miércoles, 11 de septiembre de 2013

¿Ex?-Enamorados de cariño inmediato.

Se empeña Pepe Mel, entrenador de fútbol, en decir que "su equipo cuando no juega todos los partidos con el cien por cien de concentración es un conjunto vulgar, mediocre." Me apoyo en esta teoría, para hacer una reflexión sobre mi persona:

Yo antes era una persona volcada hacia el resto. Cuando mi estado de ánimo era óptimo, arengaba al máximo a la gente para lograr sacarles una sonrisa, para lograr que se rieran de lo perra que es la vida una vez más. Quizás esa característica de mí, era la que me hacía dar el 100% de mí hacia los demás.  Lo intentaba con personas ya fueran conocidas o desconocidas para mí, pues considero que si veo a una persona mal, mi deber como ser humano es ayudarle. Incluso estos cinco meses que he estado con esa persona, siempre he intentado ser el máximo de los apoyos.

Pero claro, todo lo que empieza, termina, como buena ley de vida que es. Y desde que lo dejé con ella, me ha costado, y me está costando mucho dejarlo atrás. No he vuelto a ser esa persona. Me ha pasado lo que criticaba Pepe Mel, que me he desenchufado de todo, involuntariamente. Simplemente mi mente se pasa el tiempo echándola de menos aparte de dejar de volcarse con el resto, y no se preocupa ni por sí misma, aunque como dije antes, todo esto solo pasa cuando mi moral era "decente." Digamos que desde que lo dejamos, me he vulgarizado radicalmente, convirtiéndome en una persona aburrida, mediocre, paulatinamente sedentaria, y sin chispa, la chispa que tenía y tengo cada vez que pienso/hablo/me acuerdo de ella. Digamos que ahora soy una persona bastante borde, cortante, que incluso en muchos momentos roza el ser vacilón.

La solución para abandonar la vulgaridad yo no la tengo, pero sí me gustaría acabar haciendo otra reflexión: hay muchos tipos de cariño, y entre uno de ellos, está el que solo te puede dar una persona: la persona más especial en tu vida, aquella que marca la diferencia entre las demás. Y yo necesito este cariño, necesito contarle la sensación urgente, ya no como enamorado, sino como persona, de
 "quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite."