con un umbral para la sensibilidad altísimo, que gracias a ti era capaz de disfrutar de la vida y de las cosas. Y ahora que no estás, me cuesta mucho seguir adelante, disfrutar de las cosas. He intentado y estoy intentando olvidarte de todas formas, pero es que no hay forma. Me siento totalmente atraído por ti. 

sábado, 5 de noviembre de 2016

Exnganchados

Es complicada la vida después de dejarlo con una persona si con ella se ha creado un vínculo. Las relaciones son así: llegan a tu vida, revolucionan las cosas y poco a poco se crea entre los dos una conexión que nadie es capaz de entender: esas sonrisas estúpidas que soltamos cuando hablamos por móvil y dicen algo que nos hace reír, esa infinidad de locuras que hacemos con tal de sorprender a otra persona y mantener, avivar y aumentar la magia… Pero esto es así: gracias a esa persona te tiras viendo el sol y teniendo calor y de repente las hojas de los árboles se caen, llega el frío y te resfrías.

Complicada porque nos acostumbramos a la revolución que se ha creado, y casi no sabemos vivir cuando esa magia revolucionaria se pierde. Sabemos que la vida sigue y continua, pero es algo tan costoso que al principio no hacemos más que mirar de reojo al pasado, buscando explicaciones a lo que ha pasado y pensando qué habrían pasado si las circunstancias fueran otras.

Reconozco que en mi caso yo no soy una persona fácil, más bien compleja. Soy muy introvertido y me cuesta mucho hablar de todo aquello que siento en mi interior, a veces por ese carácter mío y a veces porque no me entiendo ni yo. Por ello, es muy complicado rozando lo semi-imposible que yo llegue a tener esa conexión que decía en el anterior párrafo con alguien. Por esa forma de ser introvertida mía y porque no llego a sentir interés de verdad por el carácter de nadie. Por ello, cuando esa conexión se da, es algo que se puede llegar a convertir en algo de mayor resistencia que el diamante. 

Puede que tenga razón y que la tenga muy idealizada: pero lo digo de verdad, nunca he conocido a una persona tan buena como ella, tan generosa, tan valiente, tan preocupada por los suyos… Puede que fuera yo quien no la mereciera, o viceversa como dice ella. Y de verdad, ella es un auténtico tesoro. Ojalá hubiera en el mundo más gente con ella en vez de tanto egocéntrico con mucha falta de humildad que quiere imponer sus ideas sin escuchar al resto. 

Yo intento mirar hacia delante, y ella también: pero a la hora de la verdad, ninguno de los dos somos capaces de dar el paso de pasar página y no volver a mirar hacia detrás hasta que haya pasado un largo periodo de tiempo, aunque los dos realmente si nos quitásemos la venda de la inseguridad de los ojos, nos daríamos cuenta que estamos mucho más cerca de conseguirlo de lo que creemos.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Pinceladas

Escribir a veces puede llegar a ser bastante complicado. En este momento me siento con muchas cosas que decir y que contar. Pero no me sale, y cuando me sale no me gusta. Volver a empezar hasta hartarte de sentirte tan impotente. Tampoco me ayudo para nada ahora mismo. Internamente sufro un cortocircuito y una disputa entre el corazón y la cabeza: el alma me dice muchas cosas de forma irracional, y la cabeza me dice cosas totalmente opuestas, que además rechazan los sentimientos y apuestan por la racionalidad.

Resultado de imagen de neutralidadSiento bastante hastío con todo. Porque siempre es igual, la misma historia, la misma basura. Con todas las cosas que surgen estamos intentando hacer una guerra civil basada en el “estás conmigo o estás contra mí”. ¿Qué pasa con los que somos neutrales en muchas cosas? Les da igual. Lo que les interesa es que les apoyes. Y si no les apoyas te conviertes en un enemigo suyo. Y yo como ser humano detesto que me digan cómo tengo que pensar o qué me tiene que gustar. Si me da igual el doce de octubre ni soy un facha, ni soy un extremista al que le está saliendo coleta, soy una persona a la que tal día le da lo mismo, es uno más como otro cualquiera.

Hartazgo noto también incluso a la hora de dar mi opinión. Siempre he pensado que a mí no me lee nadie y así seguiré pensando. Me gusta escribir y tirarme a la piscina, y me da igual si tiene agua o no. Pero cuando leo la reacción de la gente ya me empieza a ser cansino que a la gente a la que no le gusta lo que hago, digo o escribo usen cualquier cosa para demostrarme su disconformidad. Tolero la disconformidad y la crítica constructiva, lo que ya me cansa es que se llegue a la falta de respeto, y que incluso los no conformes con mi opinión la lleguen a usar de forma “justificada”. Es alucinante que en el año en el que estemos sigamos justificando cosas tan patéticas como el insulto como respuesta a algo que no va con tu modo de ser.


Reconozco también vivir ahora mismo una situación personal complicada. Vivo en un círculo vicioso del que no termino de salir, y del que cuando salgo cada dos por tres estoy volviendo a la misma página aunque sea por saber cómo le va. Y cuando sé que si le va bien por un lado estaré feliz. Pero por otro me joderá más que nunca. Lo pienso una y otra vez. ¡Qué felices habríamos sido si los kilómetros en vez de ser eso, kilómetros, fuera la cantidad de caricias que nos habríamos dado todo este tiempo. Pero no. El pasado, pasado es. Pero claro: llevo con la misma cantinela desde que acabó el verano y ya ha llegado el frío y yo sigo igual de perdido.

viernes, 2 de septiembre de 2016

La musa que nunca conoció Van Gogh.

Nos conocen como los más locos de la ciudad porque somos dos cabras locas que han soltado por la calle. Porque nos ponemos tan tibios de cerveza con limón en la Gran vía que volvemos haciendo curvas en las rectas y hacemos rectas en las curvas. Porque tus risas se escuchan con tal volumen que levantas a los vecinos y se preguntan a qué se debe tal escándalo.

La gente nos mira mal, como si fuéramos desequilibrados mentales… Y con razón, pues ni yo tengo tu número para volver a llamarte ni tú sabes mi nombre. Yo sé que volveremos a encontrarnos. Pasa en las películas y tú eres más un personaje de película que alguien real. Pero me siento tan en paz conmigo mismo cuando estoy contigo. Es algo que no se puede explicar, no hay colores ni cuadros de Van Gogh que expliquen la paz que siento en mi interior cuando nos encontramos por casualidad en cualquier rincón minúsculo del mundo. Eres como un antídoto que elimina de un suspiro todas las cosas malas que vive el mundo. Con ese soplido te llevas por delante el hambre, la violencia, las discusiones estúpidas de pareja sobre qué ver en la televisión.


Y, amor platónico, antes de que te vayas y de que te esfumes en cuanto veas la primera seña de que el amanecer ya ha llegado te quiero pedir un último favor: róbame el sueño esta noche. Quítame las ganas de dormir y dame todas las ganas de bailar, de reírnos de esas comedias románticas en las que todo siempre acaba saliendo bien. Quédate, cenemos pizza y que sobren trozos para que tengamos algo para desayunar junto al café. Quédate despierta hasta que caigas rendida boca abajo en el sofá desnuda. Cuando eso ocurra, sabré que no hay ningún cuadro de Van Gogh que lo explique pero sí eres la personificación de La noche estrellada, tu espalda es París, y tus lunares son las estrellas. 

viernes, 19 de agosto de 2016

Despedirse

Debe ser jodido despedirse de alguien a quien quieres y a quien no sabes cuándo vas a volver a ver. Esto va como un concierto, ¿no? Se despiden pero no se van del escenario primero, después se van del escenario pero al poco tiempo vuelven por el reclamo del público hasta que se van de verdad.

No es fácil despedirse. No es fácil ese último beso o ese último abrazo que parece eterno pero se queda en eso, en una apariencia. Te quedas enganchado a esa persona igual que intentas enganchar a las agujas del reloj para que no se muevan. Pero no hay fuerza humana que detenga el tiempo. Como decía Alejandro Sanz “el tiempo corre porque es un cobarde”. Y cuando esa persona se va, cada paso que das giras la cabeza buscándola para saber si ella también se ha dado la vuelta.

Nunca es fácil ni la despedida ni su tiempo posterior. Ese viaje de vuelta en el que se te juntan las emociones con los recuerdos, y en el que ya te entra la melancolía cuando sabes que no hay nada mejor que haber estado con ella sentado en los escalones de cualquier plaza, en las escaleras de cualquier calle desconocida para los dos. Eso es lo que tiene ella, que de cualquier situación normal y corriente, a distancia o cara a cara, te crea un contexto inolvidable, de esos momentos que jamás te salen de la cabecita: las cosquillas, las bromas, las “peleas” por ver quién paga la Aquarius…


Más difícil es aún cuando los dos llevabais esperando ese momento más de mil días, más de tres años. Más difícil es aún cuando fue breve, pero tan intenso. Una calada de Marlboro, un trozo de chocolate suizo, un sorbo de ron, un ratito de paz, de felicidad verdadera. Es muy difícil. Pero también parecía imposible que se cumpliera y se cumplió. Y me gustaría creer que fue la primera de muchas. Porque necesito acostumbrarme a sus despedidas. Porque algo tan bonito no se merece una sola despedida.

viernes, 12 de agosto de 2016

Va de canciones.

Asomada estaba La chica de ayer mirando por la ventana a cien gaviotas y pensando a Dónde irán. La chica mientras tanto escuchaba en la radio a una locutora que parecía triste porque sabe que Aquí no hay playa y sí muchas Escuelas de calor. La radio tenía un volumen tan alto que retumbaba en  El ritmo del garaje y en el Cadilac solitario de La dulce niña Carolina que había dentro mientras de fondo se escuchaba un Rock’n roll en la plaza del pueblo.

Las cien gaviotas volaron hasta encontrar a un Feo, Fuerte, Formal que resultó ser el Amante bandido de Carolina, quien había tardado 19 días y 500 noches en olvidar a su Princesa hasta que conoció a Santa Lucía, a quien preguntó Qué hacía una chica como ella en un sitio como éste y hablaron hasta que Les dieron las diez y las once. El tipo al principio no sabía Cómo hablar pues se sentía Entre dos tierras y en el fondo cuando pensaba en Carolina seguía repitiendo No puedo vivir sin ti. Santa Lucía estaba tan Embrujada por la Noche de bohemia que Bailando consiguió hacerle sentir Libre con el Corazón Contento y que fuese Su gran noche.

Carolina seguía en el balcón mirando al Mediterráneo recordando cuando él en Venecia le dijo “Déjame” y ella no para de preguntar desde entonces ¿Por qué te vas? al Hijo de la luna. Carolina desde entonces sabe que La vida sigue igual, que Vivir así es morir de amor, diciéndole “Sufre mamón” al Maldito duende So payaso que le repite una y otra vez que son cosas de la vida y de las Maneras de vivir.


En cambio, el Hombre lobo de París vivía Sin documentos Entre dos aguas dentro de su Locura transitoria: Santa Lucía y Carolina. Cuando Santa Lucía dijo: “Quiero tener tu presencia” él le contó que Se acabó, que era Mejor seguir teniendo el Corazón Partío. Se despidió de La flaca en una Décima de segundo con Un beso y una flor antes de salir corriendo cantando: Volando voy, volando vengo…

viernes, 5 de agosto de 2016

Los cinco aros de los anónimos inmortales

Estoy preocupado. Parece como si la prensa deportiva española estuviera hechizada. En los últimos días nada más que pronuncian nombres propios que nadie conoce como Garibe Muguruza, Mireia Belmonte, Carolina Marín, Bruno Hortelano, Saúl Craviotto o Mario mola, además de pronunciar palabras de un idioma totalmente desconocido: hockey, balonmano, judo, taekwondo, halterofilia…


Mi preocupación va a más porque este hechizo lo he visto antes: hace cuatro años ocurrió algo idéntico: los mismos nombres anónimos que posteriormente dejaron de ser anónimos cuando consiguieron subir al pódium de una competición llamada Juegos Olímpicos o algo así, porque me acuerdo que en un pasado no tan lejano eran el sueño de todo deportista, y que ya en la Antigua Grecia se practicaba.

Como decía, en un pasado no tan lejano eran el sueño de todo deportista, pero los Juegos Olímpicos han perdido toda su fama (y con ella el mérito de los que participan en ellos): importa más las uñas de Cristiano Ronaldo que los récords que consiga Usain Bolt en una pista de atletismo, importa más el pelo platino de Leo Messi que las dificilísimas coreografías de Gemma Mengual y Ona Carbonell en la piscina olímpica de turno.

Y si soy sincero, a mí como periodista que soy me encantaría vivir este hechizo con forma de cinco aros, me encantaría ver la cara de Hitler cuando un chaval de color llamado Owens humilló a los atletas alemanes en 100, 200, 4x100 metros y salto de longitud, me encantaría volver a ver a un tiburón en la piscina como Michael Phelps arrasando a sus rivales, o volver a ver reivindicaciones políticas tan maravillosas como a Hassiba Boulmerka en Barcelona ’92 consiguiendo la primera medalla de oro para Argelia  en unos Juegos Olímpicos y celebrarlo llena de rabia desafiando todo el machismo de su país mirando a cámara.


Quiero vivir ese hechizo, y sentirlo de tal forma que consigamos por fin entender que los nombres mencionados en el primer párrafo no deben ser anónimos sino inmortales, y que algunos de ellos representan a algunos de los mejores deportistas españoles de la historia. Que muchos y muchas de nuestros deportistas merecen un Princesa de Asturias por ser verdaderos ganadores del deporte español y no se les da ni bola.
 Que empaticemos por ejemplo, con el triatleta Mario Gómez Noya y otros tantos que han sufrido una lesión que les impide disputar los Juegos cuando habrán estado entrenando ¿meses? ¿años? de cara a intentar conseguir una medalla, de intentar conseguir que en Río de Janeiro suene el himno español. 


martes, 19 de julio de 2016

Estar a tu lado es soñar.

Una llamada. Podría ser una llamada más, pero no, no lo es. Es una llamada especial. Han pasado tres años y nunca la has tenido tan cerca como la tienes en ese momento. La tienes tan cerca que cuando no la encuentras con tu vista te empiezas agobiar y por eso la llamas. Andas para arriba y para abajo por mitad de la calle buscándola con tu mirada pero no la encuentras. Te tranquiliza oír su voz, pero al mismo tiempo te agobia. Cuanto más te tranquiliza más deseas escucharla por primera vez en tu oído. Sin móviles, sin ordenadores.

Caminas para arriba y para abajo, perdiendo el norte, sin saber ya hacia qué punto cardinal andas. Te sientes tan perdido y controlado por sus ganas de verla que tu mirada perdida ve a una persona en la larga distancia. ¿Y si fuera ella? Está de espaldas, y parece que está hablando por teléfono. Andas despacio, pero con el corazón a mil por hora. Cuanto más te acercas estás más seguro de que es ella. Cada paso es un segundo menos. Cada paso escuchas una voz que te recuerda más familiar. Sí, es su voz, sí, es ella. Ella no para de dar vueltas sobre sí misma buscándote sobre la multitud. Y mareada de tantas vueltas con el móvil en su oreja, un segundo antes de que tu mano contacte con su piel, vuestras miradas se cruzan, por primera vez. ¿Cuántos días habrán pasado desde que os conocisteis? ¿Y cuántos habrán pasado esperando ese momento?

Antes de que por fin llegue el abrazo más esperado, a ella sólo le preocupa una cosa: colgar la llamada. Y cuando colgáis, no se espera ni un segundo, se tira a tus brazos con todas tus ganas, sin fantasmas y sin miedos. Cuando te abraza de una forma tan efusiva, te da igual todo: las muchas horas de sueño que llevas encima, el calor, la gente, todo. Te agarra con toda sus fuerzas porque necesitaba desahogarse todas esas ganas de abrazarte y que no pudo hacerlo en su momento, todas esas cosas que te quiso decir cara a cara y que no pudo porque nunca habéis podido quedar y tomar algo, ir a dar una vuelta o a perderos por el mundo una noche de verano.

Fue una mañana. Ojalá hubiera sido un día. Ojalá hubiera sido una semana, un mes, un año, o una vida. Fue un rato en el que algunas cosas salían bien y otras no tan bien. Pero daba igual todo lo que saliera mal. Estabais tú y ella. Ya era hora de que por fin pudierais estar tú y ella. Ya era hora de poder disfrutar un rato. De poder cogerla de la mano, de poder atacar su cuello cual tiburón, de poder morder sus labios con todas esas ganas que llevas aguantando todo este tiempo. De tener el privilegio que no tienen los demás de acariciar su pelo, de no tener palabras para poder expresar la paz que sentías dentro de ti en ese momento. Fue una mañana. Y pasó con tal velocidad que ya quieres que llegue la segunda vez. Y que sea mucho más duradera, que sea eterna, que sea igual de maravillosa que la primera. Aunque mientras esté ella, la vida será así aunque os separen siete océanos.

sábado, 28 de mayo de 2016

Un deseo

No creo en la reencarnación. No creo en dios y no voy a creer nunca. Pero si en algún momento perdiera la poca cordura que me queda y me diera por creer en estas cosas, quiero pedir el deseo de reencarnarme en ella.

Me gustaría ser ella en otra vida porque es un ejemplo en todo: un modelo de vida como persona, como estudiante, como amiga, como amiga con derecho a roce y hasta como compañera de asiento en el AVE. Y porque ella es una perseguidora constante de esperanza: hablan mal de ella, la golpean, la insultan, le escupen, y ella sigue allí, persiguiendo lo que quiere, como si no hubiera pasado nada. Tiene la espalda llena de arañones y ahí sigue ella, al pie del cañón, impoluta, plantando cara a las cosas, de frente, sin miedo a nada.

No tiene miedo a nada, y sale mañana tras mañana a comerse el mundo. Y no sé cómo lo hace pero todo lo que se propone lo consigue, aunque no le salga a la primera, aunque no le salga a la segunda, nunca tira la toalla. Si en otra vida quiero reencárname en ella el motivo es precisamente ese: que yo soy un desastre que a la mínima me agobio, me encierro en mi negatividad y ya no soy capaz de pensar que voy a ser capaz de sacar las cosas adelante. Y ella es todo lo contrario: ella tiene esa puta manía de sonreír incluso cuando las cosas van a contracorriente  que me enloquece al mismo tiempo que me desespera de una forma bestial. ¿Saben por qué me desespera? Porque ella hace de su permanente sonrisa su estilo de vida. Y cuando ella tiene un mal día no agacha la cabeza. Ella sonríe, sonríe y sigue sonriendo. He pensado ya demasiadas veces que está como una puta cabra, pero supongo que ya me he acostumbrado. Muchos le dicen que no tiene motivos para hacerlo y ella sigue sonriendo hasta conseguir hacerles comerse sus palabras.


Le dicen eso porque no soportan que ella sea así. No soportan que ella tenga esa valiosísima virtud de estar siempre intentando buscar el lado bueno de las cosas (aunque a veces eso sea un ejercicio de imaginación muy grande), que nunca se siente desanimada, que cuando tiene un error no ha pasado ni una décima de segundo y ya está ella intentando arreglarlo. Porque ella es así: alegría, pura sonrisa y adrenalina. Si no fuera así, ¿ustedes creen que sería una casualidad que el color de sus ojos sea verde esperanza? Pues no.

lunes, 16 de mayo de 2016

Rubia traviesa

Somos gente que podemos vivir independientemente del resto, pero como una persona te entre por los ojos, estás perdido. Te vas a convertir en un juguete de control remoto dominado por ella. Y yo me siento totalmente subordinado por aquella rubia traviesa. Admiro de ella que debe tener agujetas en los músculos de su cara porque se pasa el día sacando a pasear su sonrisa, y así es difícil respirar de forma normal cuando estás al borde de la taquicardia.


Algo tiene que tener la rubia traviesa para que hasta los que queremos ir de duros por la vida nos sintamos seducidos y perdidos cuando ella aparece. Algo tiene que tener que todos nos preguntamos, pero que nadie es capaz de sacar la respuesta, siquiera deducirla. Últimamente me estoy dando cuenta de que cometemos un error muy grave y es que intentamos explicar racionalmente los sentimientos, cuando eso es algo que no se puede explicar: la única manera de entender esa locura que te remueve el estómago es vivirla. Y háganme caso: ustedes nunca van a entender lo que siento cuando ella entra, cuando ella expone sus motivos sobre su descontento con el artículo 32.2 de la Ley de Propiedad Intelectual o ella se baja despidiéndose del autobús.

Debe ser que ella no es una más. Que ella debe ser algo parecido a una de esas que salen en las películas o una de esas modelos de Victoria’s Secret. O que cuando sus ojos oscuros miran al sol y sus ojos brillan cualquier cosa en el mundo está a punto de suceder: un terremoto, una tormenta de arena, o hasta el castillo de naipes más antiguo del mundo podría estar a punto de caerse con tal de admirarla aunque sea una milésima de segundo. O que ella es la reina de la noche, y su reinado es algo que no cuestiona nadie, porque todo quien lo cuestione sabe que no tendría razón, que quedaría retratado, porque ella sencillamente es espectacular, única para este mundo donde dominan las personas que intentan parecerse unas a otras, y ella domina porque sabe que como ella no ha habido, no hay, y no habrá nadie.


Y repito: como caigas un instante con ella: en el ascensor, en el autobús o cruzándote con ella por la calle, no va a haber quien te salve ni te consiga sacar de ahí. Y aquel instante es el que va a estar acompañándote el resto de tus días, es el que va arrebatar tus horas de sueño y es el único nombre propio en el que vas a pensar qué o quién significa para ti la felicidad. Y repito: no intentes explicar qué es lo que tiene ella porque simplemente es imposible, una utopía. Y repito: la única manera de llegar a entender esta travesura es vivirla y sentirla.

lunes, 9 de mayo de 2016

Pesadilla maquillada

El reloj de la pared acaba de hacer acto de presencia. Son las cinco de la mañana, y acaba de llegar. Lo sé porque lo he oído, porque ha sonado el portazo a pesar de que ella ha intentado que no sonara. Y lo sé porque en cuanto ha intentado pasar la puerta del recibidor su cuerpo, renqueante por esa combinación que a mí me olía a ron, vodka y cerveza se ha tropezado con mi cuerpo.

-¿De dónde vienes?- Le pregunto.

+A ti qué coño te importa, ¿eh?- Contesta sin siquiera levantar la cabeza, no es ni capaz de mirarme.- Que estemos casados no implica que tenga que contártelo…

No puedo resistirme. Esa respuesta tan vacilona hace que con mi mano derecha la golpeé con toda la rabia y con todo el odio que siento. Ella intenta devolverme el golpe pero su estado de embriaguez y mi brazo no se lo permitimos. En cuanto levantó su brazo lo agarré con fuerza y la empujé al suelo. En este momento no puedo controlarme, no soy capaz de pensar con la cabeza, solamente soy capaz de pensar con el corazón. Ella llora y suplica que no le haga daño, pero dentro de mí solo hay una sensación de silencio absoluto.

Es cierto que no estábamos pasando por nuestro mejor momento, pero pensé que saldríamos adelante. Nunca me atrevería a hacerle daño, de hecho es la primera vez que le he levantado la mano. Nunca le he gritado, ni la he amenazado, pero me siento muy dolido y traicionado. Todo lo que he hecho por ella para que ahora me lo pague de esta manera.

-A saber con quién te habrás acostado, pedazo de zorra- Le reprocho y al mismo tiempo mientras ella está en el suelo tapándose la cabeza no paro de patear su cuerpo como si de una pelota de fútbol se tratase- Todo lo que he hecho por ti, ¿y me lo pagas de esta manera? Ahora te vas a enterar de lo que es bueno.

Y es verdad. Por ella lo he dejado todo: mi familia, mis amigos, mi trabajo, mi ciudad… Aquella noche de invierno madrileña el que perdió la razón de ser fui yo, que acabé volando detrás de esa falda marrón y de sus medias oscuras. Aquella noche fría en la que hicimos sudar a las sábanas fue la primera de otras muchas en las que me di cuenta que la única manera de que perdiera el miedo a todo, y que dejara de sentirme acomplejado era entregar las llaves de mi vida a ella. Y desde ese momento ella siempre ha sido espléndida, nunca me ha fallado, siempre ha estado ahí, y ella misma se ha decidido a ser la más segura entre nosotros dos. La más, pero aún así, en la cama era distinto. En la cama no sabemos ni cuándo ni cómo, llegamos a un acuerdo en el que yo era el amo y ella era mi sumisa. Pero  no sé qué me pasaba, lo que pasaba en la cama se fue extendiendo hasta nuestras vidas cotidianas. Y yo dejé de ser yo: ya no me reconocía, mientras ella dormía yo no era capaz de pegar ojo. Me fui infiel a mí mismo. Quería que estuviera siempre junto a mí, que nunca me abandonase. Quería atarla a mi vida como la ataba cuando hacíamos el amor. Cada vez estaba más encima de ella, cuando salía sin decirme nada y regresaba le preguntaba adónde iba, y cuando ella me respondía yo no confiaba a en su respuesta.

No la culpo por haber conocido a otro. Últimamente las cosas se estaban tensionando y parecíamos abocados a una situación que parecía no tener fin. Esta no es la primera vez que salía y no me decía de dónde venía, pero sí era la vez que más tarde había regresado. No eran una ni dos veces aisladas, eran muchas, y cada vez más continuas. No solamente era esto. Las facturas del teléfono habían aumentado el doble a lo que era antes en un par de meses, y ella lo achacaba todo a que se trataba de un error de la compañía y ella diría que se encargaba, pero luego dejaba pasar el asunto hasta que yo no me diera cuenta. Es normal. Yo siempre he vivido siendo un fracaso absoluto, acostumbrado a la frustración y a la decepción. Es algo realmente jodido cuando te sientes inútil, rechazado por el mundo, como si no tuvieras nada que ver con el resto de las personas. Aún así, un rayo de luz me cegó los ojos brevemente cuando la conocí. Es como si de repente todo lo que era “no” fuera “sí”. Si antes de conocerla solamente tenía ganas de pagar mi frustración con todos los objetos que encontraba a mano, con ella esos momentos quería cambiarlos por abrazarla. Abrazarla y quedarme dormido. Nunca he sabido responder a qué ha visto ella en mí y que nadie más ha sido capaz de ver. Seguramente la respuesta esté en este momento: ella se ha dado cuenta de haber vivido embrujada sin argumentos el tiempo que llevamos juntos y ha decidido buscar otro mejor. ¿Habrá sido esta noche? ¿Llevarán mucho tiempo juntos? Pero no se lo voy a permitir. La necesito a mi lado, la necesito para sobrevivir. Sin ella no soy nadie, y ni siquiera sería capaz de seguir adelante. Las ocho letras que adornan su nombre es lo único que me motiva para seguir adelante.

-¿Por qué no me respondes? ¿Quieres que te lo diga yo? Porque seguro que has estado follándote a otro.-le recrimino mientras sigo golpeando sus costillas empezando a jadear por el cansancio.

Ella no para de suplicarme que pare, pero no puedo. Por mucho que la cabeza me pide que pare, mi corazón me late y me pide que le pegue al son en que me late. A la cabeza y no sé muy bien por qué se me viene una noticia que he leído en el periódico. Un hombre ha matado a una mujer después de mantener con ella brutales relaciones sexuales y ella estaba en estado casi inconsciente después de haberse tomado varios tipos de pastillas a la vez. “La voy a reventar y después voy a acabar con su vida, se lo ha buscado por ser tan puta. Todo lo que he hecho por ella y ahora me ha demostrado ser como todas, una que solo sirve para dejar la casa limpia y para follar” pienso antes de frenar. Mientras ando hacia el salón oigo como ella se intenta levantar apoyándose en el mueble de la entrada. Siento tanto odio y asco que en ese momento me doy la vuelta, corro hacia donde está ella y la pateo con toda la furia que siento, y ella se queda en el suelo, quieta, sin aire, sin respirar. Cuando llego a mi habitación busco las llaves del garaje. Me la voy a follar, sí, y será tan memorable, que ni siquiera podrá vivir para contarlo.

El garaje es un sitio al que vamos poco. Solamente hay cajas de la mudanza y el coche. El coche lo compramos cuando nos mudamos a Bélgica. Como no teníamos mucho dinero, decidimos buscar uno de segunda mano, y conseguimos uno que estaba bastante bien. Qué tiempo tan feliz. Era la época en que yo todavía no dominaba el idioma ni había encontrado trabajo. Aún así el coche tampoco lo usábamos mucho. Cuando en verano volvíamos a Madrid y no muchas veces más. Yo voy al trabajo en autobús y ella se queda en casa con las tareas hogareñas. El maletero del coche no es muy espacioso y como lo usamos solo durante el verano, durante el resto del año podemos guardar la compra, u objetos que no podemos guardar en casa. ¿Sabéis con qué voy a anular a esa guarra? Con la cadena de hierro que hay en el fondo del maletero.

Bajo al garaje con un caminar tranquilo, como si no tuviera prisa, como si no hubiera pasado nada ni estuviera a punto de ocurrir algo. Abro la puerta, enciendo la luz y desbloqueo el coche con el mando a distancia. Subo la puerta del maletero y tengo que estirarme para alcanzar y coger la cadena. Está acompañada de un poco de polvo pero no hay tiempo. Tengo que subir, no quiero que se haya despertado y haya llamado a la Policía. Cuando vuelvo sí tengo prisa, tengo tanta prisa que subo corriendo, sin cerrar el coche, sin cerrar la puerta ni apagar la luz.

Al subir ella todavía está inmóvil en la puerta, aunque cuando busco su pulso sí que reacciona. “¿Por qué hemos tenido que llegar a tal extremo?” La pregunta no para de girar sobre mi cabeza, aunque no puedo volver atrás. Ella me ha traicionado y ahora le tengo que dar su merecido. Que lo hubiera pensado antes de jugar con mis sentimientos. Cojo de sus pies y arrastro su pequeño cuerpo hasta cerca del sofá para tumbarla bocarriba sobre él apoyando sus piernas sobre el reposabrazos izquierdo. Levanto sus brazos, desabrocho el primer botón de sus vaqueros, bajo la cremallera y con fuerza se los quito. Cuando lo hago me encuentro con la prueba de que ha estado con otro. Sus bragas rosas están húmedas. Ese fue el momento en el que sentí más ira. Y esa ira en aquel momento no podía desahogarla con golpes, solamente era capaz de desahogarla con lágrimas. “¿Cómo ha podido hacerme esto?” Me sentía tan incrédulo, solamente tenía ganas de dejar de vivir. Pero no podía, me sentía tan enrabietado que necesitaba destrozarla. La desnudé totalmente de cintura para abajo y con la otra mano descendí hasta mis rodillas el pantalón del pijama.

Ni siquiera dilaté su vagina. No me importaba. Me sentía tan herido en el corazón que me daba igual que me doliera ahí abajo. Quería que ahora ella experimentara ese dolor. A pesar de tener pulso, no era capaz de reaccionar, no era capaz siquiera de reproducir algún tipo de gemido. Paro por un momento para coger la cadena que he soltado en la mesa del comedor. Vuelvo al sofá, y aunque en un principio me cuesta hacerlo, empotro la cadena contra su cuello. Y en ese momento y en esa situación es cuando decido metérsela más fuerte. Siento tanto placer como nunca lo he sentido en mi vida. Es una pena que sea un placer tan agridulce.

Estuvimos allí haciéndolo durante diez ó quince minutos hasta que paré por no sentir reacción en ella. Ya nada tenía sentido. Había vuelto a perder el pulso y yo sabía que aquella vez era de verdad. Que en aquel momento murió. Es en ese tipo de momentos cuando uno se da cuenta de que los errores se pueden llegar a pagar muy caros. Cuando paré yo sabía que ya todo había terminado, o casi todo. ¿Qué sentido tiene todo? He acabado con aquello que me daba ganas de vivir, y además he acabado haciéndole daño, que es todo lo que ella no hubiera querido que yo le hiciera. Me senté en el suelo con las rodillas flexionadas y con las manos apoyadas en la cabeza, pensando sobre todo: sobre el pasado, sobre el presente, y sobre el futuro. Pero, ¿cuál futuro? La he matado, y el único futuro que puede esperarme es estar veinte años entre rejas por haberle hecho daño a la persona que más he querido.


Ya nada tiene sentido. La única solución es acabar con toda esta historia. Camino hacia la cocina. Al encender la luz me doy cuenta de que está amaneciendo. Saco del tercer cajón un cúter para luego volver hacia su cuerpo. Me siento sobre ella, y clavo sobre mis venas el cúter. Es el mayor castigo que me puedo merecer por todo lo que he hecho. Por haber tratado así al amor de mi vida. Es realmente una lástima. Con lo felices que éramos…

viernes, 6 de mayo de 2016

Aerofilia y aerofobia.

“¿Saben? Mi vida era perfecta. Y gran parte de la palabra perfecta se la podría atribuir a ella: no les voy a hablar de medias naranjas ni de Romeos y Julietas, solamente voy a hablarles de gotas de agua: es imposible que dos gotas de agua sean iguales. Como lo imposible es algo por definición posible, apostaría todo el dinero que tengo y que posiblemente nunca tendré en que somos iguales.

Tan similares que tardamos meses en enterarnos que éramos un complemento perfecto para la otra persona: y si algo puedo decir es que antes de ella perdía el tiempo en cualquier tontería, dejando la vida pasar, y desde que apareció ella me di cuenta que cada segundo de nuestra vida es importante. Aquella importancia hacía que quisiera vivir un ritmo alocado con ella, sin un segundo que perder. Día a día, minuto a minuto, suspiro a suspiro me daba cuenta que ella lo tenía todo: una belleza descomunal, un ingenio innato, y una forma de hacerme enloquecer que nadie había conseguido hacer antes: como si sacase de mi camisa un león hambriento por comerse su piel cada vez que la desabrochase.

“Pero”. Putos “peros”. Casi siempre suele haber uno, y casi siempre quieren significar algo malo. Por mucho que nos amábamos como locos sin cabeza, cada uno tenía una forma de pensar. Ella quería viajar, conocer el mundo, ir a ver sitios donde a lo mejor la gente conduce por la izquierda, o lugares donde la gente calla más que habla. Y yo, pues no quería volar tanto, o por lo menos no quería volar tan alto. El cuento de hadas de ella imaginaba un final feliz fuera de casa, y yo lo veía de casa. Y yo hablándoles estos dos párrafos y medio de sentimientos cuando no podíamos ser felices por nuestra forma de pensar: qué macabro, ¿no?


Mi vida era tan perfecta que ahora les he cogido asco a los aviones, a los programas esos de la televisión en los que sale gente de aquí por todas partes del mundo, a las agencias de viaje… Mi vida era perfecta, aquí con ella. Y mi vida aquí sin ella no llega casi ni al final del primer acto. ¿Saben qué será lo peor? Que nos amamos. Y que ella estará en cualquier lugar del globo y sé que nos seguiremos amando. Y que cuando vuelva al país aunque sea de manera efímera y nos crucemos por la calle no tendré la valentía para mirarla a la cara, y sé que ella tampoco será capaz. Porque culpa tuvimos, tenemos y tendremos los dos. Así es la vida, ella tan aerofilia y yo tan aerofobia” 

jueves, 21 de abril de 2016

Nunca dejes de creer

Dice mi profesor de psicología que usamos el deporte como modo de abstracción. Mientras vemos un partido de fútbol o de baloncesto no pensamos en política, no pensamos en nuestros dilemas personales o en qué vamos a hacer al día siguiente. Igualmente, el deporte es algo tan importante para nosotros porque simboliza un gran sentimiento con el que nosotros sentimos empatía.

Cada vez estoy más convencido que el equipo que mejor representa esa empatía es el Atlético de Madrid. El club colchonero desde antes de la llegada de su actual entrenador era un equipo de capa caída, instalado en la zona media a veces alta, y a veces baja, pero que su actual éxito tiene nombres y apellidos: Diego Pablo Simeone. El argentino ha conseguido gracias a la filosofía del Carpe Diem o del Partido a Partido instalar a sus jugadores en la élite del fútbol mundial, quizás sin tanto dinero (y jugadores que te hagan jugar a un juego de ataque) como los equipos de esta aristocracia pero sí con ambición, humildad y con espíritu de ganador.

Una diferencia importante de la que nadie se da cuenta es que los baches de Real Madrid y Barcelona es porque cuando juegan, atacan once y defienden ocho, porque ni Messi, ni Suárez ni Neymar defienden en Can Barça y ni Bale, ni Benzema, ni Cristiano Ronaldo defienden en el Bernabéu. Simeone ha hecho de su equipo una auténtica piña, donde nadie es indiscutible, donde todos corren por igual, y donde nadie es más importante que nadie. Simeone igualmente ha conseguido llevar a la hinchada de su equipo desde un pesimismo absoluto (aquella mítica frase de “¿por qué somos del Atleti?”), a malacostumbrarla a ganar o por lo menos a pelearles de tú a tú a los que antes casi les rendían pleitesía.

El caso más significativo del Efecto Simeone puede ser Fernando Torres: cuando ‘El niño’ se retire, seremos muchos los que no nos acordemos que cuando volvió al Calderón, estaba cedido y dedicado ya a la mala vida en Milán. Torres volvió al Calderón y recuperó la ilusión hasta el punto de estar ahora en uno de los mejores momentos de su carrera.

Por eso, el Atleti tiene algo que te hace decir: “joder, qué h… tienen estos del Atleti”, te hace ir con el Atleti en un partido donde no juega tu equipo. El Atleti ha conseguido que su afición vuelva a rugir, acabar con los más de quince años que llevaban sin ganar al Madrid y que ahora sean los merengues los que sientan complejo de inferioridad cada vez que pisan el terreno de los indios. Ha conseguido que sus partidos con Barcelona y Real Madrid sean tan importantes como los Barça – Madrid.


Como el fútbol es un deporte irracional, que a veces te compensa y a veces no, si bien el Atlético de Madrid consiguió el utópico hito de ganar una Liga, al Atlético de Madrid le debe una Copa de Europa: quizás más por lo que pasó en 2014 que por lo que pasó contra el Bayern de Munich. Ese gol de Ramos en el 93’ dolió a mucha gente no seguidora de los rojiblancos, pero esa humildad de la que hablaba la demostró Simeone, cuando ya siendo perdedores y hasta goleados, pedía a sus jugadores que no bajasen la cabeza, porque no tenían nada de lo que avergonzarse. Lo habían dado todos. Y tengo la sensación de que el fútbol este año, no sé si con la Liga o con la Liga de Campeones, le va a devolver la fortuna que le quitó hace dos años. Porque “si se cree, y si se trabaja, se puede”. Y “nunca dejes de creer”. 

lunes, 11 de abril de 2016

¿Y si...?

Por fortuna o por desgracia, así eres tú, así soy yo, y en general, así somos todos nosotros. Nos tiramos mucho tiempo de nuestra vida pensando en condicional, pensando en los famosos “¿y si?”: “¿y si llego a tiempo?” “¿y si le pasa algo?” “¿y si Madrid organiza unos JJ.OO?” Pensamos así porque creo que el mejor defecto que podemos tener las personas es la inseguridad. ¿Hay algo que nos haga más imperfectamente perfectos que dudar de algo?

Nos tiramos toda la vida pensando en el condicional, ya sea el primero, el segundo o el tercero, en que va a pasar algo, y lo único que pasa es la vida. Cuando por fin despejamos las dudas del “¿y si?” nos damos cuenta incrédulos y con las manos en la cabeza de que ya estamos pensando en el pasado de ese condicional: “¿y si hubiera llegado a tiempo?” “¿y si le hubiera pasado algo?” “¿y si Madrid hubiera organizado unos JJ.OO?”

Igualmente es comprensible que pensemos así: muchas veces dejamos nuestras decisiones en manos de algo tan arbitrario e imparcial como puede ser el tiempo, siendo ello más peligroso que irte al casino con los ojos vendados y tener que apostar entre rojas y negras. Y el tiempo, igual que la vida y otras tantas cosas, a veces te quita algo merecidamente, y otras veces te da algo sin que hayas hecho ningún mérito para conseguirlo.


Siendo sinceros: nunca vamos a lograr controlar el comportamiento del tiempo. A veces racional, a veces irracional, estamos hablando de algo más caprichoso y juguetón que “La chica de ayer” de Nacha Pop. Por mucho que le digamos que “ahora no podemos jugar”, nuestra cabeza va a estar eternamente dando vueltas y persiguiéndolo. 

viernes, 1 de abril de 2016

Sol.

Siempre se ha dicho que el mejor amigo del hombre es el perro. Una opinión personal que tengo es que el mejor amigo del ser humano es el sol. Sí, esa cosa brillante que está encima de nosotros durante muchos momentos del día.

¿Por qué? Bueno. Lo primero que tengo que decir es que el sol es el mejor amigo que hay. Siempre está hay con nosotros. O casi siempre. Hasta que se va a dormir. Si estuviera más pendientes de sus amigos que de sí mismo, posiblemente sería un mal amigo de sí mismo.

Otro motivo por el que reivindico la amistad con el sol es algo sencillo: siempre está ahí, siempre está callado pero está ahí dispuesto a darte apoyo: haga frío o haga calor. Estés contento o triste, está siempre hay para con sus rayos no dejarte solo. Y todo ello a sabiendas que es nuestro amigo más lejano. No hay nadie que viva más lejos que nosotros. Tan lejos que no podemos abrazarlo, pero él si tiene capacidad de sobra para poder abrazarnos. Abrazarnos tan fuerte que puede hasta perjudicarnos, que puede hasta quemarnos por el ímpetu de sus rayos.

Por ello, nosotros no podemos ir a buscar al sol. Pero el sol viene todas las mañanas a buscarnos a nuestra cama. Hasta los días que llueve, el sol abre la puerta de nuestro cuarto, levanta las persianas y nos da los “buenos días” cual madre o padre con sus hijos ya sean de cinco o de trece años.

Y el sol, nunca, pero nunca nos deja solos. Nos acompaña cuando el frío consigue pintar de nieve la ciudad, cuando nuestro cuerpo tiene una pelea eterna con el calor extremo o cuando hacemos un viaje a cualquier lugar del mundo. Quizás ese sea el mejor motivo que explique por qué es nuestro mejor amigo. Como dice la canción, nunca caminaremos solos, y ese nunca está directamente relacionado con el Lorenzo.



Igualmente, nuestro mejor amigo destaca por su fortaleza. El sol por obligación cuando se cae, consigue levantarse, sí o sí, es capaz de volver, y con más fuerza que nunca. Incluso cuando la tormenta trae la tempestad y golpea al sol, cuando la tormenta se va, ese sol maltratado volverá a traer la paz y la calma dentro de nosotros. 

domingo, 27 de marzo de 2016

El beso.

Todos los días era lo mismo. Él la esperaba en el sótano de su casa cinco minutos antes de ser las ocho de la tarde. Él sabe que ella no va a estar ahí, ni siquiera va a estar allí cuando sean en punto. Ella, juguetona como ninguna, aparecería cuando el número fuera capicúa: Las 20:02 horas. Él mira el reloj todos los días desquiciándose porque no le gusta que le hagan esperar, pero sabe que allí aparecerá, a sus espaldas en el sótano. Es capaz de reconocer quién es porque cuando ella llegue, va a colocarse a sus espaldas, e intentará asustarle soplando su nuca cuando esté a un paso de él. Y sabrá que es ella porque ese soplido seguirá teniendo sabor a café.

Cuando ambos sin mirarse sepan de la presencia del otro, será él quien pulse el play del equipo de música, y empezará el tango: “Si un mar separa continentes, cien mares nos separan a los dos”. Y cuando él se gire, se encontrará de golpe con ella, que pondrá una sonrisa, y le mostrará sus manos para que él las agarre y comiencen a bailar, mientras el tango no para de sonar con esa melodía juvenil cual dos niños corriendo traviesos por el parque. “Que en esta canción, derrite mi voz, así es como yo traduzco el corazón”.

El baile comienza. Y ambos comienzan a moverse por toda la habitación de forma lateral, con sus manos agarradas con toda la fuerza que les permitía su pasión, sonriéndose hasta que él le susurra el estribillo del tango: “Me llaman loco por no ver lo poco que dicen que me das, me llaman loco por rogarle a la luna detrás del cristal, me llaman loco si me equivoco y te nombro sin querer, me llaman loco por dejar tu recuerdo quemarme la piel...Loco, loco, loco, loco, loco”. Ella sonreirá y su cara se pondrá colorada, tan colorada que intentará callarle con un beso, pero él llegará a tiempo para separar una de sus manos y colocarle el dedo índice en sus labios como señal de silencio.





Pero ya no estarán pendientes del baile. Ella estará ya tan perdidamente enamorada que de un empujón le tirará al suelo, ella se caerá encima de él, morderá su labio por unos instantes y luego ambos seguirán bailando y dando vueltas por el parqué. El tango, que parece menospreciado y en un segundo plano, sigue pidiendo que le hagan más caso: “Pero si yo pudiera darte el beso sabrías como duele este amor”.







Ambos estarán allí, rodando juntos por el suelo, besándose, acariciándose, desnudándose, y escuchando tangos  hasta que ella se tenga que ir cuando la luz del sol aparezca por la ventana del sótano. Ella se marchará, pero antes de irse ella promete que volverá por la noche, y quedarán a la misma hora. Y cuando ella abra la puerta para irse, pronunciará su nombre, y dirá la última frase del tango, que ha vuelto a sonar de nuevo: “Para mi locura no existe una cura que no sea tu boca que abre el mundo que yo derrumbo si te marchas sola”.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Espalda del miedo.

Ya casi cuando la Macarena está poniendo la Cruz de Guía en la Campana, nos encontramos de nuevo con un atentado del Estado Islámico. Lo de nuevo casi podría ser discutible, porque desde el 11S, ha pasado en muchas capitales mundiales: Madrid, Londres, París, Nueva York, y ahora Bruselas. Es un buen momento para recordar que el miedo que ahora mismo sentimos cada uno de nosotros es el miedo que sienten a diario las personas que viven en países como Siria.

También es un buen momento para recordarles a algunas personas algo muy sencillo: ni todos los vascos son “etarras” ni todos los musulmanes son terroristas. En otra cosa no, pero en etiquetar a la gente somos líderes indiscutibles. Lo digo porque ya hay gente de derechas pidiendo que tratemos a los musulmanes cual judíos en Berlín durante la Segunda Guerra Mundial. Es esto especialmente gracioso porque el Estado Islámico es un grupo fascista, y cuando les sueltas ese argumento ya están hablando de la URSS y de lo malo que es Pablo Iglesias. De hecho esta mañana en la M30 un grupo ultraderechista ya ha atacado una mezquita.

Después de lo de Paris en noviembre Bruselas puso la alerta máxima. A pesar de ello, todos éramos conscientes de que podía y de que iba a pasar algo así. Igual que si tras lo sucedido, aquí no vamos a cambiar el nivel de alerta, parece que estamos provocando a estos seres inhumanos a que ataquen nuestra tierra, cuando estamos en la semana que estamos, si sucediera algo aquí sí que sería una tragedia absoluta y más teniendo la cantidad de gente que se acumula en el centro de algunas ciudades de España.


¿Cómo se afronta esta situación? Bueno, me gustaría contar algo que puede no tener que ver, pero tiene y mucho que ver. En Reino Unido ayer tenían previsto estrenar un documental llamado “Arabia Saudí al descubierto” donde dicho estado no salía bien parado y donde se desnudaban todas sus vergüenzas. ¿Por qué relato esto? Porque Arabia Saudí es un país donde los DDHH no se cumplen, y es el principal aliado oriental de occidente. Por ejemplo España vende muchas armas a Arabia Saudí para combatir a ISIS. Pero claro, este tipo de cosas no gusta que se sepan. Ya saben, información es sinónimo de poder.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Refugio para los que dan la cara y sanción para los cobardes (gobiernos) refugiados.

“Bajar el culo” es una expresión que usamos en el baloncesto cuando un equipo tiene la necesidad de aumentar su intensidad defensiva. 

La Guerra Civil en Siria empezó en 2011 y a estas alturas ya vive su quinto año. Más allá de la causa de la guerra, hay una consecuencia social que todos los seres humanos estamos viendo menos aquellos que forman parte de algunos poderes ejecutivos mundiales: la causa social. Muchas personas sirias o de otros países que se han visto involucrados en este conflicto huyen de sus países buscando un lugar donde poder reencontrar la felicidad y la paz arrebatada ya que ni siquiera son seguras saliendo de la calle..

Muchas de estas personas decidieron buscar en Europa mejor suerte a la obtenida en su país natal. Pero pronto se encontraron con la actitud pobre, patética y vergonzosa de la Unión Europea, que lleva mucho tiempo comprometiéndose a ayudar aunque la realidad es bien distinta: decidieron cerrar la frontera en Grecia, Hungría, Serbia y casi donde haga falta. La Unión Europea es tan consciente de su actitud que no es capaz de explicar porqué han cerrado dichas fronteras, e incluso algunas autoridades de dicha institución lo achacaban a su admiración por el Islam o por temor a que fueran terroristas. Aunque no solamente es la Unión Europea la que debería bajar el culo, ya que Estados Unidos en este asunto ha dicho más bien poco o nada.

Como los inmigrantes se encuentran las fronteras bloqueadas, muchos de ellos mueren ahogados por la pena y el sufrimiento, incluso mueren cerca de la orilla y otros muchos consiguen entrar en Europa, pero viviendo en unas condiciones patéticas, que llegan a ser hasta peores en las que vivían en sus países natales, sin agua potable, sin comida, sin luz y pudriéndose muertos de frío en cualquier lugar que encuentran.  Para que el papel del gobierno europeo no se discuta tanto, han decidido crear un Pacto, bastante ridículo por cierto, que por todo aquel que tenga empatía  y sensibilidad ya es conocido como Pacto de la Vergüenza.


Un ejemplo de esta actitud miedosa es el caso de España. Mariano Rajoy va con una actitud conservadora, que ni mucho menos es mayoritaria en el pueblo español, pero por la falta de acuerdos es lo que ha decidido el gobierno en funciones. Y es España como podría ser cualquier país. Es realmente triste que en una sociedad occidental como la nuestra que pretende ser tan abierta y tolerante, estemos excluyendo de ella a todo aquel que no comparta nuestra forma de pensar o nuestra religión, cuando sí compartimos con esas personas el tener una piel, dos ojos, dos brazos, dos piernas y un corazón, aunque esto último ya se ha demostrado parecer no tenerlo. Por favor, señores de la UE, toca acabar con toda esta pesadilla y bajar el culo.

Dibujo de @RockBallade_