lunes, 16 de julio de 2012

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Cuando somos críos y nuestros padres nos narran los cuentos siempre nos hablan de historias cuyo final siempre acaba con el mismo resultado: vivieron felices y comieron perdices. Pero eso se queda en cuentos, historias idealizadas, relatos irreales, cuentos creados a la perfección para que todo acabe con el final al que ya estamos acostumbrados. Lo más parecido a la realidad en esos cuentos son princesas que buscan al principe azul de su reinado, pero este acaba siempre convirtiendose en un sapo.

Pero al ir creciendo poco a poco, pulgada a pulgada, al ir desarrollando nuestra torrente de voz, nos damos cuenta de que lo díficil nos atrae, que la aventura es algo que reta a nuestra vida. Y que al acabar el reto, vemos con claridad que el amor platónico nos atrae más que el que pintan los cuentos. Que las historias imperfectas en las que no se sabe todo, nos enamora más que las demás. 

Por ejemplo, cuando sin querer chocamos en un autobús con una chica de pelo moreno y ojos marrones, y al quitarnos los auriculares del reproductor de música nos quedamos totalmente paralizados por esa mirada atrevida, por esa melena de champú de limón. O cuando vemos en la playa a una persona tumbada mirando hacia abajo con la parte de arriba del bikini desatado, y sentimos como el capricho y el deseo de recorrer la medula espinal con nuestro dedo índice, protegiendola del sol.

Cuando nos enamoramos incluso de una persona que no conocemos, somos capaces de hacer la mayor estúpidez que jamás cometió alguien, de hacer algo que ni nosotros mismos nos consideramos capacitados para hacer. Cantar una canción que explique nuestros sentimientos en un karaoke delante de doscientas personas, declararnos en un klinex, rozar la planta de sus pies sin venir a cuento.


Vivan las historias
imperfectas.

miércoles, 4 de julio de 2012

Cara o Cruz.

-Te odio. No te soporto cuando te pones celoso, o cuando me sacas a relucir tu personalidad de niñato chulo inmaduro. Eres encantador, pero ya no puedo más, siempre he estado ahí cuando me has necesitado, pero ya se acabó. A partir de ahora búscate a otra que te aguante tus tonterías y tus salidas de tono. Quiero que seas feliz ¿sabes?, pero dudo que lo seas junto con otra persona que no sea yo. Yo dejé mi carrera a los tres años para escaparme a otro país junto a ti, me peleé con mi familia y lograste que también olvidara a mis amigos de siempre, y todo para conseguir tu amor. He tenido momentos muy felices junto a ti, y también lo hemos tenido malos, pero nuestra historia de dos acaba aquí. Contigo he perdido la virginidad, y aprendí a soñar. Logré perderle el miedo a todo, a ser fuerte y sentirme guapa. Empecé a amarte pero luego crucé la fina línea que hay entre el amor y el odio. La gota que colmó el vaso fue tus celos por él. No sé como coño puedes pensar que te he sido infiel con otro cuando tú mismo sabes que siempre he sido tu esclava. Me has tenido rendida a tus pies.


Yo no puedo verla llorar, no lo soporto. Odio ver llorar a cualquiera persona, pero si es a ella el corazón se me para, y me dice: "Tío, la estás cagando. La chica más bonita del mundo está delante tuya explicándote los sentimientos, cuando tú mismo sabes que es imposible explicarlos." Para entonces, ya tenía puesto los huevos de corbata, y el nudo de aquella corbata celeste como sus ojos ya que estaba apretando a reventar. Llevaba todo el cuerpo sudado, pero especialmente la frente, y por la tensión que había en el ambiente pues más aún. Cuando llegué a casa me encontré los cristales por el suelo, las fotos partidas en mil trozos y quemadas dentro de la chimenea. Al ver este panorama, solté la americana en el suelo y fui a preguntarle que le pasaba, pues la vi sentada de rodillas con la mirada escondida entre los brazos con el rostro empapado por lágrimas de angustia.
Entonces, se me ocurrió una gilipollez: metí las manos en mis bolsillos, y encontré mi cartera. De ella saqué una moneda y dije:


+La vida es suerte. Y yo tengo mucha suerte de que mi vida está y estaba en tus manos. Pues ahora lo vamos a echar a suerte. Vamos a jugar a cara o cruz. Yo pido cara.


-¿Me estás tomando el pelo? No me hace ni puta gracia toda esta broma que me estás gastando, yo hoy he explotado todo lo que llevo sintiendo varios meses, y tú ahora me vienes con que nuestra relación la va a decidir una maldita moneda. ¿Estás loco? ¿Qué va a pasar si sale cara? ¿Me vas a pedir que te de una monedita para el carro del supermercado?-Su cara lo decía todo, no entendía nada de lo que estaba haciendo, y no daba una sola remota opción de que el juego de la moneda fuera en serio.-


+Si sale cara, esta conversación no habrá existido. Seguiremos juntos tan felices como el primer día. Yo haré todos los esfuerzos por no tener celos, por intentar ser perfecto, tal y como tú me deseas. Y dejarás de ser mi esclava, por qué serás tú a partir de hoy mi dueña. La que controlará mis pasos y mis latidos del corazón. Mis manos solo podrán tocar otros cinco dedos que serán los tuyos. Me tatuaré tu nombre en todo el cuerpo, y me vendaré los ojos cuando salga a la calle, porque solo querré ver tus ojos al resto de mi vida. Serás mi compañera de tenis, de pádel y de parchís. Serás esa niña chica que los días de tormenta tranquilice contándole cuentos de una princesa que un día se convirtió en la chica que un humilde hombre juró amar para siempre. Volaré al fin del mundo para comprarte un regalo de cumpleaños, y me pelearé con quién haga falta para regalarte la rosa que más se parezca a tu pelo en verano. Borraré las líneas que existan entre el amor y el odio, porque si tú a mí me llevas odiando durante mucho tiempo, yo a ti cuando te odio, es cuando más atractiva te veo, te siento, y cuando más ganas de devorar tu cuerpo tengo.


-¿Y si sale cruz? ¿Qué va a pasar entre tú y yo? ¿Nuestras pieles volverán a juntar a la perfección como antes, o ya nos cruzaremos y no sabremos reconocernos saber quienes somos?


+Pues lo que tú dices. Yo me esfumaré como la huella de tus pies en la arena del mar, me desterraré inmediatamente de tu corazón. Olvidaré como te llamas y romperé las cartas que nos dedicábamos en verano. Me quitaré todos tus recuerdos, y los echaré a volar por el balcón, deseando que la gaviota que se los lleve a tu próxima pareja tenga la suerte que yo nunca tuve, o que tuve pero no supe aprovechar a la perfección. Pondré un cartel en mi mente que diga prohibido recordar las noches que pasamos juntos en aquel colchón viejuno. Volveré a aquella etapa en la que tomaba las cervezas solo en aquella taberna en la que solamente habían hombres borrachos sufridores. Nunca más volveré a esperarte bajo la lluvia en aquel descampado de tu barrio, y quién sabe que dirección tendrá mi vida si no la vuelves a controlar tú.


-Eres estúpido, pero por una vez voy a dejar que lo estúpida que es mi vida me guíe. Te amo con todo mi alma, y estoy dispuesta a seguir contigo si me prometes un cambio en ti. Todo eso sucederá si sale cara, pero si sale cruz, inmediatamente haré las maletas y volveré a casa.


Cuando acabó de hablar decidí dar un paso adelante y coger la moneda que yo mismo había colocado en la mesa mientras le explicaba lo que quería hacer. Cogí la moneda con mi mano diestra, y el resultado es.........................

domingo, 1 de julio de 2012

Si me pusiera en tu piel..

Era de noche. En aquella playa almeriense, que por la noche se quedaba desnuda y sincera, oscura, con el mar tranquilizando a la arena asustadiza. Las tumbonas estaban desprotegidas y ella y yo nos quedamos allí, infringiendo leyes, haciendo delitos. Ella encima de mí, y debajo mía su toalla rosa fucsia. Estar en aquel momento íntimo  me hizo recordar tantas noches de travesuras, de sudor en nuestros cuerpos, de desabrochar botones de nuestra y de tímidos gemidos. Cada vez que un dedo suyo rozaba las cosquillas de mis extremidades, sentía un relámpago de sentimientos, como ese escalofrío que hace a una persona que lleva años en coma despertarse.

Aquella playa era como un círculo, como un nexo. En ella y muchos antes, ella y yo sin querer nos tropezamos y ese círculo estamos cerrandolo aquí esta noche. Pero quién sabe si lo estamos cerrando relativamente, o quizá regresemos cuando el tiempo nos reclame. Ella es como una especie de salvavidas en mi vida, como si su amor a mí me dieran las siete vidas con la que cuentan todos los gatos. Ella es el mando del control de mí, que soy una persona alocada, bipolar, sin control, sin pausa, que es todo sentimiento, que siempre tiene las pulsaciones superando las 300 revoluciones por minuto.

Yo no puedo hablar de lo que soy en su vida, pero al mirarle los ojos cada vez que sonríe, noto un brillo distinto, que me hace sentirme gigante. Vivo porque me muestra esa mueca, ese "jaja" simpático, su maestría al tocar un piano cuando estamos en su casa, o la manera que tiene para convertir la tarea más díficil del mundo en algo que puedes hacerlo con un solo dedo. El día que la conocí, su nombre no me decía nada, no me parecía especial, y sus ojos no me transmitían esa paz que hoy siento en mí.