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domingo, 18 de diciembre de 2016

2016

Siempre que llega la Navidad y nos preguntan por los deseos para el año siguiente. Por ello, al final todas las Navidades me parecen iguales: pedimos salud, amor, trabajo… Y al final nada se cumple: vienen unas personas y se van otras, ocurren cosas buenas y cosas malas. Sin embargo, dentro de mí existe la sensación de que este año puede ser mucho más determinante de lo que creemos.

2016 ha sido el año en el que la política nos volvió a decepcionar: en España, por primera vez votamos dos veces para elegir un presidente. En el Reino Unido, rompieron todos los esquemas decidiendo salir de la Unión Europea. Y si a eso le añadimos ese intento de golpe de estado en Turquía y que en Colombia rechazaron la paz para seguir con los enfrentamientos, y la elección de un personaje más que controvertido llamado Donald Trump… Tan controvertido como el premio Nobel de Literatura a Bob Dylan. Y el vacile que éste le pegó a los suecos al no ir a recoger el premio, pero añadiendo dos conciertos en este país.

El año que dejamos ha sido el año en el que lloramos demasiadas muertes conocidas: Barberá, Castro, Bowie, Prince, Alí, Leonard Cohen y un largo etcétera, mientras que marcamos un nuevo (y triste) récord en cuanto a inmigrantes y refugiados fallecidos. El año en el que el terror fue tan protagonista que en algunos sitios tuvieron que enterrar a gente en las calles puesto que los cementerios ya estaban repletos de inocentes fallecidos.

Deportivamente fue el año en el que el Atleti se volvió a quedar rozando la Copa de Europa, viviendo otra vez la misma pesadilla: gol de Ramos. El año en el que el Sevilla lo volvió a hacer, completó su década inolvidable. Y el año en el que decidió que cinco ya son muchas, ¿por qué no una Champions? El año en el que el “No hay palabras, solo hechos” tardó tres meses en venirse abajo, el año de la tercera o cuarta juventud de Rubén Castro y de la segunda de Joaquín. Las decisiones controvertidas también llegaron al deporte: si no, que se lo pregunten a ese equipo de baloncesto que toda la vida fue verde y rojo, y ahora es verde y blanco en su uniforme, pero sigue manteniendo su corazón de toda la vida. El año en el que España volvió a casa con la cabeza bajada en la Eurocopa, pero también los doce meses en los que los Olímpicos volvieron a hacernos sentirnos orgullosos de ellos.

También fue el año de las tragedias: el yihadismo nos metió más miedo que nunca, el Chapecoense se dejó la vida y los sueños en el aire. En verano Diana Quer desapareció causando la preocupación mayúscula de su entorno y también en verano cinco subnormales (sevillanos como yo y con un abogado más que repugnante) violaron a una pobre chica que no tuvo la culpa de nada. Cosas así hay muchas que ocurren casi diariamente, pero he citado algunas de las que más me llamaron la atención.


Personalmente, fue el año más especial. El año en el que me reencontré con el pasado, el año en el que conseguí romper barreras en forma de kilómetros, pero los kilómetros fueron demasiado para nosotros. El año en el que algunas cosas salieron a la primera intentona, otras a la segunda, y veremos si a la tercera. El año en el que no tuve miedo para elegir el tres entre éste y el cuatro. El año en que me di cuenta de lo bonita que es Galicia, pero también lo bonita que puede ser la vida en cualquier parte del mundo con esa persona que te tiene conquistado el corazón. El año en el que entrevisté a Néstor Barea, a Rafa Castaño, a la ONCE aunque no fuese algo sencillo. El año en el que me di cuenta por qué siento tanta pereza por las cenas de empresa. El año en el que abrí los ojos y vi, aprendí y sentí cosas totalmente nuevas para mí.   

lunes, 10 de octubre de 2016

Un poco de todo

La semana pasada, para justificarme algo que no tenía sentido por ninguna parte, una persona usó la siguiente frase para referirse a mi queja por el sin-sentido producido: “Ya, pero esto es así, ¿qué le vamos a hacer?” cuando evidentemente, se podría, se puede y se podrá hacer mucho más.

Esa frase tan sonante a resignación me recordó a las declaraciones del corrupto Carlos Fabra hace unas semanas cuando en mitad del ciclón PSOE que acabó con la carrera de Pedro Sánchez aseguró que “él no veía ni ‘la cuatro’, ni ‘la sexta’” y que sin embargo él era muy feliz de la vida. Joder, como para no serlo cuando te has hartado de robar. Y quien no lo comprenda, está claro que “no han entendido nada”.

Como dicen los padres, hay que comer de todo, te guste o no. Y a mí lo mismo me pasa con muchas cosas en la vida. Me gusta leer opiniones distintas a las mías, me gusta leer/escuchar/ver medios de comunicación de todo tipo de ideologías porque teniendo un poco de todo es donde vamos a ser capaces de tener una opinión fuerte y mediada. Y porque para escribir de algo que no te agrada es necesario verlo/leerlo/oírlo, no vale la pena quejarte sin saber de qué te estás quejando.
Volviendo a la primera frase, supongo que esa persona no querrá que hagamos nada contra temas como la propia corrupción, los desahucios o la violencia de género, ¿no? Porque claro, para qué vamos a hacer nada si “esto es así”, si el tener todavía más de tres millones y medio de parado es por la gracia de Dios, si que existan personajes en la política como Donald Trump es por culpa de la naturaleza o que los refugiados estén viviendo un calvario ya es directamente culpa de ellos por haber nacido allí.


Reconozco que tengo la misma facilidad para creer en imposibles que para dejar de crear en ellos. Pero sí creo con mucha fuerza en que no hay nada más potente que la voz del pueblo. Y personalmente yo, mientras pueda hacer algo por cambiar las cosas y por acabar con las injusticias que día a día se producen, todos vemos y callamos porque al final más de uno acaba creyéndose que eso lo ha producido el destino, yo estoy dispuesto a hacerlo. Quien quiera hacerlo conmigo que lo haga, pero que nadie luego diga: “pero esto es así, ¿qué le vamos a hacer?” cuando el perjudicado sea él o ella. 

viernes, 5 de agosto de 2016

Los cinco aros de los anónimos inmortales

Estoy preocupado. Parece como si la prensa deportiva española estuviera hechizada. En los últimos días nada más que pronuncian nombres propios que nadie conoce como Garibe Muguruza, Mireia Belmonte, Carolina Marín, Bruno Hortelano, Saúl Craviotto o Mario mola, además de pronunciar palabras de un idioma totalmente desconocido: hockey, balonmano, judo, taekwondo, halterofilia…


Mi preocupación va a más porque este hechizo lo he visto antes: hace cuatro años ocurrió algo idéntico: los mismos nombres anónimos que posteriormente dejaron de ser anónimos cuando consiguieron subir al pódium de una competición llamada Juegos Olímpicos o algo así, porque me acuerdo que en un pasado no tan lejano eran el sueño de todo deportista, y que ya en la Antigua Grecia se practicaba.

Como decía, en un pasado no tan lejano eran el sueño de todo deportista, pero los Juegos Olímpicos han perdido toda su fama (y con ella el mérito de los que participan en ellos): importa más las uñas de Cristiano Ronaldo que los récords que consiga Usain Bolt en una pista de atletismo, importa más el pelo platino de Leo Messi que las dificilísimas coreografías de Gemma Mengual y Ona Carbonell en la piscina olímpica de turno.

Y si soy sincero, a mí como periodista que soy me encantaría vivir este hechizo con forma de cinco aros, me encantaría ver la cara de Hitler cuando un chaval de color llamado Owens humilló a los atletas alemanes en 100, 200, 4x100 metros y salto de longitud, me encantaría volver a ver a un tiburón en la piscina como Michael Phelps arrasando a sus rivales, o volver a ver reivindicaciones políticas tan maravillosas como a Hassiba Boulmerka en Barcelona ’92 consiguiendo la primera medalla de oro para Argelia  en unos Juegos Olímpicos y celebrarlo llena de rabia desafiando todo el machismo de su país mirando a cámara.


Quiero vivir ese hechizo, y sentirlo de tal forma que consigamos por fin entender que los nombres mencionados en el primer párrafo no deben ser anónimos sino inmortales, y que algunos de ellos representan a algunos de los mejores deportistas españoles de la historia. Que muchos y muchas de nuestros deportistas merecen un Princesa de Asturias por ser verdaderos ganadores del deporte español y no se les da ni bola.
 Que empaticemos por ejemplo, con el triatleta Mario Gómez Noya y otros tantos que han sufrido una lesión que les impide disputar los Juegos cuando habrán estado entrenando ¿meses? ¿años? de cara a intentar conseguir una medalla, de intentar conseguir que en Río de Janeiro suene el himno español. 


lunes, 11 de abril de 2016

¿Y si...?

Por fortuna o por desgracia, así eres tú, así soy yo, y en general, así somos todos nosotros. Nos tiramos mucho tiempo de nuestra vida pensando en condicional, pensando en los famosos “¿y si?”: “¿y si llego a tiempo?” “¿y si le pasa algo?” “¿y si Madrid organiza unos JJ.OO?” Pensamos así porque creo que el mejor defecto que podemos tener las personas es la inseguridad. ¿Hay algo que nos haga más imperfectamente perfectos que dudar de algo?

Nos tiramos toda la vida pensando en el condicional, ya sea el primero, el segundo o el tercero, en que va a pasar algo, y lo único que pasa es la vida. Cuando por fin despejamos las dudas del “¿y si?” nos damos cuenta incrédulos y con las manos en la cabeza de que ya estamos pensando en el pasado de ese condicional: “¿y si hubiera llegado a tiempo?” “¿y si le hubiera pasado algo?” “¿y si Madrid hubiera organizado unos JJ.OO?”

Igualmente es comprensible que pensemos así: muchas veces dejamos nuestras decisiones en manos de algo tan arbitrario e imparcial como puede ser el tiempo, siendo ello más peligroso que irte al casino con los ojos vendados y tener que apostar entre rojas y negras. Y el tiempo, igual que la vida y otras tantas cosas, a veces te quita algo merecidamente, y otras veces te da algo sin que hayas hecho ningún mérito para conseguirlo.


Siendo sinceros: nunca vamos a lograr controlar el comportamiento del tiempo. A veces racional, a veces irracional, estamos hablando de algo más caprichoso y juguetón que “La chica de ayer” de Nacha Pop. Por mucho que le digamos que “ahora no podemos jugar”, nuestra cabeza va a estar eternamente dando vueltas y persiguiéndolo. 

miércoles, 16 de marzo de 2016

Refugio para los que dan la cara y sanción para los cobardes (gobiernos) refugiados.

“Bajar el culo” es una expresión que usamos en el baloncesto cuando un equipo tiene la necesidad de aumentar su intensidad defensiva. 

La Guerra Civil en Siria empezó en 2011 y a estas alturas ya vive su quinto año. Más allá de la causa de la guerra, hay una consecuencia social que todos los seres humanos estamos viendo menos aquellos que forman parte de algunos poderes ejecutivos mundiales: la causa social. Muchas personas sirias o de otros países que se han visto involucrados en este conflicto huyen de sus países buscando un lugar donde poder reencontrar la felicidad y la paz arrebatada ya que ni siquiera son seguras saliendo de la calle..

Muchas de estas personas decidieron buscar en Europa mejor suerte a la obtenida en su país natal. Pero pronto se encontraron con la actitud pobre, patética y vergonzosa de la Unión Europea, que lleva mucho tiempo comprometiéndose a ayudar aunque la realidad es bien distinta: decidieron cerrar la frontera en Grecia, Hungría, Serbia y casi donde haga falta. La Unión Europea es tan consciente de su actitud que no es capaz de explicar porqué han cerrado dichas fronteras, e incluso algunas autoridades de dicha institución lo achacaban a su admiración por el Islam o por temor a que fueran terroristas. Aunque no solamente es la Unión Europea la que debería bajar el culo, ya que Estados Unidos en este asunto ha dicho más bien poco o nada.

Como los inmigrantes se encuentran las fronteras bloqueadas, muchos de ellos mueren ahogados por la pena y el sufrimiento, incluso mueren cerca de la orilla y otros muchos consiguen entrar en Europa, pero viviendo en unas condiciones patéticas, que llegan a ser hasta peores en las que vivían en sus países natales, sin agua potable, sin comida, sin luz y pudriéndose muertos de frío en cualquier lugar que encuentran.  Para que el papel del gobierno europeo no se discuta tanto, han decidido crear un Pacto, bastante ridículo por cierto, que por todo aquel que tenga empatía  y sensibilidad ya es conocido como Pacto de la Vergüenza.


Un ejemplo de esta actitud miedosa es el caso de España. Mariano Rajoy va con una actitud conservadora, que ni mucho menos es mayoritaria en el pueblo español, pero por la falta de acuerdos es lo que ha decidido el gobierno en funciones. Y es España como podría ser cualquier país. Es realmente triste que en una sociedad occidental como la nuestra que pretende ser tan abierta y tolerante, estemos excluyendo de ella a todo aquel que no comparta nuestra forma de pensar o nuestra religión, cuando sí compartimos con esas personas el tener una piel, dos ojos, dos brazos, dos piernas y un corazón, aunque esto último ya se ha demostrado parecer no tenerlo. Por favor, señores de la UE, toca acabar con toda esta pesadilla y bajar el culo.

Dibujo de @RockBallade_

viernes, 11 de marzo de 2016

¿En qué están pensando?

Como ser humano que soy, tengo la costumbre –mala costumbre, mejor dicho–, de creer que la multitud de personas con las que me cruzo todos los días, son personas que como yo, tienen una educación asimilada gracias a su padre, y gracias a su madre. Pero como decía, parece que no, que algo tan normal a mi parecer y al de una porción de la sociedad no es algo correctamente debido.

Es por ello que me cuesta comprender muchas cosas que han ocurrido esta semana: ¿en qué estaban pensando los actuales Reyes de España  cuando descaradamente dieron su apoyo a alguien que ya estaba siendo acechado por la sombra de la corrupción? ¿de verdad piensa alguien en este país que si quien tiene que dar ejemplo, osease, la corona, los políticos, los deportistas, los artistas, no lo da, los que lo pasamos mal para llegar a fin de mes vamos a acabar siendo los que demos ejemplo?


¿En qué estaba pensando ese imbécil con antecedentes por malos tratos para observar a una mujer con clara falta de amor a sí misma y en estado medio inconsciente para aprovecharse de ella, para violarla y para acabar con su vida satisfaciendo sus necesidades íntimas más profundas? ¿En qué estaban pensando los dos detenidos, que tras una pelea, deciden aprovechar la debilidad del otro contendiente de la pelea para debilitarlo, tirarlo al río y romperle las piernas y un brazo? ¿En qué estaba pensando el tan independentista, tan catalán y tan catalanes con pedirle al estado dinero mediante una ley que el mismo político se encarga de decir que jamás va a pedir? ¿En qué estaba pensando esos antipepitos para confundir a alguien con antipedritos y ya por eso creer que tienen derecho a agredirles, más cuando alguno de esos muchachos que activan antes el uso de datos del móvil antes que el uso del cerebro para pensar y actuar resulta que eran menores de edad? Qué mérito merecen a veces los padres, en serio. Nunca seré lo suficientemente agradecido con los míos como para darles las gracias por darme educación y por lo tanto, dignidad.


martes, 2 de junio de 2015

España, Cataluña y Euskadi insultaron a Leo Messi.

Resulta bastante llamativa la trascendencia que están teniendo los pitos al himno de España antes de la final de la Copa de S.M. Rey entre Barcelona y Athletic. Antes que nada, y siempre desde la neutralidad me gustaría decir una ley no escrita de la vida: "si quieres que te respeten, respeta tú primero". Digo esto porque en España el respeto no existe, y hace no mucho tuvimos el ejemplo de una persona que habla castellano no soportó el hecho de que un periodista local vasco, que estaba en directo para su cadena de radio, la cual como el 99% de las radios vascas (y catalanas) retransmiten en vasco/catalán, preguntaba al entrenador vasco de un equipo de fútbol. Esta persona no vasca, no pudo soportar esta situación constitucional -¿está prohibido hablar vasco? ¿está prohibido hablar vasco y luego traducir?- e interrumpió dos veces la escena quejándose de su discurso en euskera, hasta que el entrenador se marchó.

Lo primero que pienso cuando leo todo lo que se dice es: "Si no se sienten españoles, ¿por qué juegan la Copa?" Quizás la respuesta sea más complicada. El Barcelona tiene la exigencia por ganar hasta al Fifa al Leganés, y el Athletic Club tiene en la Copa su competición fetiche aunque no la ganan desde hace más de tres décadas. Si la respuesta está en el fútbol también me gustaría añadir algo. En cuanto se acabó el himno y empezó el partido, a mí se me olvidó el himno, los pitos, Felipe VI. Con el gol de Messi yo creo que mucha gente tuvo la misma sensación. Cambiaron el "Puta España" por "viva la madre que parió a La Pulga". Para terminar con este argumento tengo que decir algo más: ¡Qué bonita es la copa!, es verdad que la liga es una carrera de fondo, de partido a partido, y la Champions es la elegancia futbolística europea, pero la Copa es el torneo de la ilusión. El torneo donde dos aficiones van en masa a una ciudad con tal de ver a su equipo campeonar. Este año hemos tenido el ejemplo en la afición del Athletic. ¿Cuántos de aquí hemos visto alguna vez ver cómo una afición de otra ciudad superaba sensiblemente a la afición local en fuerza e ilusión? En baloncesto, por poner un ejemplo, es más bonito aún. En el pabellón se reúnen ocho aficiones distribuidas por todo el recinto, y es algo realmente espectacular. Es divino ver cómo entre las aficiones de los equipos más débiles nace de imprevisto una alianza para animar a un equipo que elimine algo más fuerte. Absolutamente brillante.

Si al inicio de esta reflexión hablaba sobre el respeto, creo que también hay que criticar a los aficionados que pitan. Oiga, ¿por qué pita usted? Si no se siente español lo primero que tiene que hacer es respetar el himno, como todo ser humano. ¿Cómo se sentaría usted si yo el día de su boda voy a mancharle la camisa blanca? ¿Cómo se sentaría usted si se le muere un hermano y yo voy a su entierro para mofarme de él? Son ejemplos duros, pero se dan. No entiendo ni voy a entender jamás a la gente que va a un estadio de fútbol para reclamar cosas políticas. Yo voy para ver espectáculo, para divertirme, entretenerme y evadirme de los problemas, que no son pocos. Si quiero meterme en cuestiones políticas me voy a una tertulia o convoco una manifestación. El problema llega cuando los que faltan el respeto son personas de una clase social alta. ¿Han visto la imagen de Artur Mas con una sonrojante sonrisa mientras sonaba el dichoso 'Lololololololo...'? Algo verdaderamente patético. ¿Sonríe el señor Mas porque en su communidad la pobreza ha aumentado un 48% en cinco años ? No, por lo visto sonríe porque no se siente español. Artur Mas debería de dejarse de meter en utopías como la independencia de Cataluña -¿alguien cree en algo tan remoto como eso?- y centrarse en los problemas que tiene su comunidad, porque dentro de poco hay elecciones, y quien mucho abarca, poco aprieta. Por eso de alguna manera me sentí un poco contento por la gente de Barcelona cuando las elecciones las ganó Ada Colau, porque sentí la sensación de que ella iba a abandonar la tontería independentista para intentar reconducir la situación en la ciudad condal. Para algunos que no hemos visto nada de los JJOO de Barcelona 92' excepto algunos eventos, da la sensación de que en sentimiento independentista ha sufrido un auge espectacular de nuevo sin ningún motivo concreto. En los JJOO no habían apenas banderas independentistas y se escuchaba el himno español sin ningún problema. ¿Para eso querían el Bernabeu? ¿Para provocar más al personal? Para eso que hubieran renunciado a la final, que estoy seguro que la afición del Real Betis hubiera actuado con muchísimo más respeto y habría estado más a la altura de lo que representaba dicho partido.


Luego, cómo somos los españoles, ¿eh? Llevo esperando que la Jueza Alaya aclare la situación judicial del Betis casi seis años ya, llevo esperando que se agilice el tema de Bárcenas un tiempo similar. Los ERE igual. La corrupción en Valencia igual. La situación de Monago igual. Y así unas miles de veces. Pero oye, para algo que sucedió hace tres días al día siguiente ya había convocado una reunión de pseudo-extrema urgencia. En algunos lugares hasta se dudaba de la continuidad de Rajoy y todo. Todos son recortes, desahucios, injusticias. Pero pitar el himno tiene sanción. Robar no. Pitar sí. Esto es España. Si quieren que no se pite el himno, también es culpa del gobierno, por recortar en lo que más falta hace en gran parte del pueblo español: e-d-u-c-a-c-i-ó-n. Y si no quieren que se silbe un himno, que hagan una ley, que para algo son los que gobieran, que den por fin un golpe de autoridad, a ver si espabilan de una vez. A ver si espabilan, que en el campo ya ha acabado el partido.

miércoles, 29 de abril de 2015

La gran mentira española.

Niños que van al colegio con ballestas, personas que se encuentran con sobres llenos de dinero negro, infantas reales que firman los contratos de su marido sin firmar como Magic Johnson. La última ha sido ese periodista almeriense que no es capaz de respetar que España sea un estado plurilingüe.
Da igual que en la previa de un partido de fútbol se mate a una persona si cuando ese mismo partido se juega en la ciudad del fallecido no es declarado de alto riesgo. Eso sí, y que no falte, las manifestaciones contra cualquier cosa, el aborto por ejemplo, si hay algo que no falta es policía.
Durante siglos hemos vivido con la mentira de lo unida que está España. Pongo el ejemplo de cuando ganamos el mundial de fútbol. ¿Qué banderas llevaban los jugadores? De Cataluña, Andalucía, Canarias… ¿Y de España? Las de los madrileños y poco más.
España es de calle la nación más dividida del mundo. Sólo estuvo unida durante la invasión napoleónica, la II República y pare usted de contar. Pero hay algo peor: España ha perdido los valores que nadie supo nunca si de verdad tuvo.
De los ingleses destacamos su sobriedad, de los alemanes la capacidad de orden que tienen, mientras a orillas del Mediterráneo los italianos ponían el romanticismo y los franceses la elegancia. ¿Qué pone España? El gorroneo, la corrupción, los desahucios, la estructura social del Antiguo Régimen donde esos ricos encabezados por nobles y el clero se forran y al resto nos follan.
Tenemos un ejecutivo penoso, de circo, que recorta sin mirar a medio plazo porque claro, si pierden las elecciones y dejan el poder para recuperarlo en otras elecciones se podrán volver a quejar de la herencia recibida.
Es lo que nos merecemos. El país donde los informativos no informan porque coincide con el horario de un Real Madrid-Chiclana de la Frontera. Da igual que el Estado Islámico esté amenazando a España, da igual que se intente dar otro golpe de estado, importa más que Cristiano Ronaldo pega, que Messi vomita, o ese Betis al que siempre maltratan y acaba en un sitio inmerecido.
Lo gracioso en España de que un niño mate con una ballesta es que el delito se lo comen sus padres, si es que al final lo condenan –que esa es otra–mientras el niño sigue alardeando de su plan. Puede sonar ventajista pero no me extraña, si a los niños les damos el ejemplo de darles una consola en vez de pedirles que hagan deportes a través de deportes maravillosos como fútbol o baloncesto.
El último ejemplo de lo que es España lo hemos visto en una sala de prensa. En Almería, un periodista vasco que trabaja para una radio vasca está en directo para su emisora y pregunta en vasco al entrenador, que al compartir esa lengua materna le responde en dicho idioma. Si le preguntan en vasco, no creo que le responda en sueco o chino mandarín. Al poco de responder, un periodista se queja de que está respondiendo en vasco. Como si ahora el vasco fuera una lengua prohibida, como si la Constitución no la valorase. Además de una falta de respeto es una demostración de incultura. Si esa persona se siente más vasca que española no tienes por qué obligarla a responder en tu idioma. Te callas la boca, porque hay un señor sentado a la derecha de ese hombre llamada TRADUCTOR.

En fin, ver para creer…

viernes, 14 de noviembre de 2014

Denominación de Origen.

Yo soy de los que piensan que la clase institucional española pasa por la crisis más déspota desde que nos democratizamos. Para mí, los payasos del siglo XXI son aquellos hombres encorbatados que dirigen un país, un banco, una entidad o el simple equipo de petanca de mi barrio. No tienen ni santa idea de cómo gestionar un producto muy valioso, que cuenta con un puñado de fieles peregrinos.

El Baloncesto Sevilla es algo segundario en esta ciudad totalmente desdibujada por aquella masa apasionante tanto en la barriada de Nervión como en Heliópolis. En el pequeño y humilde barrio de San Pablo, el fútbol no es nada comparado con su cofradía, y ese equipo de baloncesto: nuestro Caja, como le llamábamos hasta este verano, o Baloncesto Sevilla o Sevilla Baloncesto como unos cuantos mamarrachos quieren que lo llamemos ahora. Unos mamarrachos de un fondo inversor que compraron un equipo para invertir y ganar dinero en un deporte que en este país es sinónimo de arruinamiento puesto que apenas genera beneficios. Un equipo, que brillaba por su juventud, a pesar de un inicio titubeante en el que se pedía la cabeza del entrenador, y al que casi se le acaba sacando a hombros junto varios diamantes con el futuro más ilusionante del mundo por delante.

Cuando este grupo compra el club, prometen una continuidad, que ha sido más opaca que el programa electoral del PP. Lo primero que hacen es elegir un técnico inexperto, estadounidense, que no puede pisar un banquillo español por asuntos burocráticos. Con él llegan diversos compatriotas suyos para sustituir a los talentos del año anterior, algunos descartados por altura, o cuestiones similares.

La competición se inicia, y, aquel equipo tan sólido defensivamente en pretemporada, se convierte en una verbena defensiva donde todos atacan por su cuenta, sin ninguna intención de jugar en equipo y con una defensa propia de un patio de colegio.  Todo ello dirigido desde un banquillo donde en liga nadie se levanta como protesta  ante la situación de su entrenador. Todo muy maduro, sí. Un 1-5 en ACB y tres derrotas europeas consecutivas son el balance, con muchas derrotas humillantes es el espectacular inicio de este equipo donde solo brilla el producto europeo-nacional, es decir, el que había antaño más un par de retoques, o lo que es lo mismo, la DENOMINACIÓN DE ORIGEN, ya que los americanos no brillan por falta de calidad o porque simplemente prefieren dedicarse a temas extradeportivos.

Aunque el CB Sevilla sea algo minoritario en la ciudad hispalense, su hinchada va “in crecento”. Y aunque seamos pocos, si algo no nos gusta, nos vamos a quejar, aunque traten de hacernos callar, vamos a quejarnos hasta lograr lo que nos proponemos. Si no nos gusta el técnico, vamos a sacar el pañuelo hasta lograr que lo cesen. Porque aunque seamos pocos siempre vamos a estar ahí todos los domingos, a pesar del Sevilla Fútbol Club, a pesar del Real Betis Balompié.

El CB Sevilla no puede permitirse seguir siendo apalizado por cada ciudad ACB o europea que pisa y pretendan hacernos callar la boca con una camisetita en los tiempos muertos o con una charanga, que a este paso, el día que se nos muera el Caja también van a tener que estar ahí para tocar la marcha fúnebre. No se puede permitir tampoco mantener un técnico ilegal con la ley en la mano, e incapaz de manejar la situación, mostrando que está perdido al rotar en tres minutos a sus tres pívots, o equivocándose a la hora de dar el quinteto inicial.

El CB Sevilla no puede permitirse mantener a jugadores cuyo rendimiento es nulo, creando además mucho malestar en el vestuario. No doy nombres, pero solo decir que hace un año los jugadores decisivos eran los jugadores extracomunitarios, y este… Pues eso.

Y sobre todo, lo más importante. El CB Sevilla no puede seguir consintiendo el seguir soportando a una directiva que espera al último suspiro de la entidad para matarlo definitivamente. No se puede permitir que aguanten al entrenador, que no corten a ciertos jugadores sin capacidad ni voluntad. ¿Qué están haciendo con el Caja, me pregunto? Porque el bien no. Solo miren al palco durante los partidos. No hay ni diez personas. Galilea, prefiere trifulcas con la afición a asumir la responsabilidad. El jefe del fondo inversor acude a San Pablo a echar el rato.


¿Y el resto? La afición. Los que vemos triunfar a distancia a Aíto, Bramforth o Landry, mientras en San Pablo nos dejamos las uñas y la garganta viendo perder y perder a este equipo. Si quieren matar al club, liquídenlo ya, pero no lo hagan agonizar, que ya es demasiada crueldad. De mientras, nos conformaremos con marcadores nuevos e inútiles “defiende San Pablo”.