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lunes, 9 de enero de 2017

Le poison

No se dejen llevar por las apariencias. Aunque sus labios parezcan realmente bonitos por el rojo de su pintalabios, una vez los cruzas con los tuyos te das cuenta de que sus labios cortan mucho. Y que aunque el beso sea intenso o dulce, es un beso mucho más doloroso de lo que cualquiera de nosotros creemos.

Ese momento fugaz en el que los labios conectan es un segundo en el que dentro de tu memoria se produce un baile eléctrico de sentimientos e imágenes que poco a poco te van envenenando, te van llenando de porquería que a dos o tres imbéciles en un día de resaca se les ocurrió llamar amor, o algo así.

El veneno empieza en tus labios pero en poco tiempo han transcurrido por todo tu cuerpo. Aunque quieras detener el beso por lo cortantes que son sus labios, no solamente no eres capaz de detenerlo, sino que te acabas sintiendo dominado por ella, que ataca tu cuello (sí, ese cuello que tantas cosquillas te producen cuando te acarician) con sus pícaros mordiscos.

La profecía es tal que ella te empuja hacia la cama, te tapa con las sábanas y mientras besa el cuerpo, hace auténticas maravillas en sitios que no se pueden decir. Los gemidos se sienten tanto que los muebles vibran y los pájaros que estaban apoyados en la ventana se van huyendo asustados hacia otro balcón en busca de paz y en busca de calor.

El primer beso corto poco a poco se van convirtiendo en muchos besos largos y duraderos. Las ventanas poco a poco se van evaporando y el sudor de los cuerpos empieza a hacerse sentir en las sábanas. El primer beso fue a las cuatro de la tarde, los dos llevabais un peinado impoluto y seguía siendo de día, el enésimo es a las seis y cuarto, de repente la luna ha bajado para visitaros y estáis despeinados llenos de arañazos.

Arañazos motivados por la pasión, por las ganas de desearos, por las ganas de amaros, por las ganas de hacerlo. Arañazos de creer que a veces, solo a veces, los deseos pueden llegar a cumplirse por más utópicos que parezcan, pero también llegar a convertirlo en el mejor guión cinematográfico posible. Porque ella es la Meryl Streep a la que tú te mueres por besar, y él quizás no canta tan bien como Sinatra, pero sí hace mejor cosas con su lengua que el propio cantante.


No es un veneno que te mate, ni mucho menos, pero es un veneno peor: es un veneno que puede que te enamore. Y como lo haga, vas a estar jodido durante mucho tiempo, porque puede perdurar dentro de ti mucho tiempo, y cuando salga, lo echarás de menos tanto tiempo que te dolerá más que el primer beso. 

domingo, 18 de diciembre de 2016

2016

Siempre que llega la Navidad y nos preguntan por los deseos para el año siguiente. Por ello, al final todas las Navidades me parecen iguales: pedimos salud, amor, trabajo… Y al final nada se cumple: vienen unas personas y se van otras, ocurren cosas buenas y cosas malas. Sin embargo, dentro de mí existe la sensación de que este año puede ser mucho más determinante de lo que creemos.

2016 ha sido el año en el que la política nos volvió a decepcionar: en España, por primera vez votamos dos veces para elegir un presidente. En el Reino Unido, rompieron todos los esquemas decidiendo salir de la Unión Europea. Y si a eso le añadimos ese intento de golpe de estado en Turquía y que en Colombia rechazaron la paz para seguir con los enfrentamientos, y la elección de un personaje más que controvertido llamado Donald Trump… Tan controvertido como el premio Nobel de Literatura a Bob Dylan. Y el vacile que éste le pegó a los suecos al no ir a recoger el premio, pero añadiendo dos conciertos en este país.

El año que dejamos ha sido el año en el que lloramos demasiadas muertes conocidas: Barberá, Castro, Bowie, Prince, Alí, Leonard Cohen y un largo etcétera, mientras que marcamos un nuevo (y triste) récord en cuanto a inmigrantes y refugiados fallecidos. El año en el que el terror fue tan protagonista que en algunos sitios tuvieron que enterrar a gente en las calles puesto que los cementerios ya estaban repletos de inocentes fallecidos.

Deportivamente fue el año en el que el Atleti se volvió a quedar rozando la Copa de Europa, viviendo otra vez la misma pesadilla: gol de Ramos. El año en el que el Sevilla lo volvió a hacer, completó su década inolvidable. Y el año en el que decidió que cinco ya son muchas, ¿por qué no una Champions? El año en el que el “No hay palabras, solo hechos” tardó tres meses en venirse abajo, el año de la tercera o cuarta juventud de Rubén Castro y de la segunda de Joaquín. Las decisiones controvertidas también llegaron al deporte: si no, que se lo pregunten a ese equipo de baloncesto que toda la vida fue verde y rojo, y ahora es verde y blanco en su uniforme, pero sigue manteniendo su corazón de toda la vida. El año en el que España volvió a casa con la cabeza bajada en la Eurocopa, pero también los doce meses en los que los Olímpicos volvieron a hacernos sentirnos orgullosos de ellos.

También fue el año de las tragedias: el yihadismo nos metió más miedo que nunca, el Chapecoense se dejó la vida y los sueños en el aire. En verano Diana Quer desapareció causando la preocupación mayúscula de su entorno y también en verano cinco subnormales (sevillanos como yo y con un abogado más que repugnante) violaron a una pobre chica que no tuvo la culpa de nada. Cosas así hay muchas que ocurren casi diariamente, pero he citado algunas de las que más me llamaron la atención.


Personalmente, fue el año más especial. El año en el que me reencontré con el pasado, el año en el que conseguí romper barreras en forma de kilómetros, pero los kilómetros fueron demasiado para nosotros. El año en el que algunas cosas salieron a la primera intentona, otras a la segunda, y veremos si a la tercera. El año en el que no tuve miedo para elegir el tres entre éste y el cuatro. El año en que me di cuenta de lo bonita que es Galicia, pero también lo bonita que puede ser la vida en cualquier parte del mundo con esa persona que te tiene conquistado el corazón. El año en el que entrevisté a Néstor Barea, a Rafa Castaño, a la ONCE aunque no fuese algo sencillo. El año en el que me di cuenta por qué siento tanta pereza por las cenas de empresa. El año en el que abrí los ojos y vi, aprendí y sentí cosas totalmente nuevas para mí.   

viernes, 25 de noviembre de 2016

.-.

Pocas veces me he sentido especial en el buen sentido de la palabra. 
Y muchas, innumerables veces me he sentido así, especial, en el mal sentido de la palabra. Todas las pocas veces que me he sentido así, las circunstancias han estado directamente relacionadas a ti.

Me encanta reír. Reírme de todo, y reírme de mí. Que me den ataques de risa hasta casi atragantarme. Que la barriga me duela por reírme. Y desde hace meses estoy apagado: los ojos tristes, el alma y la risa están apagados.

Teníamos la virtud de reírnos. Que yo te hacía reír hasta imaginarme con una nariz de payaso. Y tú me hacías reír, viéndonos por Skype, oyéndonos por teléfono, o simplemente mirando el móvil mientras íbamos a clase.

Tantas cosas… Y tanto tiempo. Tiempo en el que ha pasado de todo, y en el que ha pasado de nada: cosas buenas y cosas malas. Risas, alguna lágrima que otra, cabreos serios, cabreos estúpidos, momentos para desahogarse y momentos para evadirse.


Nadie debe deber su estabilidad a otra persona. Nadie. Pero hay personas que se sienten románticas como el movimiento literario, y yo soy una de ellas: extremistas, con un umbral para la sensibilidad altísimo, que gracias a ti era capaz de disfrutar de la vida y de las cosas. Y ahora que no estás, me cuesta mucho seguir adelante, disfrutar de las cosas. He intentado y estoy intentando olvidarte de todas formas, pero es que no hay forma. Me siento totalmente atraído por ti. 

sábado, 5 de noviembre de 2016

Exnganchados

Es complicada la vida después de dejarlo con una persona si con ella se ha creado un vínculo. Las relaciones son así: llegan a tu vida, revolucionan las cosas y poco a poco se crea entre los dos una conexión que nadie es capaz de entender: esas sonrisas estúpidas que soltamos cuando hablamos por móvil y dicen algo que nos hace reír, esa infinidad de locuras que hacemos con tal de sorprender a otra persona y mantener, avivar y aumentar la magia… Pero esto es así: gracias a esa persona te tiras viendo el sol y teniendo calor y de repente las hojas de los árboles se caen, llega el frío y te resfrías.

Complicada porque nos acostumbramos a la revolución que se ha creado, y casi no sabemos vivir cuando esa magia revolucionaria se pierde. Sabemos que la vida sigue y continua, pero es algo tan costoso que al principio no hacemos más que mirar de reojo al pasado, buscando explicaciones a lo que ha pasado y pensando qué habrían pasado si las circunstancias fueran otras.

Reconozco que en mi caso yo no soy una persona fácil, más bien compleja. Soy muy introvertido y me cuesta mucho hablar de todo aquello que siento en mi interior, a veces por ese carácter mío y a veces porque no me entiendo ni yo. Por ello, es muy complicado rozando lo semi-imposible que yo llegue a tener esa conexión que decía en el anterior párrafo con alguien. Por esa forma de ser introvertida mía y porque no llego a sentir interés de verdad por el carácter de nadie. Por ello, cuando esa conexión se da, es algo que se puede llegar a convertir en algo de mayor resistencia que el diamante. 

Puede que tenga razón y que la tenga muy idealizada: pero lo digo de verdad, nunca he conocido a una persona tan buena como ella, tan generosa, tan valiente, tan preocupada por los suyos… Puede que fuera yo quien no la mereciera, o viceversa como dice ella. Y de verdad, ella es un auténtico tesoro. Ojalá hubiera en el mundo más gente con ella en vez de tanto egocéntrico con mucha falta de humildad que quiere imponer sus ideas sin escuchar al resto. 

Yo intento mirar hacia delante, y ella también: pero a la hora de la verdad, ninguno de los dos somos capaces de dar el paso de pasar página y no volver a mirar hacia detrás hasta que haya pasado un largo periodo de tiempo, aunque los dos realmente si nos quitásemos la venda de la inseguridad de los ojos, nos daríamos cuenta que estamos mucho más cerca de conseguirlo de lo que creemos.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Pinceladas

Escribir a veces puede llegar a ser bastante complicado. En este momento me siento con muchas cosas que decir y que contar. Pero no me sale, y cuando me sale no me gusta. Volver a empezar hasta hartarte de sentirte tan impotente. Tampoco me ayudo para nada ahora mismo. Internamente sufro un cortocircuito y una disputa entre el corazón y la cabeza: el alma me dice muchas cosas de forma irracional, y la cabeza me dice cosas totalmente opuestas, que además rechazan los sentimientos y apuestan por la racionalidad.

Resultado de imagen de neutralidadSiento bastante hastío con todo. Porque siempre es igual, la misma historia, la misma basura. Con todas las cosas que surgen estamos intentando hacer una guerra civil basada en el “estás conmigo o estás contra mí”. ¿Qué pasa con los que somos neutrales en muchas cosas? Les da igual. Lo que les interesa es que les apoyes. Y si no les apoyas te conviertes en un enemigo suyo. Y yo como ser humano detesto que me digan cómo tengo que pensar o qué me tiene que gustar. Si me da igual el doce de octubre ni soy un facha, ni soy un extremista al que le está saliendo coleta, soy una persona a la que tal día le da lo mismo, es uno más como otro cualquiera.

Hartazgo noto también incluso a la hora de dar mi opinión. Siempre he pensado que a mí no me lee nadie y así seguiré pensando. Me gusta escribir y tirarme a la piscina, y me da igual si tiene agua o no. Pero cuando leo la reacción de la gente ya me empieza a ser cansino que a la gente a la que no le gusta lo que hago, digo o escribo usen cualquier cosa para demostrarme su disconformidad. Tolero la disconformidad y la crítica constructiva, lo que ya me cansa es que se llegue a la falta de respeto, y que incluso los no conformes con mi opinión la lleguen a usar de forma “justificada”. Es alucinante que en el año en el que estemos sigamos justificando cosas tan patéticas como el insulto como respuesta a algo que no va con tu modo de ser.


Reconozco también vivir ahora mismo una situación personal complicada. Vivo en un círculo vicioso del que no termino de salir, y del que cuando salgo cada dos por tres estoy volviendo a la misma página aunque sea por saber cómo le va. Y cuando sé que si le va bien por un lado estaré feliz. Pero por otro me joderá más que nunca. Lo pienso una y otra vez. ¡Qué felices habríamos sido si los kilómetros en vez de ser eso, kilómetros, fuera la cantidad de caricias que nos habríamos dado todo este tiempo. Pero no. El pasado, pasado es. Pero claro: llevo con la misma cantinela desde que acabó el verano y ya ha llegado el frío y yo sigo igual de perdido.

viernes, 2 de septiembre de 2016

La musa que nunca conoció Van Gogh.

Nos conocen como los más locos de la ciudad porque somos dos cabras locas que han soltado por la calle. Porque nos ponemos tan tibios de cerveza con limón en la Gran vía que volvemos haciendo curvas en las rectas y hacemos rectas en las curvas. Porque tus risas se escuchan con tal volumen que levantas a los vecinos y se preguntan a qué se debe tal escándalo.

La gente nos mira mal, como si fuéramos desequilibrados mentales… Y con razón, pues ni yo tengo tu número para volver a llamarte ni tú sabes mi nombre. Yo sé que volveremos a encontrarnos. Pasa en las películas y tú eres más un personaje de película que alguien real. Pero me siento tan en paz conmigo mismo cuando estoy contigo. Es algo que no se puede explicar, no hay colores ni cuadros de Van Gogh que expliquen la paz que siento en mi interior cuando nos encontramos por casualidad en cualquier rincón minúsculo del mundo. Eres como un antídoto que elimina de un suspiro todas las cosas malas que vive el mundo. Con ese soplido te llevas por delante el hambre, la violencia, las discusiones estúpidas de pareja sobre qué ver en la televisión.


Y, amor platónico, antes de que te vayas y de que te esfumes en cuanto veas la primera seña de que el amanecer ya ha llegado te quiero pedir un último favor: róbame el sueño esta noche. Quítame las ganas de dormir y dame todas las ganas de bailar, de reírnos de esas comedias románticas en las que todo siempre acaba saliendo bien. Quédate, cenemos pizza y que sobren trozos para que tengamos algo para desayunar junto al café. Quédate despierta hasta que caigas rendida boca abajo en el sofá desnuda. Cuando eso ocurra, sabré que no hay ningún cuadro de Van Gogh que lo explique pero sí eres la personificación de La noche estrellada, tu espalda es París, y tus lunares son las estrellas. 

viernes, 19 de agosto de 2016

Despedirse

Debe ser jodido despedirse de alguien a quien quieres y a quien no sabes cuándo vas a volver a ver. Esto va como un concierto, ¿no? Se despiden pero no se van del escenario primero, después se van del escenario pero al poco tiempo vuelven por el reclamo del público hasta que se van de verdad.

No es fácil despedirse. No es fácil ese último beso o ese último abrazo que parece eterno pero se queda en eso, en una apariencia. Te quedas enganchado a esa persona igual que intentas enganchar a las agujas del reloj para que no se muevan. Pero no hay fuerza humana que detenga el tiempo. Como decía Alejandro Sanz “el tiempo corre porque es un cobarde”. Y cuando esa persona se va, cada paso que das giras la cabeza buscándola para saber si ella también se ha dado la vuelta.

Nunca es fácil ni la despedida ni su tiempo posterior. Ese viaje de vuelta en el que se te juntan las emociones con los recuerdos, y en el que ya te entra la melancolía cuando sabes que no hay nada mejor que haber estado con ella sentado en los escalones de cualquier plaza, en las escaleras de cualquier calle desconocida para los dos. Eso es lo que tiene ella, que de cualquier situación normal y corriente, a distancia o cara a cara, te crea un contexto inolvidable, de esos momentos que jamás te salen de la cabecita: las cosquillas, las bromas, las “peleas” por ver quién paga la Aquarius…


Más difícil es aún cuando los dos llevabais esperando ese momento más de mil días, más de tres años. Más difícil es aún cuando fue breve, pero tan intenso. Una calada de Marlboro, un trozo de chocolate suizo, un sorbo de ron, un ratito de paz, de felicidad verdadera. Es muy difícil. Pero también parecía imposible que se cumpliera y se cumplió. Y me gustaría creer que fue la primera de muchas. Porque necesito acostumbrarme a sus despedidas. Porque algo tan bonito no se merece una sola despedida.

viernes, 12 de agosto de 2016

Va de canciones.

Asomada estaba La chica de ayer mirando por la ventana a cien gaviotas y pensando a Dónde irán. La chica mientras tanto escuchaba en la radio a una locutora que parecía triste porque sabe que Aquí no hay playa y sí muchas Escuelas de calor. La radio tenía un volumen tan alto que retumbaba en  El ritmo del garaje y en el Cadilac solitario de La dulce niña Carolina que había dentro mientras de fondo se escuchaba un Rock’n roll en la plaza del pueblo.

Las cien gaviotas volaron hasta encontrar a un Feo, Fuerte, Formal que resultó ser el Amante bandido de Carolina, quien había tardado 19 días y 500 noches en olvidar a su Princesa hasta que conoció a Santa Lucía, a quien preguntó Qué hacía una chica como ella en un sitio como éste y hablaron hasta que Les dieron las diez y las once. El tipo al principio no sabía Cómo hablar pues se sentía Entre dos tierras y en el fondo cuando pensaba en Carolina seguía repitiendo No puedo vivir sin ti. Santa Lucía estaba tan Embrujada por la Noche de bohemia que Bailando consiguió hacerle sentir Libre con el Corazón Contento y que fuese Su gran noche.

Carolina seguía en el balcón mirando al Mediterráneo recordando cuando él en Venecia le dijo “Déjame” y ella no para de preguntar desde entonces ¿Por qué te vas? al Hijo de la luna. Carolina desde entonces sabe que La vida sigue igual, que Vivir así es morir de amor, diciéndole “Sufre mamón” al Maldito duende So payaso que le repite una y otra vez que son cosas de la vida y de las Maneras de vivir.


En cambio, el Hombre lobo de París vivía Sin documentos Entre dos aguas dentro de su Locura transitoria: Santa Lucía y Carolina. Cuando Santa Lucía dijo: “Quiero tener tu presencia” él le contó que Se acabó, que era Mejor seguir teniendo el Corazón Partío. Se despidió de La flaca en una Décima de segundo con Un beso y una flor antes de salir corriendo cantando: Volando voy, volando vengo…

martes, 19 de julio de 2016

Estar a tu lado es soñar.

Una llamada. Podría ser una llamada más, pero no, no lo es. Es una llamada especial. Han pasado tres años y nunca la has tenido tan cerca como la tienes en ese momento. La tienes tan cerca que cuando no la encuentras con tu vista te empiezas agobiar y por eso la llamas. Andas para arriba y para abajo por mitad de la calle buscándola con tu mirada pero no la encuentras. Te tranquiliza oír su voz, pero al mismo tiempo te agobia. Cuanto más te tranquiliza más deseas escucharla por primera vez en tu oído. Sin móviles, sin ordenadores.

Caminas para arriba y para abajo, perdiendo el norte, sin saber ya hacia qué punto cardinal andas. Te sientes tan perdido y controlado por sus ganas de verla que tu mirada perdida ve a una persona en la larga distancia. ¿Y si fuera ella? Está de espaldas, y parece que está hablando por teléfono. Andas despacio, pero con el corazón a mil por hora. Cuanto más te acercas estás más seguro de que es ella. Cada paso es un segundo menos. Cada paso escuchas una voz que te recuerda más familiar. Sí, es su voz, sí, es ella. Ella no para de dar vueltas sobre sí misma buscándote sobre la multitud. Y mareada de tantas vueltas con el móvil en su oreja, un segundo antes de que tu mano contacte con su piel, vuestras miradas se cruzan, por primera vez. ¿Cuántos días habrán pasado desde que os conocisteis? ¿Y cuántos habrán pasado esperando ese momento?

Antes de que por fin llegue el abrazo más esperado, a ella sólo le preocupa una cosa: colgar la llamada. Y cuando colgáis, no se espera ni un segundo, se tira a tus brazos con todas tus ganas, sin fantasmas y sin miedos. Cuando te abraza de una forma tan efusiva, te da igual todo: las muchas horas de sueño que llevas encima, el calor, la gente, todo. Te agarra con toda sus fuerzas porque necesitaba desahogarse todas esas ganas de abrazarte y que no pudo hacerlo en su momento, todas esas cosas que te quiso decir cara a cara y que no pudo porque nunca habéis podido quedar y tomar algo, ir a dar una vuelta o a perderos por el mundo una noche de verano.

Fue una mañana. Ojalá hubiera sido un día. Ojalá hubiera sido una semana, un mes, un año, o una vida. Fue un rato en el que algunas cosas salían bien y otras no tan bien. Pero daba igual todo lo que saliera mal. Estabais tú y ella. Ya era hora de que por fin pudierais estar tú y ella. Ya era hora de poder disfrutar un rato. De poder cogerla de la mano, de poder atacar su cuello cual tiburón, de poder morder sus labios con todas esas ganas que llevas aguantando todo este tiempo. De tener el privilegio que no tienen los demás de acariciar su pelo, de no tener palabras para poder expresar la paz que sentías dentro de ti en ese momento. Fue una mañana. Y pasó con tal velocidad que ya quieres que llegue la segunda vez. Y que sea mucho más duradera, que sea eterna, que sea igual de maravillosa que la primera. Aunque mientras esté ella, la vida será así aunque os separen siete océanos.

sábado, 28 de mayo de 2016

Un deseo

No creo en la reencarnación. No creo en dios y no voy a creer nunca. Pero si en algún momento perdiera la poca cordura que me queda y me diera por creer en estas cosas, quiero pedir el deseo de reencarnarme en ella.

Me gustaría ser ella en otra vida porque es un ejemplo en todo: un modelo de vida como persona, como estudiante, como amiga, como amiga con derecho a roce y hasta como compañera de asiento en el AVE. Y porque ella es una perseguidora constante de esperanza: hablan mal de ella, la golpean, la insultan, le escupen, y ella sigue allí, persiguiendo lo que quiere, como si no hubiera pasado nada. Tiene la espalda llena de arañones y ahí sigue ella, al pie del cañón, impoluta, plantando cara a las cosas, de frente, sin miedo a nada.

No tiene miedo a nada, y sale mañana tras mañana a comerse el mundo. Y no sé cómo lo hace pero todo lo que se propone lo consigue, aunque no le salga a la primera, aunque no le salga a la segunda, nunca tira la toalla. Si en otra vida quiero reencárname en ella el motivo es precisamente ese: que yo soy un desastre que a la mínima me agobio, me encierro en mi negatividad y ya no soy capaz de pensar que voy a ser capaz de sacar las cosas adelante. Y ella es todo lo contrario: ella tiene esa puta manía de sonreír incluso cuando las cosas van a contracorriente  que me enloquece al mismo tiempo que me desespera de una forma bestial. ¿Saben por qué me desespera? Porque ella hace de su permanente sonrisa su estilo de vida. Y cuando ella tiene un mal día no agacha la cabeza. Ella sonríe, sonríe y sigue sonriendo. He pensado ya demasiadas veces que está como una puta cabra, pero supongo que ya me he acostumbrado. Muchos le dicen que no tiene motivos para hacerlo y ella sigue sonriendo hasta conseguir hacerles comerse sus palabras.


Le dicen eso porque no soportan que ella sea así. No soportan que ella tenga esa valiosísima virtud de estar siempre intentando buscar el lado bueno de las cosas (aunque a veces eso sea un ejercicio de imaginación muy grande), que nunca se siente desanimada, que cuando tiene un error no ha pasado ni una décima de segundo y ya está ella intentando arreglarlo. Porque ella es así: alegría, pura sonrisa y adrenalina. Si no fuera así, ¿ustedes creen que sería una casualidad que el color de sus ojos sea verde esperanza? Pues no.

lunes, 16 de mayo de 2016

Rubia traviesa

Somos gente que podemos vivir independientemente del resto, pero como una persona te entre por los ojos, estás perdido. Te vas a convertir en un juguete de control remoto dominado por ella. Y yo me siento totalmente subordinado por aquella rubia traviesa. Admiro de ella que debe tener agujetas en los músculos de su cara porque se pasa el día sacando a pasear su sonrisa, y así es difícil respirar de forma normal cuando estás al borde de la taquicardia.


Algo tiene que tener la rubia traviesa para que hasta los que queremos ir de duros por la vida nos sintamos seducidos y perdidos cuando ella aparece. Algo tiene que tener que todos nos preguntamos, pero que nadie es capaz de sacar la respuesta, siquiera deducirla. Últimamente me estoy dando cuenta de que cometemos un error muy grave y es que intentamos explicar racionalmente los sentimientos, cuando eso es algo que no se puede explicar: la única manera de entender esa locura que te remueve el estómago es vivirla. Y háganme caso: ustedes nunca van a entender lo que siento cuando ella entra, cuando ella expone sus motivos sobre su descontento con el artículo 32.2 de la Ley de Propiedad Intelectual o ella se baja despidiéndose del autobús.

Debe ser que ella no es una más. Que ella debe ser algo parecido a una de esas que salen en las películas o una de esas modelos de Victoria’s Secret. O que cuando sus ojos oscuros miran al sol y sus ojos brillan cualquier cosa en el mundo está a punto de suceder: un terremoto, una tormenta de arena, o hasta el castillo de naipes más antiguo del mundo podría estar a punto de caerse con tal de admirarla aunque sea una milésima de segundo. O que ella es la reina de la noche, y su reinado es algo que no cuestiona nadie, porque todo quien lo cuestione sabe que no tendría razón, que quedaría retratado, porque ella sencillamente es espectacular, única para este mundo donde dominan las personas que intentan parecerse unas a otras, y ella domina porque sabe que como ella no ha habido, no hay, y no habrá nadie.


Y repito: como caigas un instante con ella: en el ascensor, en el autobús o cruzándote con ella por la calle, no va a haber quien te salve ni te consiga sacar de ahí. Y aquel instante es el que va a estar acompañándote el resto de tus días, es el que va arrebatar tus horas de sueño y es el único nombre propio en el que vas a pensar qué o quién significa para ti la felicidad. Y repito: no intentes explicar qué es lo que tiene ella porque simplemente es imposible, una utopía. Y repito: la única manera de llegar a entender esta travesura es vivirla y sentirla.

viernes, 6 de mayo de 2016

Aerofilia y aerofobia.

“¿Saben? Mi vida era perfecta. Y gran parte de la palabra perfecta se la podría atribuir a ella: no les voy a hablar de medias naranjas ni de Romeos y Julietas, solamente voy a hablarles de gotas de agua: es imposible que dos gotas de agua sean iguales. Como lo imposible es algo por definición posible, apostaría todo el dinero que tengo y que posiblemente nunca tendré en que somos iguales.

Tan similares que tardamos meses en enterarnos que éramos un complemento perfecto para la otra persona: y si algo puedo decir es que antes de ella perdía el tiempo en cualquier tontería, dejando la vida pasar, y desde que apareció ella me di cuenta que cada segundo de nuestra vida es importante. Aquella importancia hacía que quisiera vivir un ritmo alocado con ella, sin un segundo que perder. Día a día, minuto a minuto, suspiro a suspiro me daba cuenta que ella lo tenía todo: una belleza descomunal, un ingenio innato, y una forma de hacerme enloquecer que nadie había conseguido hacer antes: como si sacase de mi camisa un león hambriento por comerse su piel cada vez que la desabrochase.

“Pero”. Putos “peros”. Casi siempre suele haber uno, y casi siempre quieren significar algo malo. Por mucho que nos amábamos como locos sin cabeza, cada uno tenía una forma de pensar. Ella quería viajar, conocer el mundo, ir a ver sitios donde a lo mejor la gente conduce por la izquierda, o lugares donde la gente calla más que habla. Y yo, pues no quería volar tanto, o por lo menos no quería volar tan alto. El cuento de hadas de ella imaginaba un final feliz fuera de casa, y yo lo veía de casa. Y yo hablándoles estos dos párrafos y medio de sentimientos cuando no podíamos ser felices por nuestra forma de pensar: qué macabro, ¿no?


Mi vida era tan perfecta que ahora les he cogido asco a los aviones, a los programas esos de la televisión en los que sale gente de aquí por todas partes del mundo, a las agencias de viaje… Mi vida era perfecta, aquí con ella. Y mi vida aquí sin ella no llega casi ni al final del primer acto. ¿Saben qué será lo peor? Que nos amamos. Y que ella estará en cualquier lugar del globo y sé que nos seguiremos amando. Y que cuando vuelva al país aunque sea de manera efímera y nos crucemos por la calle no tendré la valentía para mirarla a la cara, y sé que ella tampoco será capaz. Porque culpa tuvimos, tenemos y tendremos los dos. Así es la vida, ella tan aerofilia y yo tan aerofobia” 

lunes, 18 de abril de 2016

Ego.

No soy simpático. Y para qué engañarnos, sabiendo que hay más gente preparada para fustigarte con el látigo que para darte un abrazo, tampoco quiero serlo. No me llevo tan bien como quisiera con mucha gente por mi culpa, pero ¿qué se le va a hacer? Yo prefiero otras cosas a ser simpático como ser sincero, o intentar ayudar en lo que pueda cada vez que alguien me lo pida. Pero no se preocupe. Si le sirve de consuelo, yo tampoco me llevo bien conmigo mismo. Me veo tan lleno de defectos y tan vacío de virtudes que es normal que la convivencia conmigo mismo sea casi imposible. Somos peores que un matrimonio a una semana de sus bodas de plata.

Para colmo, no soy ni la persona más alegre ni el más gracioso del mundo. Quizás esa sea la explicación de por qué mucha gente no me soporta. ¿Qué se le va a hacer? Me gusta hacer las cosas buenas a hacerlas bonitas. Primero el trabajo y después la diversión que diría el otro. Tendré ese enésimo defecto que pocas personas más tenemos. Y encima mi forma de ver el mundo de forma divertida es mediante la sátira, mediante la ironía y mediante el humor negro y verde, recursos controvertidos en sí donde los haya.  Por decirlo de alguna forma más vulgar: me lo paso bien tocando las narices. Alguno podrá pensar con argumentos que quizás sea un cabrón. Posiblemente. Pero jamás hago un comentario crítico que pueda molestar a alguien, lo hago siempre con la idea de que reflexione, se replantee las cosas. Soy de esas personas con mentalidad antigua que siente respeto y admiración por personas contrarias a mí en formas de pensar, de esas personas que prefiere mil cosas antes que ir a una discoteca a beber como un loco, de esas personas que prefiere La que se avecina a Aquí no hay quien viva o la Pepsi a la Coca-Cola.

La relación conmigo mismo es tan complicada que nunca soy capaz de crear una estabilidad en mi estado de ánimo. Soy una confusión permanente que vive siempre lamentándose porque “nada me sale bien”. Nunca sé ni yo mismo por donde puedo salir. Soy tan irracional que cualquier día me puedo levantar y ver las cosas de forma más racional que el más ilustrado de la filosofía del siglo XVIII. Y quizás el día que me acueste siendo racional, a la mañana siguiente me levante siendo más irracional que Romeo Montesco.


Cada vez que me siento en la sensación de “no estoy en mi mejor momento”, y cada vez que se huele la sangre y viene alguien dispuesto a darme su ración de golpe letal y acabar conmigo, dentro de mí nace como una rabia, como una ira, un orgullo que me hace renacer, que me hace volver a ser yo de una forma más fuerte que nunca. 

lunes, 11 de abril de 2016

¿Y si...?

Por fortuna o por desgracia, así eres tú, así soy yo, y en general, así somos todos nosotros. Nos tiramos mucho tiempo de nuestra vida pensando en condicional, pensando en los famosos “¿y si?”: “¿y si llego a tiempo?” “¿y si le pasa algo?” “¿y si Madrid organiza unos JJ.OO?” Pensamos así porque creo que el mejor defecto que podemos tener las personas es la inseguridad. ¿Hay algo que nos haga más imperfectamente perfectos que dudar de algo?

Nos tiramos toda la vida pensando en el condicional, ya sea el primero, el segundo o el tercero, en que va a pasar algo, y lo único que pasa es la vida. Cuando por fin despejamos las dudas del “¿y si?” nos damos cuenta incrédulos y con las manos en la cabeza de que ya estamos pensando en el pasado de ese condicional: “¿y si hubiera llegado a tiempo?” “¿y si le hubiera pasado algo?” “¿y si Madrid hubiera organizado unos JJ.OO?”

Igualmente es comprensible que pensemos así: muchas veces dejamos nuestras decisiones en manos de algo tan arbitrario e imparcial como puede ser el tiempo, siendo ello más peligroso que irte al casino con los ojos vendados y tener que apostar entre rojas y negras. Y el tiempo, igual que la vida y otras tantas cosas, a veces te quita algo merecidamente, y otras veces te da algo sin que hayas hecho ningún mérito para conseguirlo.


Siendo sinceros: nunca vamos a lograr controlar el comportamiento del tiempo. A veces racional, a veces irracional, estamos hablando de algo más caprichoso y juguetón que “La chica de ayer” de Nacha Pop. Por mucho que le digamos que “ahora no podemos jugar”, nuestra cabeza va a estar eternamente dando vueltas y persiguiéndolo. 

jueves, 7 de abril de 2016

Susanita tiene un ratón.

No me gusta hablar de política. Pero a veces no puedo evitarme porque es que si los políticos meten el cebo yo entro. No me gusta primero porque me incomoda, me parece algo bastante controvertido de lo que hablar. Y luego porque no sé de política, no soy capaz de defenderme con alguien que sepa hablar del tema.

 Susana Díaz Pacheco como todos sabemos es la presidenta de la Junta de Andalucía. Y por lo leído esta semana, parece que también se ha licenciado en Filología Hispánica. A la citada no se le ocurrió otra cosa que en el II Plan de Igualdad de Género en la Educación obligar a que usemos “población andaluza” en vez de “andaluces” y “alumnos y alumnas” en vez de “alumnos”. Primero habría que decirle a la susodicha que la lengua no es algo que tenga sexo, y segundo, que ella está haciendo algo que odiamos los andaluces: que nos obliguen a cambiar nuestra forma de hablar, que nos hagan dejar de ser nosotros mismos.

El tema del feminismo y la igualdad es algo que me llega a cansar hasta parecerme realmente aburrido. Obviamente me parece patética la violencia de género. Es algo muy rastrero. Y también que haya quien no sea capaz de ver que la mujer no es ni mejor ni peor que el hombre. Generalmente en el aspecto físico somos superiores a ellas, y en el aspecto intelectual ellas son mejores que nosotros. Pero hay cosas que ya rozan lo absurdo. Esta medida de la Junta se une a otras como las del ayuntamiento de Valencia de cambiar los símbolos de los semáforos porque es algo “machista”, criticar a Alejandro Sanz por defender a una mujer que estaba siendo agredida en un concierta que sea algo “machista”, que el género neutro del lenguaje sea algo “machista” y haya que usar la “x” y la “e” para referirnos al neutro, son cosas muy exageradas.

Como decía, la propia medida nos obliga a cambiar nuestra forma de hablar y de expresarnos. ¿Qué tiene de malo o de incorrecto hablar como me han enseñado mis padres, y mis abuelos enseñaron a mis padres, y mis bisabuelos a mis abuelos… y así toda la vida? Lo peor no es que te suspendan por hablar así. Lo peor es que da la sensación de que si no hablamos como se propone, ya somos unos machistas.


Ojalá Susana Díaz, que por cierto está más pendiente de Madrid que de la región que preside, hubiera tenido la misma contundencia con los Cursos de Formación y con los ERE que está teniendo con esta medida suya. Quizás ese sea el problema de Susana: por estar a otras cosas, no es capaz de ver que es la máxima representante de una comunidad que lidera el fracaso escolar, y que cuenta con el mayor número de denuncias por violencia machista, o lo más grave: que el himno de su comunidad menciona una de las dos expresiones que quiere prohibir: “andaluces, ¡levantaros!” Ya lo dice la canción: Susanita tiene un ratón, un ratón chiquitín… 

viernes, 1 de abril de 2016

Sol.

Siempre se ha dicho que el mejor amigo del hombre es el perro. Una opinión personal que tengo es que el mejor amigo del ser humano es el sol. Sí, esa cosa brillante que está encima de nosotros durante muchos momentos del día.

¿Por qué? Bueno. Lo primero que tengo que decir es que el sol es el mejor amigo que hay. Siempre está hay con nosotros. O casi siempre. Hasta que se va a dormir. Si estuviera más pendientes de sus amigos que de sí mismo, posiblemente sería un mal amigo de sí mismo.

Otro motivo por el que reivindico la amistad con el sol es algo sencillo: siempre está ahí, siempre está callado pero está ahí dispuesto a darte apoyo: haga frío o haga calor. Estés contento o triste, está siempre hay para con sus rayos no dejarte solo. Y todo ello a sabiendas que es nuestro amigo más lejano. No hay nadie que viva más lejos que nosotros. Tan lejos que no podemos abrazarlo, pero él si tiene capacidad de sobra para poder abrazarnos. Abrazarnos tan fuerte que puede hasta perjudicarnos, que puede hasta quemarnos por el ímpetu de sus rayos.

Por ello, nosotros no podemos ir a buscar al sol. Pero el sol viene todas las mañanas a buscarnos a nuestra cama. Hasta los días que llueve, el sol abre la puerta de nuestro cuarto, levanta las persianas y nos da los “buenos días” cual madre o padre con sus hijos ya sean de cinco o de trece años.

Y el sol, nunca, pero nunca nos deja solos. Nos acompaña cuando el frío consigue pintar de nieve la ciudad, cuando nuestro cuerpo tiene una pelea eterna con el calor extremo o cuando hacemos un viaje a cualquier lugar del mundo. Quizás ese sea el mejor motivo que explique por qué es nuestro mejor amigo. Como dice la canción, nunca caminaremos solos, y ese nunca está directamente relacionado con el Lorenzo.



Igualmente, nuestro mejor amigo destaca por su fortaleza. El sol por obligación cuando se cae, consigue levantarse, sí o sí, es capaz de volver, y con más fuerza que nunca. Incluso cuando la tormenta trae la tempestad y golpea al sol, cuando la tormenta se va, ese sol maltratado volverá a traer la paz y la calma dentro de nosotros. 

domingo, 27 de marzo de 2016

El beso.

Todos los días era lo mismo. Él la esperaba en el sótano de su casa cinco minutos antes de ser las ocho de la tarde. Él sabe que ella no va a estar ahí, ni siquiera va a estar allí cuando sean en punto. Ella, juguetona como ninguna, aparecería cuando el número fuera capicúa: Las 20:02 horas. Él mira el reloj todos los días desquiciándose porque no le gusta que le hagan esperar, pero sabe que allí aparecerá, a sus espaldas en el sótano. Es capaz de reconocer quién es porque cuando ella llegue, va a colocarse a sus espaldas, e intentará asustarle soplando su nuca cuando esté a un paso de él. Y sabrá que es ella porque ese soplido seguirá teniendo sabor a café.

Cuando ambos sin mirarse sepan de la presencia del otro, será él quien pulse el play del equipo de música, y empezará el tango: “Si un mar separa continentes, cien mares nos separan a los dos”. Y cuando él se gire, se encontrará de golpe con ella, que pondrá una sonrisa, y le mostrará sus manos para que él las agarre y comiencen a bailar, mientras el tango no para de sonar con esa melodía juvenil cual dos niños corriendo traviesos por el parque. “Que en esta canción, derrite mi voz, así es como yo traduzco el corazón”.

El baile comienza. Y ambos comienzan a moverse por toda la habitación de forma lateral, con sus manos agarradas con toda la fuerza que les permitía su pasión, sonriéndose hasta que él le susurra el estribillo del tango: “Me llaman loco por no ver lo poco que dicen que me das, me llaman loco por rogarle a la luna detrás del cristal, me llaman loco si me equivoco y te nombro sin querer, me llaman loco por dejar tu recuerdo quemarme la piel...Loco, loco, loco, loco, loco”. Ella sonreirá y su cara se pondrá colorada, tan colorada que intentará callarle con un beso, pero él llegará a tiempo para separar una de sus manos y colocarle el dedo índice en sus labios como señal de silencio.





Pero ya no estarán pendientes del baile. Ella estará ya tan perdidamente enamorada que de un empujón le tirará al suelo, ella se caerá encima de él, morderá su labio por unos instantes y luego ambos seguirán bailando y dando vueltas por el parqué. El tango, que parece menospreciado y en un segundo plano, sigue pidiendo que le hagan más caso: “Pero si yo pudiera darte el beso sabrías como duele este amor”.







Ambos estarán allí, rodando juntos por el suelo, besándose, acariciándose, desnudándose, y escuchando tangos  hasta que ella se tenga que ir cuando la luz del sol aparezca por la ventana del sótano. Ella se marchará, pero antes de irse ella promete que volverá por la noche, y quedarán a la misma hora. Y cuando ella abra la puerta para irse, pronunciará su nombre, y dirá la última frase del tango, que ha vuelto a sonar de nuevo: “Para mi locura no existe una cura que no sea tu boca que abre el mundo que yo derrumbo si te marchas sola”.

jueves, 17 de marzo de 2016

El que la sigue la consigue.

Todo al final se resume siempre a tener suerte. Y la suerte, pues a veces te viene y a veces no te viene. Pero hay algo de lo que no hay dudas: la suerte hay que buscarla. Puede parecer un comentario muy estúpido, pero aplicado a la práctica pierde la estupidez. La vida es más dura que el turrón, y hay mucha gente que se rinde a las primeras de cambio porque las cosas no les sale como espera o porque directamente las cosas no les sale.

La experiencia me ha enseñado que para conseguir que la vida te dé cosas, hay que estar ahí, hay que trabajar siempre, hasta cuando las cosas no te salen, porque al final te acabará saliendo, y yo precisamente no soy el ejemplo de una persona optimista. Yo que quiero ser periodista por ejemplo, y tengo los horarios que tengo, tengo que aguantarme todos los viernes por la tarde viendo cómo cuando la gente va vestida apunto de marcharse de fiesta yo voy camino a la facultad, y en clase no llegamos a ser la mayoría de los viernes ni diez personas.

Tener suerte tampoco es fácil, ojo. Puede llegar a ser algo bastante complejo, una apuesta de todo o nada, pasar de cero a cien o tener que elegir entre pastilla azul o pastilla roja. Y para tener suerte, además de trabajar hace falta otro pequeño acto: creer. Si no crees no vamos a ningún lado, y si no crees por mucho que quieras luchar por conseguir algo no lo vas a conseguir.  Creer no es simplemente proponerte algo y conseguirlo. Es sacar fuerzas de donde no las hay, creer en algo en lo que nadie va a creer y en lo que poca gente va a apoyarte.


Y el que la sigue, la consigue, aunque parezca que por mucho que la siga ni la huela, los únicos capacitados para poder suicidar a nuestros sueños somos nosotros mismos.

martes, 2 de febrero de 2016

GRAN MONCLOA VIP.

Tras el resultado de las elecciones generales del 20D y la actual situación post-electoral la directiva de Telecirco ha decidido crear un programa para aclarar cuál será el futuro dueño de Gran Moncloa VIP. En dicho formato están participando los candidatos de los partidos políticos que se presentaron a dichas elecciones.

El primero de los favoritos en salir ha sido Mariano Rajoy, que ha durado menos en la casa que el Madrid la Copa del Rey. Mariano ha abandonado la casa tras darse cuenta que nadie le hacía caso y desayunaba en una mesa aparte con el MARCA que tanto le gusta leer cada día. Aún así, tiene la posibilidad de volver y directamente apropiarse de la mansión. Antes de dejar la casa ha dejado un mensaje a sus votantes: “Muchas tardes y buenas gracias a los muy españoles y mucho españoles”.

Todo depende de Pdr Snchz, al que le han tendido una trampa. Ha entrado en la casa con su hermana Susana Díaz, sus padres y su marido Pablo Iglesias. Pdr tiene todo en su mano para poder gobernar la vivienda, pero su familia no acepta el matrimonio, alegando de Iglesias que deje los pelos en la bañera, sus continuas quejas de si echarle al café azúcar o sacarina o su empeño en querer aprender a hablar catalán. Lo que propone su familia es abstenerse para que gobierne Rajoy, ya que Pdr sabe que un gobierno con Pablo Iglesias significa su expulsión de la familia pues consideran que su matrimonio con Iglesias significa la ruina familiar.

Aún así, Pablo está celoso de Albert Rivera, y los celos entre los dos son mutuos. Aunque los dos aparentemente se lleven bien la realidad es totalmente diferente. Si Pdr se queda con uno, el otro no quiere quedarse. Pablo piensa al igual que gran parte de la audiencia que Albert Rivera es el hijo de Mariano Rajoy Vader, y que viene desde el lado oscuro de Génova, mientras que Rivera ve a Pablo Iglesias como un Satanás que quiere romper la tranquilidad de la casa y buscar la independencia de su habitación.

Ha pasado casi mes y medio desde que empezó el concurso y seguimos sin un ganador. Y por lo contado ya, no parece que vaya a haber un ganador dentro de poco. Quizás la clave sería que todos los contendientes de la casa dejaran de hablar tanto y empezaran a escucharse unos a otros. Ahí quizás esté la clave. Pero esto será en el siguiente programa de Gran Moncloa VIP.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Talento que nos hace distintos.

Holup, [Inserta imagen sensual aquí] :3
Realmente todos somos menos especiales de lo que parecemos. Lo que de verdad nos hace distintos o grandes es nuestro talento para hacer las cosas. Yo no tengo a priori ningún talento, pero ha ido surgiendo así de imprevisto un talento dentro de mí: el talento de hacerte reír, el talento de cambiar tus lágrimas de tristeza y ansiedad por lágrimas de reír, reír tanto que hasta tengas problemas para respirar. Reír tanto que nos hagan creer que no somos normales.

Es un talento porque hacerte reír nunca es fácil. Y tampoco es fácil conseguir sorprenderte. Sin embargo con cada frase que te digo te ríes sin tener que fingir. Te ríes y te entusiasmas. Y no solamente consigues que te haga reír, también cuando no tengo suficiente ánimo como para conseguir hacerte reír eres tú la que consigues volver a levantarme. Y esto tampoco es fácil.

Por eso, creo que se me ha contagiado tu grandeza. Como viajero a tu planeta, se me ha contagiado tu grandeza, me he contagiado de ese oxígeno perfumado que respiras. Y ese contagio ha sido el que ha creado mi talento. El talento que solamente nos tiene borrachos a nosotros dos, y que nadie más es capaz de comprender.  El mismo talento por el que yo mismo ni siquiera daba un duro, y que tú has conseguido convencerme de él.


En medio del mundo de guerra en el que vivimos, con terrorismo en Oriente y Occidente, un mundo tan corrupto, un mundo tan acomplejado, tan partidario de la diversidad de culturas pero luego tan partidario de la monotonía, y de la crítica hacia lo desigual, tú eres mi paz, mi tranquilidad, mi pausa, lo que me da calma, lo que me hace pensar que todo va a salir bien, lo que en resumen, me hace ser talentoso, cuando el talento, eres solamente tú.